27/05/2026
La tarde desata su tristeza. Ella llora la pérdida de dos personas especiales para mí. Cada una me deja huellas perdurables.
Descansa en paz mi querida educadora, la primera que me enseñó a amar y defender a la cultura, la que me enseñó que en un escenario la infancia puede encontrar caminos hermosos, la que crecí viendo a diario no solo en la escuela sino también en el edificio donde ambas vivíamos, esa mujer que sabía conjugar con armonía la exigencia y el cariño, hermosa, impecable, elegante, pulcra.
Se ha ido Silvia Fernández Janeiro, se ha ido y no alcanzarán los pasillos de su escuela para recordarle, para sentirla en la disciplina que forjó y que hoy prevalece en el centro escolar.
Y como si el golpe no alcanzara otra noticia se empeña en que este miércoles 27 de mayo sea por infortunio doblemente triste.
Se me ha ido un amigo. Un hombre difícil, irreverente, pero mi amigo. Este mediodía se me ha ido el hombre que más ternura me ha mostrado hacia esta ciudad que no me parió pero a la que amo con su misma devoción. Y se me fue en medio de obras inconclusas, de sueños truncados, de dolores compartidos por cada grieta que se le resistía y por la huellas de un tiempo que no perdona.
Se me ha ido un hombre del que extrañaré sus exabruptos pero también sus infinitos conocimientos, esos que la ciudad echará de menos cuando más los necesite.
Cárdenas extrañará sus pasos y su mirada atenta cuando el tiempo mella cada rincón, cada edificio, cada recuerdo.
Se me ha ido mi querido Augusto José Bueno García y como acto de fe solo espero que un día pueda yo ver la Oficina del conservador que tanto peleó y que tanto soñó. Solo espero como acto de fe ver a su Cárdenas querida a la altura de su título de Arquitecto.La tarde desata su tristeza. Ella llora la pérdida de dos personas especiales para mí. Cada una me deja huellas perdurables.
Descansa en paz mi querida educadora, la primera que me enseñó a amar y defender a la cultura, la que me enseñó que en un escenario la infancia puede encontrar caminos hermosos, la que crecí viendo a diario no solo en la escuela sino también en el edificio donde ambas vivíamos, esa mujer que sabía conjugar con armonía la exigencia y el cariño, hermosa, impecable, elegante, pulcra.
Se ha ido Silvia Fernández Janeiro, se ha ido y no alcanzarán los pasillos de su escuela para recordarle, para sentirla en la disciplina que forjó y que hoy prevalece en el centro escolar.
Y como si el golpe no alcanzara otra noticia se empeña en que este miércoles 27 de mayo sea por infortunio doblemente triste.
Se me ha ido un amigo. Un hombre difícil, irreverente, pero mi amigo. Este mediodía se me ha ido el hombre que más ternura me ha mostrado hacia esta ciudad que no me parió pero a la que amo con su misma devoción. Y se me fue en medio de obras inconclusas, de sueños truncados, de dolores compartidos por cada grieta que se le resistía y por la huellas de un tiempo que no perdona.
Se me ha ido un hombre del que extrañaré sus exabruptos pero también sus infinitos conocimientos, esos que la ciudad echará de menos cuando más los necesite.
Cárdenas extrañará sus pasos y su mirada atenta cuando el tiempo mella cada rincón, cada edificio, cada recuerdo.
Se me ha ido mi querido Augusto José Bueno García y como acto de fe solo espero que un día pueda yo ver la Oficina del conservador que tanto peleó y que tanto soñó. Solo espero como acto de fe ver a su Cárdenas querida a la altura de su título de Arquitecto.
Texto:Marlen Bouza