25/01/2022
Todo indica que los que nos adversan, oponen, los que siempre nos critican, los que siempre ven las manchas y nunca la luz quieren articularse alrededor de la demanda del cierre de las tiendas en MLC.
Es imposible, para nosotros, saber si este reclamo (justo en parte o al menos entendible desde la honestidad), responde a un plan enemigo bien diseñado por los ideólogos de los golpes blandos, suaves, las revoluciones de colores o la guerra de cuarta generación o mediática, no convencional, como quiera denominarse, nacido en una oficina de la embajada estadounidense en La Habana o de Langley; o simplemente responde a una postura espontánea, compartida por no pocos partidarios; a un reclamo genuinamente popular.
Sea cual sea su génesis, plan fríamente estudiado y calculado por el enemigo o reclamo popular espontáneo, la Revolución, los revolucionarios, el gobierno, el PCC y el resto del entramado de dirección estatal y de nuestra sociedad civil y política debe, en primer lugar, no dejarse robar este debate/reclamo; que por cierto, no es de ahora y que ya viene sonando, dando señales de alerta en la agenda pública nacional, hace buen rato ya.
Todo lo que represente a la Revolución, todo el que se identifique con ella y esté dispuesto a defenderla, deberá apoderarse de este debate, asumirlo desde una postura revolucionaria, de justicia social y compromiso con los principios fundacionales de nuestro proyecto emancipador.
En concreto, hay que acabar de debatir este tema desde la Revolución y dentro de la Revolución, de una manera rápida, clara y transparente. Reconocer los errores en su implementación y rectificarlos de inmediato.
Hay que volver a las premisas con que surgió esta difícil, injusta y desigual medida. No podemos engañarnos ni demorarnos, hacerlo sería entregar el tema y el debate al enemigo que, en definitiva, bien poco le interesa el bienestar de este país. No asumirlo sería darles un estandarte de lucha potencialmente aglutinador.
La comercialización de productos en MLC, hay que decirlo por lo claro, es una medida impopular, injusta, desigual, que rompe consensos. Va en contra de postulados medulares de nuestro sistema social, el de la igualdad, el de la protección del más débil, el de la justicia social, el de la defensa de lo nuestro. No es una medida para el beneficio de la mayoría por la sencilla razón de que los ingresos habituales de la gran mayoría de los cubanos no se perciben en MLC.
¿Es una medida necesaria? Aun creemos que sí. En este contexto entendemos que sí, pero no puede ser la “única medida” o la medida sobre la cual se sustente la necesaria recaudación o captación de esas monedas duras, vitales para garantizar el resto de las necesidades básicas.
No pretendemos tener toda la verdad sobre el tema y mucho menos la solución adecuada, la correcta, la ideal. De hecho, ninguno de los que colaboran en esta nota es economista, pero entendemos que nos asiste el sentido común en revolución y de revolucionarios, así que enunciaremos un grupo de ideas que se deben evaluar sin dilación, de inmediato y con esto llevar, al terreno de la Revolución, este debate y su solución alejándolo así de su manipulación contrarrevolucionaria:
1) Las ventas en MLC son necesarias en este contexto de crisis económica pero, deberán ser excepcionales, transitorias y destinadas a eliminarse (o ponerse en mínima expresión), tan pronto la economía de señales de recuperación, aunque esta sea exigua.
2) Se deben transparentar las cuentas de las ventas en MLC. Cuánto se gasta en su sostenimiento, cuánto se recauda/ingresa por este concepto y hacia dónde se dirige esta recaudación.
3) Volver a su idea inicial. Se venderán productos de alta gama, de lujo, suntuosos o como se quiera denominar. No entraremos en el debate de qué tipo de productos cumplen con esto, si pueden ser alimentos o no. Por solo citar un ejemplo, si se vende pollo en este tipo de tienda que sea un pollo especial, deshuesado, en filetes, criado con piensos específicos, que lo haga un producto de exquisitez, un lujo para el paladar, de “alta gama”, si existe esta distinción para los alimentos; pero el simple pollo, el básico, el de siempre, el de todas las mesas de los cubanos, ese, no puede estar en este tipo de comercialización.
4) Los mercados destinados a este tipo de venta tienen que ser pocos. Si vamos a sentar ya una diferencia, por fuerza mayor/obligación perentoria, entonces que sean realmente mercados exclusivos/excepcionales.
5) Los productos a potenciar en este tipo de mercados no pueden ser los que cubren las necesidades básicas. En este país el alimento básico no puede ser usado para recaudar divisas. En este país bloqueado y que sigue apostando a la justicia, al bienestar de la mayoría, eso no puede ser una divisa. Llénense estos mercados de electrodomésticos de lujo, objetos suntuosos, productos y equipamiento para las MYPIMES y el resto de los actores económicos que estén en condiciones de acceder a este mercado.
6) Junto con estas premisas para la venta en MLC tomar la decisión de eliminar todas las ventas de productos en CUP de forma liberada, que no estén respaldados con una oferta que satisfaga, al menos, una parte considerable de su demanda. Si no existiera un producto en Cuba que cumpla con esto, lo cual no es así, entonces, mientras estemos en este nuevo periodo de tensión económica, todo se venderá por la libreta aunque sea sin subsidios, con racionamiento. Si recibiremos un solo paquete de pollo o salchichas al trimestre, nos quedará la tranquilidad, a todos, de que a cada familia cubana le llegará el suyo. La equidad ante la escasez. El racionamiento ante la falta de oferta. No tiene ningún sentido mantener un establecimiento en funcionamiento para vender agua y culeros. No tiene ningún sentido vender un producto de alta demanda, con una oferta muy limitada, pues esto solo dará lugar a situaciones explosivas, de alta tensión y malestar popular, además de alimentar toda una cadena de desvíos, corruptelas, sobornos, enriquecimiento indebido y suministro del mercado negro.
Si algo demostró el llamado periodo especial, que muchos vivimos o sufrimos, es que lo poco que había se repartía. La escasez se compartía entre todos y así, entre otras muchas medidas de resistencia, sobrevivimos y pasamos una de las pruebas más duras que ha tendido este país sin tanto trauma y en muchas ocasiones con alegría y convencimiento en el triunfo, manteniendo el necesario consenso.
Si algo aún tiene este pueblo, o la gran mayoría de este pueblo, inoculado es su vocación de solidaridad, de hermandad, de compartir y de repartir entre todos lo poco con lo que contamos.
La resistencia ha sido una premisa de éxito porque la vicisitud ha sido compartida y asumida por la mayoría.
La resistencia dispar, asumida por unos y por otros no, nunca será entendida en este país, al menos en este que aún tenemos. Ponerla en práctica sería una invaluable contribución para dividirnos y enfrentarnos. El sálvese quien pueda nunca será entendido por este pueblo y mucho menos por los más humildes, el sostén mayor de la Revolución.
Los que hoy llevan la responsabilidad de la conducción de la Revolución deberán enfrentar resueltamente este tema, con celeridad, honestidad, inmediatez, claridad, contundencia y sin vacilación.
Nuestra economía no puede ser fría y pragmática. Nuestra economía debe estar llena de ideología, subjetividades, principios, valores, ética. No puede ser de 2 más 2 es igual a 4. La nuestra puede dar 7 e incluso menos 3, y sería igualmente válido este resultado negativo si significa mantener consenso, justicia, igualdad y equidad.
Repetiremos para ser claros, el debate sobre las tiendas en MLC debe ser nuestro debate, el de los revolucionarios, no el del enemigo. El reclamo de enmendarlo debe ser también de los revolucionarios, no del enemigo. Accionar ya y accionar profundo. Hablarle claro y descarnadamente al pueblo, sin tecnicismos tecnocráticos. Ese pueblo es el mismo que ya demostró que estaba dispuesto a asumir una “opción cero” si esta era soportada por todos, desde los máximos líderes hasta el más simple cubano. Si ese llamado a la resistencia y penuria es compartido por todos, si hacerlo implica mantener la soberanía y la utopía, si es la resistencia de todos y no solo la resistencia de algunos que estén en desventaja, será siempre aceptada sin vacilación por la inmensa mayoría. En cambio, si se convierte en la resistencia de unos mientras otros disfrutan de un bienestar basado en las desigualdades, será otra contribución a “el inicio del fin”, será una resistencia rechazada y no asumida. Así de dramáticos pueden ser nuestros errores estratégicos en la conducción de este país se equivocamos las esencias que nos han llevado y guiado hasta hoy.
No podemos temerle nunca a la verdad por dura que esta sea.
No podemos temerle a asumir penurias y necesidades, a sacrificar el bienestar que podamos disfrutar algunos si esto implicará una mayor equidad para todos, Guiarnos por defender una noción de justicia y de igualdad genuinas.
Son tiempos difíciles y las decisiones y la vida cotidiana será difícil, pero esta dificultad será solo aceptada si se diseñan políticas justas, iguales, parejas y se pone el ejemplo en primer lugar.
Volvamos al Che que ordenó le fuera eliminada su cuota especial de dirigente y que asumiría de inmediato y sin vacilación la vida de estrechez material que llevara el pueblo. Volvamos al Fidel de comidas frugales y humildes en los peores momentos del periodo especial en compañía de Eusebio, porque un pueblo entero comía de esta manera en aras de mantener la dignidad, el sueño, la idea, la utopía, la independencia, la apuesta por una sociedad distinta.
Volvamos a la fuerza del ejemplo. Sigamos en el empeño de construir una sociedad distinta y nueva, un hombre también distinto y nuevo.
Halemos parejo.