31/12/2025
Mientras veo pasar la Suzuki hacia occidente👇José Alberto Nápoles Torres
Mi vecino tiene una Suzuki,me dijo un amigo.Su cara estaba ,de manera visible ,contratariada.Le miré sin saber que decir o sabía que decir,pero no era el momento.
En un gesto de desazón repitió:Mi vecino tiene una Suzuki. Una frase trivial, o algo así,que recogen una de las tensiones más antiguas y actual de la humanidad: la relación entre el ser y el tener. En un mundo ,"mundísimo" donde el valor social parece medirse por la acumulación de objetos ,Suzukis, almendrones, casas, ropa, bicicletas, hectáreas y...,se corre el riesgo de reducir la existencia a una plaza pública donde los que tienen , exhiben sus posesiones: a desmedida como una enfermedad crónica.
Sin embargo, hace más de dos milenios, Aristóteles (siglo IV,si no me equivoco demasiado) ya ofrecía una brújula para navegar por este conflicto.
Para el filósofo de Estagira, la finalidad última del hombre no era la acumulación de bienes exteriores ,tener, sino la eudaimonia, una vida floreciente y plena que se alcanza mediante la práctica de la virtud ,areté, la razón y la actualización de nuestras capacidades propias ,el ser.
El tener ,riqueza, posesiones, incluso salud,era clasificado por Aristóteles como un bien exterior, útil en cuanto instrumento para una buena vida, pero nunca un fin en sí mismo.
La verdadera felicidad ,eudaimonia, residía en la actividad del alma conforme a la razón y a la excelencia moral e intelectual.
Hoy, sin embargo, el equilibrio se ha quebrado. La Suzuki pasa a ser un símbolo de estatus, un sustituto rápido de identidad, mientras las acciones que constituyen el ser:el maestro que educa, el médico que viaja kilómetros para operar ,el ingeniero ,el mecánico,el obrero que construye, el campesino de sol a sol ,el artista que crea frente a la opacidad, a menudo se desarrollan en un segundo plano o en otros planos invisibles.
Cultivan el ser como un patrimonio inmaterial del alma, una estrategia de resistencia silenciosa en un mundo dominado por el ruido de los motores y otros artefactos capaces hacer el mismo ruido o más.
No se trata, como advierte Aristóteles, de demonizar el tener. Los bienes materiales son necesarios para la vida y, en su justa medida, contribuyen a la autosuficiencia ,autarkeia,que requiere la virtud. El peligro surge cuando se confunde los medios con el fin, cuando la posesión define nuestra identidad y vacía nuestra existencia de propósito ético.Y ,para colmo o para bien no hay Patria tan ética como esta ( y aquí no hay nada de irónico) ,cuyos RIZOMAS penetran el rico siglo XIX, además.
La clave, entonces, está en recuperar el balance dinámico que proponía el pensamiento clásico. La felicidad y el bienestar no son una estación a la que se llega acumulando tener, ni tampoco un ascetismo que renuncie a toda comodidad. Es un camino ,una actividad, diría Aristóteles, que se recorre integrando ambas dimensiones: usando el tener como dimensión para desplegar el ser, y cultivando el ser:la sabiduría, la justicia, la creatividad, la compasión,la praxis del otro como el núcleo que da sentido a todo lo que se tiene.
Frente al gesto contrariado de mi amigo, surge una idea positiva: quizás la verdadera libertad contemporánea consiste en mirar pasar las Suzukis sin que su existencia determine nuestro valor.
En encontrar la felicidad en la excelencia de los actos cotidianos, en la construcción de una comunidad donde se aprecie tanto al médico que salva,como al ingeniero que innova, y en recordar que, como enseñaba Aristóteles, la vida buena se alcanza no por lo que se posee sino por lo que se es capaz de hacer y de ser, con virtud y razón.
El año que termina ,pienso ,deja esa tarea pendiente: restaurar, restablecer en escala personal y colectiva, la prioridad del ser sin desdeñar el tener, para que la vida no sea un catálogo carísimos de posesiones, sino una obra de flujo espiritual ético en constante realización,de tal manera,que mientras veo pasar la Suzuki hacia occidente ,a la vez que escucho al amigo; pienso este es el momento.