10/08/2026
Ellos no saben quién es el Espíritu Santo - PARTE 01
Míralo Completo en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=F5Hea9VcgzY
Existe una forma muy sencilla de distinguir la verdad del error. Por lo general los argumentos de la verdad son claros, simples, sencillos y directos. Mientras que los argumentos del error son turbios, complicados, rebuscados y complejos. Siguiendo esta regla encontraremos que toda falsa doctrina necesita una multitud de palabras y argumentos para poder explicarse y darse a entender. Mientras que la verdad, cuando es presentada, apela a la lógica y al sentido común, sus argumentos son tan simples que hasta un niño los puede comprender. Explicando esta clave la hermana White escribió:
“La verdad es directa, clara, sencilla, y se destaca audazmente en su propia defensa; pero NO SUCEDE ASÍ CON EL ERROR. Este es tan tortuoso que NECESITA UNA MULTITUD DE PALABRAS PARA SER EXPLICADO en su forma torcida.” (PE 96.1; EW.96.1) (Primeros Escritos, Pág.96, Par.1)
Siguiendo este principio, cuando le preguntamos a algún hermano no Trinitario, ¿quién o qué es el Espíritu Santo?, a menudo no tiene una respuesta clara al respecto. Varias ideas y teorías son presentadas en respuesta a esa pregunta, pero ninguna de ellas es consistente o armoniosa con las otras, por el contrario, representan ideas contradictorias y confusas que no responden a la cuestión. Además de que contradicen abiertamente lo que nos dice la inspiración. Realmente en este sector no está claro quién es el Espíritu Santo. Consideremos algunas de ellas:
ES LA MENTE Y LA PRESENCIA DEL PADRE
“…Si el Espíritu Santo, es simplemente el Espíritu de Dios, entonces NO PODEMOS HABLAR DE UN TERCER INDIVIDUO O UN TERCER SER YA QUE HABLAMOS SIMPLEMENTE DE LA PRESENCIA DEL PADRE, …” (El Único Hijo, Pág.17)
“…el término “Espíritu Santo” en muchos casos SOLO HABLA DE LA MENTE O PRESENCIA DEL PADRE…” (El Único Hijo, Pág.17)
En estos párrafos el hermano Emmanuel Vallejos, explica al Espíritu Santo como “simplemente la presencia del Padre”. En sus propias palabras, el Espíritu Santo no es otra cosa que la presencia manifestada de Dios Padre. Sin embargo, también añade que “en muchos casos se refiere a la mente del Padre”. Vemos aquí desde el comienzo que se presenta una descripción ambigua del Espíritu Santo, presentándolo como “la presencia” o “la mente” de Dios. Todo eso en su esfuerzo por anular la creencia de que el Espíritu Santo es un tercer ser o individuo en la Deidad.
Pero, ¿cuadra eso con la revelación escrita? Tengamos en cuenta que lo que buscamos encontrar es que el Espíritu Santo es “la presencia o la mente de Dios el Padre”. Comparemos esa definición con las escrituras y veamos si cuadra o no con la Biblia.:
Sal 104:30 “ENVÍAS TU ESPÍRITU, son creados, Y renuevas la faz de la tierra.”
¿Envía Dios su presencia o su mente a crear y renovar la faz de la tierra? ¿Hace sentido tal definición en este caso? Note que la Biblia dice que Dios envía su Espíritu. Si el Espíritu fuese Él mismo, entonces no tiene sentido decir que Él lo envía.
Isa 48:16 “Acercaos a mí, oíd esto: desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora ME ENVIÓ JEHOVÁ EL SEÑOR, y SU ESPÍRITU.”
En este pasaje habla Cristo como el Ungido de Dios. Es el Hijo de Dios quien dice aquí, “ahora me envió Jehová el Señor y su Espíritu”. Traducido en la comprensión de Emmanuel Vallejos sería: “ahora me envió Jehová el Señor y su presencia”, o tal vez “ahora me envió Jehová el Señor y su mente”; o quizás “ahora me envió Jehová el Señor y Él mismo”. Tal definición de la identidad del Espíritu Santo es inconsistente e incongruente en estos pasajes. Consideremos otros:
Eze 37:9 “Y me dijo: Profetiza AL ESPÍRITU, profetiza, hijo de hombre, y DI AL ESPÍRITU: ASÍ HA DICHO JEHOVÁ EL SEÑOR: ESPÍRITU, ven de los cuatro vientos, y SOPLA sobre estos mu***os, y vivirán.”
En este otro pasaje es Dios el Padre quien habla y da la orden a Ezequiel de llamar o invocar al Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo fuese el mismo Dios Padre tal lenguaje sería insostenible. No habría lógica alguna en ello. Sería como decir: “Así ha dicho Jehová el Señor: Mente de Dios, ven de los cuatro vientos, y sopla…” O: “Así ha dicho Jehová el Señor: Presencia de Dios, ven de los cuatro vientos, y sopla…” ¿Estaría llamándose Dios a sí mismo? ¿Estaría diciendo al profeta Ezequiel que llame al mismo ser y persona que justamente le está hablando y le da esa orden? Otros pasajes del Nuevo Testamento son igual de claros:
Mat 3:16 “Y JESÚS, después que fue bautizado, SUBIÓ LUEGO DEL AGUA; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y VIO AL ESPÍRITU DE DIOS QUE DESCENDÍA COMO PALOMA, Y VENÍA SOBRE ÉL.”
Mat 3:17 “Y hubo UNA VOZ DE LOS CIELOS, que decía: ESTE ES MI HIJO AMADO, EN QUIEN TENGO COMPLACENCIA.”
¿Era la mente de Dios la que descendía como paloma sobre Cristo? ¿Era acaso la presencia de Dios la que tomó la forma corporal de una paloma y se manifestó físicamente allí? En tal caso el mismo Padre habría descendido como paloma, pero entonces, ¿quién habló desde los cielos? Está claro que Dios el Padre no era la misma paloma manifestada corporalmente en este evento.
Jua 14:26 “Mas el Consolador, EL ESPÍRITU SANTO, A QUIEN EL PADRE ENVIARÁ EN MI NOMBRE, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”
Este pasaje establece fuera de toda duda que el Espíritu Santo es una persona enviada por Dios el Padre, pero no es “ni la mente, ni la presencia literal de Dios”. Se ve una clara distinción entre las personas del Espíritu Santo, Dios el Padre y Cristo.
Hch 2:32 “A ESTE JESÚS RESUCITÓ DIOS, de lo cual todos nosotros somos testigos.”
Hch 2:33 “Así que, exaltado por la diestra de Dios, y HABIENDO RECIBIDO DEL PADRE LA PROMESA DEL ESPÍRITU SANTO, ha derramado esto que vosotros veis y oís.”
Leemos que Jesús recibió del Padre, “la promesa del Espíritu Santo”. ¿Significa eso que Cristo recibió del Padre, la “presencia del mismo Padre”? ¿Significa que recibió del Padre, “su mente”? Es evidente que definir al Espíritu Santo como “la presencia o la mente” de Dios, no armoniza con los textos Bíblicos en los que se habla del Espíritu Santo.
Hch 5:31 “A éste, DIOS HA EXALTADO CON SU DIESTRA POR PRÍNCIPE Y SALVADOR, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.”
Hch 5:32 “Y nosotros SOMOS TESTIGOS SUYOS de estas cosas, Y TAMBIÉN EL ESPÍRITU SANTO, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.”
En este pasaje se muestra contundentemente que el Espíritu Santo es una persona distinta y separada del Padre y de Cristo. Pues el Espíritu es testigo, (así como nosotros) de la exaltación que Dios Padre hizo con su diestra a Cristo Jesús por Príncipe y Salvador. Nosotros siendo que somos personas, somos testigos del hecho realizado por el Padre a Cristo. De igual manera, el Espíritu Santo es un testigo personal Divino del mismo hecho.
Hch 10:38 “cómo DIOS UNGIÓ CON EL ESPÍRITU SANTO Y CON PODER A JESÚS DE NAZARET, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”
Si como dice el hermano Emmanuel Vallejos, el Espíritu Santo es la mente o la presencia de Dios, ¿cómo pudo el Padre ungir con su “mente” o con su “presencia” a Jesús? Al ungir con el Espíritu Santo a Jesús, queda claramente establecido que Dios no es el mismo Espíritu Santo. El Espíritu no es, ni su presencia, ni su mente literalmente hablando.
Rom 8:26 “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero EL ESPÍRITU MISMO INTERCEDE por nosotros con gemidos indecibles.”
Rom 8:27 “Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es LA INTENCIÓN DEL ESPÍRITU, porque conforme a la voluntad de Dios INTERCEDE POR LOS SANTOS.”
¿Cómo puede la “mente” o la “presencia” del Padre interceder ante Dios, si es Él mismo? Normalmente una persona que intercede, lo hace ante otra persona en favor de alguna o algunas más. En este caso, sabemos que el Espíritu intercede ante Dios el Padre, lo que demuestra claramente que no es Dios el Padre. No es “ni su mente, ni su presencia”.
1Co 2:10 “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque EL ESPÍRITU TODO LO ESCUDRIÑA, AUN LO PROFUNDO DE DIOS.”
1Co 2:11 “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.”
Basados en este pasaje, algunos han argumentado que el Espíritu Santo es para Dios, lo mismo que es nuestro espíritu para nosotros. Lo que demostraría que no es una persona distinta y separada de Dios. Sin embargo, hemos visto que tal conclusión es inconsistente a la luz de otros pasajes presentados. Además, la comparativa tiene límites si tenemos en cuenta que el apóstol Pablo escribe que el Espíritu Santo “escudriña aún lo profundo de Dios”. Lo que significa que el Espíritu Santo debe ser necesariamente distinto e individual de Dios el Padre. Aquí la comparación llega a su límite prescrito ya que nuestro espíritu no nos escudriña a nosotros. La hermana White tenía este asunto claro, y lo reflejó en las siguientes citas:
“El Espíritu Santo siempre conduce a la Palabra escrita. EL ESPÍRITU SANTO ES UNA PERSONA; PORQUE ÉL DA TESTIMONIO A NUESTRO ESPÍRITU DE QUE SOMOS HIJOS DE DIOS...” (Ms20-1906)
“EL ESPÍRITU SANTO TIENE UNA PERSONALIDAD, de lo contrario no podría dar testimonio a nuestro espíritu y con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. TAMBIÉN DEBE SER UNA PERSONA DIVINA, DE LO CONTRARIO NO PODRÍA BUSCAR LOS SECRETOS QUE YACEN OCULTOS EN LA MENTE DE DIOS. “Porque qué hombre sabe las cosas del hombre sino el espíritu del hombre, que está en él; así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.” (Ms20-1906)
Note el lector que la hermana White está citando justamente 1Co 2:11, pero nunca llega a la conclusión de que el Espíritu Santo es el mismo Padre. La conclusión de la hermana White al leer esos pasajes, es que el Espíritu Santo es una persona Divina, claramente distinta y separada de Dios. Una persona con su propia personalidad. La siguiente declaración lo establece claramente:
“El Señor nos instruyó que este era el lugar en el que debíamos ubicarnos, y hemos tenido todas las razones para pensar que estamos en el lugar correcto. Hemos sido reunidos como escuela, y debemos darnos cuenta de que EL ESPÍRITU SANTO, QUE ES TANTO UNA PERSONA COMO DIOS ES UNA PERSONA, CAMINA POR ESTOS TERRENOS, INVISIBLE A LOS OJOS HUMANOS, que el Señor Dios es nuestro Guardián y Ayudante. Él escucha cada palabra que pronunciamos y conoce cada pensamiento de la mente.” (Ms66-1899)
Siendo que es una persona, así tanto como lo es Dios el Padre, queda evidente que no es el mismo ser de Dios. Es necesariamente una persona distinta de Dios el Padre. Por eso ella puede referirse a ambos en término plurales, porque claramente no son lo mismo:
“Dios tiene un profundo interés en sus hijos terrenales. Su amor por nosotros es más fuerte que cualquier otro poder. Al entregar a su Hijo, Dios nos ha derramado todo el cielo en un solo regalo. Jesús vivió y murió y ahora es nuestro poderoso Sumo Sacerdote. Los ángeles celestiales están trabajando para salvarnos. UN PADRE AMOROSO Y EL ESPÍRITU SANTO ESTÁN trabajando juntos para nuestra salvación.” (STJ 16.2) (Steps to Jesus, Pág.16, Par.2)
Queda claro así que la teoría que sugiere que el Espíritu Santo es la misma persona de Dios el Padre, su mente o su presencia, es un error. El Espíritu Santo es claramente un individuo completamente distinto y separado de Dios. Tiene su personalidad, así como Dios el Padre tiene la suya propia.
ES LA MENTE Y LA PRESENCIA DEL PADRE Y DEL HIJO.
Consideremos ahora otras definiciones ofrecidas por el hermano Emmanuel Vallejos en referencia a la identidad del Espíritu Santo:
“…Evidentemente para Pedro los términos “Espíritu Santo” y “Espíritu de Cristo” son intercambiables. No hay diferencia, con lo cual EL ESPÍRITU SANTO NO ES UN TERCER INDIVIDUO, SINO LA MENTE Y LA PRESENCIA DE CRISTO Y DE SU PADRE…” (El Único Hijo, Pág.18)
“…En nuestro primer argumento, se puede ver claramente que el Espíritu Santo mencionado en la Biblia, NO ES UN TERCER SER, SINO EL ESPÍRITU DEL PADRE Y DEL HIJO. DE DIOS Y DE CRISTO…” (El Único Hijo, Pág.19)
Para los antitrinitarios, el Espíritu Santo no es una persona propiamente hablando, distinta y separada de Dios y de Cristo. Ellos ven al Espíritu Santo meramente como “la presencia o la mente” del Padre y su Hijo. Pero ya hemos comprobado que el Espíritu Santo no es Dios, ni su “mente, ni su presencia” literalmente hablando. Convertir al Espíritu Santo en un medio para explicar la Omnipresencia de Dios y de Cristo es un error fundamental de esta falsa doctrina. Y es que estas tres personas son Omnipresentes en su propia esencia Divina. Dios mismo es Omnipresente. Cristo su Hijo también. Y el Espíritu Santo tiene Omnipresencia propia a parte del Padre y el Hijo. Consideremos las siguientes citas en las que se muestra con claridad del Omnipresencia de ellos tres:
“Por el bautismo has tomado sobre ti un compromiso solemne. En el nombre y LA PRESENCIA del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, habéis hecho convenio solemne de ser del Señor…” (Lt125-1900)
“...En el nombre DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO, el hombre es puesto en su tumba de agua, sepultado con Cristo en el bautismo y resucitado del agua para vivir la nueva vida de lealtad a Dios. LOS TRES GRANDES PODERES EN EL CIELO SON TESTIGOS; SON INVISIBLES PERO PRESENTES.” (Ms57-1900)
“...Cuando te entregaste a Cristo, hiciste una promesa EN LA PRESENCIA del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, LOS TRES GRANDES DIGNATARIOS PERSONALES DEL CIELO. “Aférrate” a esta promesa.” (Ms92-1901)
“La ceremonia del bautismo es muy solemne. Hombres y mujeres son bautizados EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. Esto significa que LOS TRES MAYORES REPRESENTANTES DE LA AUTORIDAD CELESTIAL CONTEMPLAN EL SERVICIO BAUTISMAL Y ESCUCHAN LOS VOTOS que hacen los agentes humanos para andar en adelante en novedad de vida.” (Ms57-1902)
La escena no sólo es contemplada por el Padre y el Hijo, sino también por el Espíritu Santo, quien está allí contemplando el evento y escuchando los votos de los catecúmenos junto a los otros dos seres Divinos.
“Hicimos nuestros votos bautismales EN PRESENCIA de LAS TRES MÁXIMAS AUTORIDADES de las cortes celestiales: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo…” (Ms87-1902)
“En el momento de nuestro bautismo, nos comprometimos ANTE LA PRESENCIA de las tres agencias más poderosas del cielo —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— a que de ahora en adelante andaríamos en novedad de vida…” (Lt160-1903)
“…Cuando bajan al agua, se comprometen EN LA PRESENCIA del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de que de ahora en adelante estarán mu***os al mundo y sus tentaciones, y que se levantarán de la tumba de agua para caminar en novedad de vida, incluso una vida de obediencia a los requisitos de Dios.” (Ms80-1903)
“La pregunta que nos hace ahora es, ¿Quién estará del lado del Señor, en la presencia de los hombres buenos y malos, en la presencia de los ángeles, EN LA PRESENCIA del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo? Ya no podéis permanecer neutrales y, sin embargo, ser seguidores de Cristo, sus fieles servidores.” (Lt255-1904)
“Los TRES GRANDES Y GLORIOSOS PERSONAJES celestiales ESTÁN PRESENTES con motivo del bautismo. Todas las capacidades humanas han de ser en adelante poderes consagrados para servir a DIOS EN REPRESENTACIÓN DEL PADRE, EL HIJO Y EL ESPÍRITU SANTO de quienes dependen. Todo el cielo está representado por ESTOS TRES en relación de pacto con la nueva vida.” (Ms45-1904)
Está más que claro por éstas citas que Ellen G. de White no creía, (y por su mente nunca pasó) la teoría bajo la cual el Espíritu Santo es meramente la presencia del Padre y del Hijo o “la mente” de ellos dos. Tal idea es irreconciliable con estas declaraciones. Si ella hubiese creído tal cosa, nos hablaría en estas citas de la presencia de sólo dos personas (el Padre y el Hijo), y no de tres. En nuestro bautismo estarían presentes Dios y su Hijo solamente, por medio de “la agencia del Espíritu”. Sólo dos testigos para presenciar el acto, pero más allá de eso ella escribió enfáticamente que los tres Dignatarios Divinos estaban presente.
Evidentemente ella no sostenía tal doctrina. El Espíritu Santo no es un medio para la presencia del Padre y el Hijo, sino que el propio Espíritu Santo es Omnipresente y está presente allí, así como los otros dos. Juntos los tres, presencian la escena y dan su aprobación al acto. La aprobación del Espíritu Santo es tan requerida como la del Padre y el Hijo. Este argumento es bastante fuerte en favor del Trío Literal.
“Cuando un cristiano se somete al rito solemne del bautismo, LOS TRES PODERES SUPREMOS DEL UNIVERSO -EL PADRE, EL HIJO Y EL ESPÍRITU SANTO- OTORGAN SU APROBACIÓN A SU ACTO, comprometiéndose a ejercer su poder en su nombre mientras se esfuerza por honrar a Dios...” (Lt53-1904)
La aprobación del Espíritu Santo es tan necesaria como la aprobación del Padre y del Hijo. Es obvio que el Espíritu Santo ha de ser un individuo diferente del Padre y del Hijo para que tal declaración tenga sentido y significado.
“…No olvidemos nuestro voto bautismal. EN PRESENCIA de los tres poderes supremos del cielo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, nos hemos comprometido a hacer la voluntad de Aquel que, sobre el sepulcro abierto de José, declaró: "Yo soy la resurrección y la vida"...” (Ms106-1904)
“LA PRESENCIA del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, los tres poderes supremos del universo, y aquellos en cuyo nombre es bautizado el creyente, ESTÁ COMPROMETIDA A ESTAR con toda alma esforzada…” (Ms67-1908)
Ante tanto peso de evidencia, no cabe duda alguna de que la hermana White creía y enseñaba que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, los tres, son Omnipresentes. El Espíritu Santo no es “la presencia del Padre y el Hijo” entre nosotros, el propio Espíritu manifiesta su presencia, así como el Padre y el Hijo también están presentes. Es claro, que los que se proponen explicar al Espíritu Santo como el medio para la manifestación presente e invisible de Cristo y el Padre, buscan con ello anular su personalidad individual como parte del Trío Divino. Pero las citas son abrumadoras y no dejan lugar a la especulación sobre el tema.