Palabra Nueva Cuba

Palabra Nueva Cuba Palabra Nueva, fundada en abril de 1992, es la revista de la Arquidiócesis de La Habana. Nuestro destinatario primero son los católicos de La Habana.

Palabra Nueva , revista de la Arquidiócesis de La Habana , se funda en abril de 1992, Año del V Centenario de la Evangelización , como respuesta al reclamo del Santo Padre Juan Pablo II para impulsar, en la realidad cubana, una "nueva evangelización": nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en su expresión . Sin acceso a los medios de comunicación de masas existentes hoy en Cuba (de propie

dad estatal), la Iglesia comprendió la necesidad de desarrollar medios escritos propios, modestos y de menor alcance, pero capaces de mantener el diálogo y la comunicación con los fieles católicos. Sabiendo que la fe no nos aísla del mundo, y que todo cuanto acontece en la sociedad es de interés eclesial, desde un principio nuestra revista ha estado atenta y abierta a todos los tópicos que interesan hoy a los católicos: la economía, la cultura, el deporte, las ciencias sociales..., sin olvidar la religión. La Unión Católica Internacional de Prensa (UCIP), durante el Congreso Mundial celebrado en la sede de la UNESCO en París, en 1998, concedió a Palabra Nueva la Medalla de Oro , el más importante premio de esa organización internacional (www.ucip.ch) . Una representación de nuestra revista, encabezada por el Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana (quien tuvo a su cargo el discurso de aceptación ), acudió a recibir el Premio. La edición impresa es de once números al año. La edición digital comenzó en Febrero de 2005.

👉La esperanza es algo vivo, y como todo lo vivo, puede crecer, fortalecerse, enraizarse en lo más profundo, o puede debi...
03/06/2026

👉La esperanza es algo vivo, y como todo lo vivo, puede crecer, fortalecerse, enraizarse en lo más profundo, o puede debilitarse y morir. La esperanza es una actitud que necesita ser defendida, en primer lugar, de los miedos y las inseguridades de la propia mente, de las voces internas que pueden susurrarte que tu lucha es inútil, que lo que sueñas no es posible. Y más allá de eso, siempre estarán las voces de otros que (muchas veces sin mala intención) intentarán desanimarte y hacerte desistir de tu lucha «por tu propio bien». Y por supuesto, la esperanza tendrá que luchar siempre contra el desánimo de esa parte del camino imprescindible para el logro, pero donde todavía el logro no existe y, muchas veces, ni siquiera se ve de lejos.👈

Entrevista al párroco Alberto Reyes Pías, nacido el 26 de mayo de 1967, en Florida, Camagüey.

ReligiónLa visitación de la Virgen MaríaHoy, el calendario litúrgico nos recuerda la celebración de la Fiesta de la Visi...
31/05/2026

Religión
La visitación de la Virgen María

Hoy, el calendario litúrgico nos recuerda la celebración de la Fiesta de la Visitación de la Virgen María, instituida oficialmente por el Papa Urbano VI en el año 1389. En esta visita María recita el cántico de alabanza conocido como el Magnificat.
La Santísima Virgen María, tras escuchar del ángel Gabriel que su prima Isabel esperaba un hijo, fue a visitarla para ayudarla y así llevarle las gracias y bendiciones del Hijo de Dios que se había encarnado en Ella.
Además, María no fue como reina y señora sino como sierva humilde y fraterna, siempre dispuesta a atender a todos que la necesitan.
San Juan Pablo II, en su catequesis del 2 de octubre de 1986, señalaba que "la dirección del viaje de la Virgen santísima es particularmente significativa: será de Galilea a Judea, como el camino misionero de Jesús", y mencionó que "Isabel, con su exclamación llena de admiración, nos invita a apreciar todo lo que la presencia de la Virgen trae como don a la vida de cada creyente".
El Sumo Pontífice Emérito de Roma, Benedicto XVI, en sus palabras del 31 de mayo del 2011 dijo que "al meditar hoy la Visitación de María, reflexionamos precisamente sobre esta valentía de la fe. Aquella a quien acoge Isabel en su casa es la Virgen que 'creyó' al anuncio del ángel y respondió con fe aceptando con valentía el proyecto de Dios para su vida y acogiendo de esta forma en sí misma la Palabra eterna del Altísimo".
El Papa Francisco, en su reflexión el 31 de mayo del 2013, destacó que María "afronta el camino de su vida, con gran realismo, humanidad, concreción", y subrayó que "tres palabras sintetizan la actitud de María: escucha, decisión, acción; palabras que indican un camino también para nosotros frente a lo que nos pide el Señor en la vida".

(Elaborado con informaciòn de Aciprensa)

Palabra Nueva comparte con sus lectores la imagen que resultó Primer premio del concurso de periodismo y fotografía La e...
31/05/2026

Palabra Nueva comparte con sus lectores la imagen que resultó Primer premio del concurso de periodismo y fotografía La esperanza en mi vida.
El jurado, compuesto por el sacerdote Lázaro Cánova, el periodista Ángel Marqués y el fotorreportero Armando Zambrana, encontró que en la fotografía de José Ernesto López Fuentes, hay una capacidad admirable para percibir y captar de manera sorprendente un instante revelador de esperanza.
Según el tribunal, el talento de López, residente en Güira de Melena, Artemisa, vio, donde muchos no lo ven, una imagen de indudable fuerza dramática.

CulturaCruz y CaballeteLa Virgen y el Niño de la manzanaPor Carlos Vicente Fernández*Uno de los grandes artistas del lla...
29/05/2026

Cultura
Cruz y Caballete
La Virgen y el Niño de la manzana

Por Carlos Vicente Fernández*

Uno de los grandes artistas del llamado Siglo de Oro español y que más vinculó su obra con los temas y asuntos religiosos fue Francisco de Zurbarán. El Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana posee y exhibe en su sala permanente de arte español un hermoso cuadro del pincel de este artista, se trata de La Virgen y el Niño de la manzana, realizado posiblemente en una fecha cercana a la muerte de Zurbarán.
Es una obra representativa del estilo y la técnica del artista, donde prevalece la intención de lograr una comunicación directa de lo que quiere transmitir. La Virgen y su Hijo están representados de manera sencilla y directa, ella sentada sobre una silla simple, ofreciéndole a Jesús niño una manzana, tal como haría una madre cualquiera. Se trata aparentemente de la imagen de un instante, una anécdota de la vida cotidiana.
Siguiendo cánones iconográficos establecidos en la pintura tradicional de temas cristianos, la Virgen viste ropajes de color azul y rojo; el primero señala la pureza de la Madre; el segundo, la maternidad y la devoción. La luz que ilumina ambas figuras es frontal, y estas se destacan además por el fuerte contrate con un fondo oscuro, recurso pictórico efectista que proviene de la influencia del gran pintor barroco italiano Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610). Así, el contraste entre luz y sombra deviene instrumento visual para resaltar a las sagradas efigies.
La representación de la manzana dentro de la composición tiene varias lecturas iconográficas y teológicas, entre otras y según la tradición católica, la de que María puede ser considerada como la Nueva Eva. Ambas tradiciones otorgan otros atributos a la fruta y que se asocian tanto a María como al mismo Jesús, como el conocimiento, la belleza, la inmortalidad, el amor y la fidelidad.

*Curador del Museo Nacional de bellas Artes

Sociedad La isla infinita(Primer premio del Concurso de Periodismo La esperanza en mi vida, organizado por Palabra Nueva...
27/05/2026

Sociedad
La isla infinita

(Primer premio del Concurso de Periodismo La esperanza en mi vida, organizado por Palabra Nueva)

por Adriana Bárbara García Ranero

«Hay un único lugar donde ayer y hoy
se encuentran y se reconocen y abrazan.
Ese lugar es mañana».
EDUARDO GALEANO

Se marchaban; ya lo habían decidido, y sin vuelta atrás… al menos en mucho tiempo, o quizás nunca. Parecían serenos, pero sólo Dios sabía cuántos sentimientos encontrados bullían en sus corazones, cuántos pensamientos —mezclados con esperanzas y temores— cruzaban por sus mentes. Soltar, desasirse, no es fácil; no importa de quién o qué, siempre cuesta mucho… porque hasta lo más insignificante cobra valor cuando se deja atrás; no digamos lo que representa la vida misma, por cuanto se ha puesto en ello.
Acariciaron por vez última la piedra tosca de las paredes, la caoba oscura y pulida de las ventanas y la puerta; sus dedos rozaron levemente las hojas verde intenso de las plantas del jardín… como si la casa fuese un ser vivo y amado. En cierto sentido lo era; mientras sus manos recorrían con cariño cada una, los recuerdos les inundaban en una sintonía extraña. Y se dejaron llevar por ellos, quizás en un último esfuerzo inconsciente por retener, más que una imagen, la vida que ahora quedaría atrapada entre esos muros, aunque pasasen años después de esta despedida…
A veces el pasado se recuerda de forma tan vívida, que se confunde con el presente y los sueños mismos. No tenían ahorros, ni entre los dos habrían alcanzado a reunir una suma mediana; sus salarios apenas les alcanzaban para comer y ayudar en algo a sus padres. Pero eran jóvenes, querían casarse, tener un hogar, hijos, un perro, un jardín que cultivar y cuidar… nada lujoso, pero sí hermoso.
¿Cuánto cuesta hacer realidad un sueño, el simple sueño de una vida normal en esta isla? No se trata sólo del dinero —que igual se necesita y falta siempre—, sino de lo más valioso y vital: tiempo, esfuerzos, oportunidades, posibilidades. Tener casa propia, más que aspiración, es pesadilla que deja insomnes a muchas personas; entre tantos refranes de la sabiduría popular ese de «el que se casa, casa quiere», martilla inmisericorde las mentes de los cubanos hace décadas.
No querían hacer lo que muchos, obligados por la necesidad perentoria y la propia invalidez de recursos, levantar una casucha con tablas y planchas de zinc, sin agua, electricidad… Eso no. Pasaron años sumando a sus empleos de arquitecto él, y de maestra ella, horas extras en un bar privado como cantinero y contable; ahorraron cada centavo para que de los planos y diseños su sueño pasara a la realidad. Hasta aquel día en que los dos —ayudados por una pareja amiga, y tras varias semanas de trabajo duro—, vieron saltar del papel a la vida su casa… pequeña pero acogedora y linda, única por su aspecto y por los materiales toscos y nobles —piedras de cantería negras y grises, apenas labradas, tejas criollas color rojo ladrillo, y maderas recias talladas artesanalmente— que prefirieron frente a la frialdad impersonal del hormigón, el metal y el cristal.
Qué cosa tan rara es el paso del tiempo, cuán relativo es según los acontecimientos y ritmos vitales humanos. Los años, que hasta entonces se arrastraron lentos, cobraron velocidad y pasaron casi inadvertidamente. En medio de ese torbellino temporal, la casa se llenó de los gritos y carreras de dos niñas, los ladridos de una perra —a la que siguió otra (ya se sabe que sus vidas son cortas comparadas con las nuestras)—, el jardín creció con el verdor y frondosidad de una selva doméstica.
Tenían poco, y a la vez todo, para ser felices. Pero la vida diaria —siempre difícil— empeoró de forma inusitada y vieron caer todos sus sueños, uno a uno, con dolor indescriptible. Incluidos el de legar a las hijas un futuro promisorio, y a los padres de ambos una vejez tranquila y segura; este último, ahora trastocado en reunirlos con ellos en otra tierra, lo antes posible.
Hoy, decían adiós a toda esa parte de sus vidas, consoladoramente se decían «por un tiempo»; porque, aunque no sabían si sería para siempre, se aferraban a aquello que mantiene el hilo vital en los momentos difíciles: la esperanza. Por eso, su casa no se vendía; quedaba al cuidado de unos amigos muy queridos y especiales, los mismos que les ayudaron a levantarla tantos años atrás.
Los llamados de las hijas jóvenes —que apartadas se despedían silenciosamente de su hogar, a su modo, sin lágrimas visibles— y los ladridos impacientes de Laika desde el huacal, sacaron a la pareja de su ensimismamiento contemplativo. Los seis se fundieron en un último abrazo apretado, del que ninguno quería ser el primero en soltarse… Hasta que todos a una lo hicieron.
Cuatro personas y una perra iniciaron el trayecto al aeropuerto, en silencio, sin mirar detenidamente el paisaje que circunda la carretera, para ellos borroso como si una pesada grisalla cubriese sus ojos —también sus almas durante las nueve horas de vuelo—, deshecha sólo por la claridad deslumbrante del exterior en el aeropuerto madrileño, y los abrazos de los amigos que los esperaban. En sus corazones aleteaban las esperanzas de una vida diferente; difícil en los primeros años, pero con oportunidades para quien trabaja y se esfuerza. Y también ardía en ellos más que nunca, con añoranza y dolor, la imagen vívida y muy amada de una isla infinita con un cielo y mar asombrosamente muy azules, y palmas con penachos verde esmeralda ondeando al viento. Una isla semejante a un caimán dormido, en la que una casa pequeña de piedras negras y grises, tejas criollas, puertas y ventanas de caoba oscura, se levanta acogedora y única en su belleza tosca… Una isla y una casa a las cuales esperan regresar un día.

* Crónica escrita a partir de una historia real, y dedicada a todos —familiares, amigos, conocidos, desconocidos— los que han emigrado, emigran, y emigrarán en busca de los sueños vitales que no podemos realizar en nuestra amada isla infinita, esa que siempre permanece en nuestras almas cual la esperanza, no importa donde estemos.

ReligiónSan Felipe Neri, el Apóstol de RomaEl 25 de mayo de 1595, día del Corpus Christi, su médico lo vio tan extraordi...
26/05/2026

Religión
San Felipe Neri, el Apóstol de Roma

El 25 de mayo de 1595, día del Corpus Christi, su médico lo vio tan extraordinariamente contento, que le dijo: «Padre, jamás lo había encontrado tan alegre», y él le respondió: «Me alegré cuando me dijeron: “vayamos a la casa del Señor”».
A la medianoche le dio un ataque y, levantando la mano para bendecir a sus sacerdotes que lo rodeaban, Felipe Neri expiró dulcemente. Tenía ochenta años. Fue declarado santo en 1622 y en Roma lo consideraron su mejor catequista y director espiritual.
Recibió sus primeras enseñanzas religiosas por parte de los frailes dominicos del Monasterio de San Marcos de Florencia en Italia. A los dieciséis años fue enviado a San Germano para ayudar en el negocio del primo de su padre. Hizo tan bien aquella labor que su pariente decidió hacerlo heredero de su fortuna.
Felipe tuvo una experiencia mística en una capilla que pertenecía a los benedictinos de Monte Cassino y descubrió su vocación al sacerdocio. Pronto decidió alejarse de la opulencia y los bienes materiales para enrumbarse en 1533 a Roma y servir a Dios.
Tras abandonar sus estudios de filosofía y teología —cerca del 1540—, decidió hacer apostolado y enseñar el catecismo a los pobres. En aquel tiempo el Colegio Cardenalicio era gobernado por los Medici y por ello muchos purpurados se comportaban como príncipes seculares. Roma se encontraba en un estado de ignorancia religiosa, los sacerdotes abandonaban a la feligresía y las iglesias, y las costumbres de la época no eran las mejores.
Durante cuarenta años, Felipe fue el mejor catequista de Roma y logró transformar la ciudad. Su activo apostolado comenzó con la visita a hospitales, después pasó a frecuentar también las tiendas, almacenes, bancos y lugares públicos, exhortando a las personas a servir a Dios.

Es patrono de los humoristas
Definitivamente, Felipe recibió de Dios el don de la alegría y la amabilidad. Como era tan simpático en su modo de tratar a la gente, se hacía fácilmente amigo de obreros, empleados, vendedores y niños de la calle.
Una de sus preguntas más frecuentes era: «¿Y cuándo vamos a empezar a volvernos mejores?». Si le demostraban buena voluntad, solía explicar los modos más sencillos para llegar a ser más piadosos y comenzar a hacer la voluntad de Dios.
El 23 de mayo de 1551, a los treinta y seis años, fue ordenado sacerdote. Al poco tiempo, fue a vivir a la iglesia de San Jerónimo de la Caridad (Italia), donde se dedicó principalmente a la confesión. Solía confesar desde la madrugada hasta mediodía, algunas veces hasta las horas de la tarde, para atender a una multitud de penitentes de toda edad y condición social.
No sólo confesaba muy bien, sino que tenía el don de leer el pensamiento de sus penitentes y los guiaba con compasión en el camino de la santidad, además celebraba la misa diaria que muchos sacerdotes habían abandonado.

Curaba enfermos y predecía el futuro
Felipe tenía el don de curación y le devolvió la salud a muchos enfermos. En varias ocasiones también predijo el futuro y vivía en estrecho contacto con lo sobrenatural. Quienes lo vieron en éxtasis dieron testimonio de que su rostro brillaba con una luz celestial.
En 1544 se hizo amigo de san Ignacio de Loyola, a quien quiso seguir como misionero en Asia, pero desistió porque deseaba continuar con su labor en Roma. Fue así que constituyó el núcleo de lo que después se convirtió en la Hermandad del Pequeño Oratorio.
En 1575 esta hermandad pasaría a llamarse Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, aprobada con la bula Copiosus in misericordia Deus del papa Gregorio XIII.
Su salud siempre fue frágil. En cierta ocasión, la Santísima Virgen se le apareció y lo curó de una dolencia en la vesícula. El suceso aconteció así: el santo había casi perdido el conocimiento, cuando súbitamente se incorporó, abrió los brazos y exclamó: «¡Mi hermosa Señora! ¡Mi santa Señora!». El médico que le asistía lo tomó por el brazo, pero san Felipe le dijo: «Dejadme abrazar a mi Madre que ha venido a visitarme».
Después, cayó en la cuenta de que había varios testigos y escondió el rostro entre las sábanas, como un niño, pues no le gustaba que lo tomasen por santo.

(Elaborado con datos de Aciprensa)

SociedadSobre el concurso La esperanza en mi vidaPalabra Nueva ha valorado los textos y fotografías enviados a su concur...
25/05/2026

Sociedad
Sobre el concurso La esperanza en mi vida

Palabra Nueva ha valorado los textos y fotografías enviados a su concurso La esperanza en mi vida, cuya convocatoria se dio a conocer a principios del año pasado.
Es así como ha regresado el tradicional concurso de periodismo de la revista de la Arquidiócesis de La Habana, ausente en los años 2023 y 2024 debido a obstáculos económicos y organizativos. Finalmente, en 2025, fue impostergable rescatar el certamen.
A propósito del Jubileo de la Iglesia católica, y en medio de las profundas dificultades de la vida en Cuba, una virtud teologal como la esperanza nos pareció idónea como tema crucial en la vida de los ciudadanos, y los invitamos, desde Pinar del Río hasta Guantánamo, a expresarse por escrito y en imágenes sobre la esperanza en sus vidas. El concurso, a la vez, funcionaba como homenaje al papa Francisco, que el 9 de mayo de 2024, frente a la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, promulgó la bula papal Spes Non Confundit («La esperanza no defrauda»), y como un grano de arena al Jubileo de 2025, con su gran lema Peregrinos de la esperanza.
El jurado que tuvo a su cargo la selección de las imágenes y textos ganadores del concurso consideró conceder primer premio en periodismo a la crónica La isla infinita, de Adriana Bárbara García Ranero, de Ciego de Ávila, por la sensibilidad exquisita con que trató el tema de la emigración cubana, por el lenguaje creativo que huye de lo manido, en el que sobresalen imágenes literarias con las que se adentra de modo interesante en el mundo interior de las personas. Todo eso convierte a La isla infinita en un ejercicio periodístico de muy buen nivel de elaboración.
El jurado, integrado por el sacerdote Lázaro Cánova, el periodista Ángel Marqués y el fotorreportero Armando Zambrana, dio segundo premio a La esperanza del padre Alberto, una entrevista de Antonio Miguel Fontela Lamelas, residente en la capital cubana, al sacerdote camagüeyano Alberto Reyes. Para conceder este premio, los especialistas valoraron la coherencia y la calidad de las preguntas del entrevistador, la manera inteligente con que el clérigo aborda el interesante asunto desde lo teologal y la sencillez con la que explica la presencia de la esperanza en su vida y en el contexto cubano actual.
Las crónicas Soltar el vicio, sobre una muchacha que se droga, de Enmanuel Montes Álvarez, y Un viaje de resiliencia, sobre la vida de un niño con síndrome de Dandy-walker, de Yamila Corrales Martínez —habaneros ambos autores— merecieron Primera y Segunda mención, respectivamente, por el reflejo sentido de la existencia de los protagonistas de sus historias.
En el apartado de fotografía, el tribunal encontró primer lugar en una pieza sin título que muestra la capacidad de su autor, José Ernesto López Fuentes, vecino de Artemisa, para percibir y captar de manera sorprendente un instante revelador de esperanza, y su talento para ver, donde quizás muchos no lo ven, una imagen de indudable fuerza dramática.
Para el segundo lugar el jurado escogió El camino en tus manos, de la habanera Sandra Rossi, por ofrecer una escena donde aparecen, muy bien captados, símbolos religiosos de un gran valor para los feligreses. La foto muestra, además, la fuerza de la fe, y en ella recreada la esperanza.
Hay una primera mención para una imagen considerada interesante por su concepción y el uso del lenguaje, muy a tono con el tema del concurso. Se titula En ti esperamos y su autor es Jesús Báez Rodríguez, de Quivicán, provincia de Mayabeque.
Palabra Nueva publicará en los próximos días los textos y fotografías ganadores del concurso, y en un encuentro con los autores, entregará los premios, consistentes en diploma y diez mil pesos para los primeros lugares y diploma y ocho mil pesos para los segundos.

María Auxiliadora nos ayuda en las dificultades   Cada 24 de mayo, la Iglesia celebra a la Madre de Dios bajo la advocac...
24/05/2026

María Auxiliadora nos ayuda en las dificultades
Cada 24 de mayo, la Iglesia celebra a la Madre de Dios bajo la advocación de ‘Santa María, Auxilio de los cristianos’ [Maria Auxilium Christianorum], conocida popularmente como Santa María Auxiliadora, o, simplemente, María Auxiliadora.
“En el cielo nos quedaremos gratamente sorprendidos al conocer todo lo que María Auxiliadora ha hecho por nosotros en la tierra”, solía decir San Juan Bosco, fundador de la familia salesiana, y el más grande difusor del amor a la Madre de Dios bajo esta advocación.
Ciertamente, esta hermosa expresión de piedad filial ha estado presente en la vida de la Iglesia desde antiguo, cada vez que un cristiano, sabiéndose hijo de la Virgen María, invoca a su Madre del Cielo en medio de alguna dificultad.

Devoción de raíces profundas
Los cristianos de los primeros siglos invocaban a la Virgen con el nombre de “auxiliadora”.
Los dos títulos más frecuentes que podían leerse en las inscripciones de antiguas iglesias o monumentos de Oriente eran: “Madre de Dios” (Theotokos) y “Auxiliadora” (Boeteia). Grandes santos como San Juan Crisóstomo, San Sabas y San Sofronio hicieron uso con frecuencia de ambos títulos a la hora de referirse a la Madre de Dios.
San Juan Crisóstomo, Patriarca de Constantinopla y Padre de la Iglesia de Oriente, definía así a la Virgen María en el siglo IV: “Auxilio potentísimo, fuerte y eficaz de los que siguen a Cristo”; por su parte, San Juan Damasceno, en el siglo VIII, fue el primero en difundir una jaculatoria dedicada a Ella: “María Auxiliadora, ruega por nosotros”.
En el mismo siglo, hacía el año 733, San Germán de Constantinopla escribió este bello texto, en plena coincidencia con el Damasceno: "Oh María, tú eres poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda". Estas bellas líneas constituyen en sí mismas una oración filial.

María, Auxilio de los cristianos
En el siglo XVI, el Papa San Pío V (1504-1572), gran devoto de la Virgen, después de la victoria cristiana sobre los ejércitos musulmanes en la batalla de Lepanto, ordenó que se incluya en el corpus de las letanías marianas la invocación a “María, Auxilio de los cristianos”.
Más de dos siglos después, en tiempos de Napoleón, el Papa Pío VII (1742-1823) fue apresado por órdenes del “emperador” francés. El Pontífice pidió el auxilio de María para superar la terrible situación que se había suscitado -una Iglesia secuestrada por el poder imperial-, prometiéndose que, una vez recuperada su libertad, decretaría una nueva fiesta mariana para la Iglesia Católica.
Una vez producida la caída de Napoleón, el Santo Padre retorna triunfante a la sede pontificia el 24 de mayo de 1814 y decreta que, a partir de entonces, esa fecha sea destinada para celebrar la fiesta de María Auxiliadora.

Don Bosco
Un año después de aquellos turbulentos acontecimientos, nacía Juan Bosco (1815-1888), a quien la Virgen se le aparecería en sueños años más tarde, para pedirle que construyera un templo en su honor, usando el título de “Auxiliadora”.
Por esta razón el santo italiano iniciaría la construcción de dos “monumentos”: uno físico, que es la Basílica de María Auxiliadora en Turín; y uno “vivo”, conformado por las religiosas que integran el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.
San Juan Bosco solía educar a los jóvenes contándoles historias en las que él y muchos otros fieles devotos de la Auxiliadora habían obtenido grandes favores del Cielo. Los medios por excelencia para obtener esas gracias -decía el santo- son el rezo de la novena a María Auxiliadora y la repetición constante de la jaculatoria de San Juan Damasceno.
“Confiad siempre en Jesús Sacramentado y María Auxiliadora y veréis lo que son milagros”, afirmaba, sin reparos, el padre fundador de los salesianos.
(Elaborado con datos de Aciprensa)

ReligiónSan Juan Bautista Rossi, el santo que nos anima a confesarnosCada 23 de mayo, la Iglesia celebra a san Juan Baut...
23/05/2026

Religión
San Juan Bautista Rossi, el santo que nos anima a confesarnos

Cada 23 de mayo, la Iglesia celebra a san Juan Bautista Rossi (1698, Génova-1764, Roma), sacerdote italiano que consagró su vida a llevar el perdón y la misericordia de Dios a toda la gente, especialmente a los más necesitados de la misericordia divina. Fue así como Juan Bautista entendió su ministerio sacerdotal, valiéndose, de manera particular, del sacramento de la reconciliación.
El padre Rossi se esforzó en ser un buen confesor: cálido, amable y preciso en el consejo espiritual —virtudes imposibles de lograr si no se es dócil a la gracia—. En el confesionario, quien confiesa y absuelve, así como quien se acerca en busca del perdón, ambos, son objeto del amor de Dios que espera que seamos mejores personas, más santos, y que alcancemos el cielo.
San Juan Bautista Rossi adquirió una sensibilidad especial para reconocer cuánto sufre un alma que se ha apartado de Dios, cuánto daño se hace a sí misma y cuánto daño hace a los demás por el impacto del pecado, de tal forma que se obligaba a escuchar diligentemente a cada persona que se arrodillaba a su costado. Juan Bautista no quería fallarle a Jesús. Administrar el amor y el perdón de Dios son labores que sobrepasan nuestra naturaleza sin duda, pero que Dios ha deseado compartir para que ninguno de sus hijos se pierda.
Alguna vez el santo afirmó: «Antes yo me preguntaba cuál sería el camino para lograr llegar al cielo y salvar muchas almas. Y he descubierto que la ayuda que yo puedo dar a los que se quieren salvar es confesarlos. Es increíble el gran bien que se puede hacer en la confesión».

Dios nos alecciona con bondad
Juan Bautista Rossi nació en 1698, en un pueblo cerca de Génova, Italia. A la edad de trece años se mudó a Roma, a la casa de un primo sacerdote, canónigo de Santa María en Cosmedin. Su deseo era estudiar en el famoso Colegio Romano, institución fundada por san Ignacio de Loyola en 1550. En 1714, con diecisés años, empezó sus estudios eclesiásticos, que concluyó después con los dominicos y se graduó en Teología. Fue ordenado sacerdote a los veintitrés años, el 8 de marzo de 1721.
Ya antes de ordenarse, Juan Bautista había desarrollado un intenso apostolado. Los años de formación habían sido también años de actividad pastoral y, como es natural, hubo momentos gratificantes, pero también de los otros, los más difíciles, esos que traen mortificaciones e incluso tristezas.
En los primeros años de sacerdocio —llenos de aprendizajes— Juan Bautista descubrió la importancia de renunciar a ciertas cosas en el orden de las comodidades y los placeres —la buena comida, la bebida o el descanso—. A veces, por un excesivo fervor, incurrió en ciertas prácticas penitenciales que dañaron su salud. Esa, quizás, fue la mayor lección: aprendió que la recta mortificación es la que se ejerce al aceptar los sufrimientos y trabajos de cada día; con espíritu combativo, pero considerando las reales posibilidades de uno mismo y pensando en liberarse de todo lo que impide amar más, no para hacerse o sentirse «invencible».

Total desapego de los bienes materiales
El papa Benedicto XIV le encargó a Juan Bautista el cuidado de un albergue para desamparados. El santo sirvió por muchos años a pobres y necesitados en aquel recinto. Y, preocupado por el bienestar espiritual de los que acogía, combinaba el servicio atento con la enseñanza de la Palabra de Dios y del catecismo, de forma que la vida del albergue siempre giraba en torno a la vida de la gracia, los sacramentos y el amor de Dios.
El 23 de mayo del año 1764, el padre Juan Bautista sufrió un ataque al corazón, a la edad de sesenta y seis años. Murió como vivió, siendo un pobre entre los pobres. Ni siquiera hubo dinero suficiente para costear su féretro y la tumba, así que muchas personas caritativas dieron dinero para que fuera enterrado cristianamente. Su funeral fue una suerte de gran acontecimiento: asistieron 260 sacerdotes, un arzobispo y muchos religiosos; todos acompañados de una multitud de almas agradecidas.
Fue canonizado por el papa León XIII el 8 de diciembre de 1881.

(Elaborado con información de Aciprensa).

ReligiónLa Santa de los ImposiblesSu nombre de pila fue Margherita, de donde probablemente viene el sobrenombre Rita, co...
22/05/2026

Religión
La Santa de los Imposibles

Su nombre de pila fue Margherita, de donde probablemente viene el sobrenombre Rita, como forma abreviada y afectuosa de llamarla. Sea este o no el caso, el nombre, por sí mismo, Rita, ha llegado a evocar muchísimas cosas bellas, empezando por el amor a Cristo que brota en los corazones esforzados en amar, así como la ternura con que Él responde a ese amor, especialmente derramada sobre los que sufren.
Rita era una adolescente, cuando se sintió llamada a la vida religiosa, pero sus padres no estuvieron dispuestos a apoyarla y decidieron casarla. Ella, por obediencia, aceptó contraer matrimonio. Lamentablemente, lo que vendría después sería muy doloroso para ella, ya que su esposo resultó ser un hombre violento y empezó a maltratarla.
Con el tiempo, sin embargo, gracias a su adhesión al Señor crucificado, así como a su oración constante y entereza —siempre dispuesta a devolver bien por mal—, Rita logró que su marido cambiara de vida y se convirtiera. Precisamente por eso, ha merecido el sobrenombre de «La Santa de los Imposibles». También es patrona de todos aquellos que pasan necesidad.

Amar hasta donde no se puede dar más
Margherita Lotti nació en 1381, en Roccaporena, muy cerca de Cascia (provincia de Perugia, Italia) en una época caracterizada por las conquistas, rebeliones y la corrupción en los círculos de poder. Tanto ella como sus padres fueron pobres y no recibieron mayor educación. Rita se mantuvo analfabeta por muchos años, pero Dios le concedió la habilidad extraordinaria de aprender a leer por cuenta propia.
Tras renunciar al deseo de ser religiosa, decidió llevar su matrimonio como Dios manda. Y lo intentó de veras, a pesar de que Paolo, su esposo, era un hombre de malas juntas, bebedor, mujeriego y maltratador. Rita aceptó su dolorosa situación, decidió honrar el sacramento que la unió a su marido y se propuso ganar su alma para Cristo.
Los esposos tuvieron dos gemelos, Jacobo y Paolo, quienes desarrollaron un temperamento muy semejante al de su padre.
Tras veinte años de matrimonio, de ejercitarse en la paciencia y la confianza en Dios, el esposo de Rita se convirtió. Ella perdonó sus faltas y juntos emprendieron un camino distinto. Penosamente esto no duraría mucho: antiguos enemigos buscaron a Paolo, lo emboscaron y asesinaron.
Entonces, sus hijos, Jacobo y Paolo, juraron vengar la muerte de su padre. No hubo ruego que pudiera persuadirlos de lo contrario. Rita, consciente de lo que estaba en juego, imploró a Cristo que los salvara y les tuviera misericordia. Incluso en su plegaria de angustia le dijo al Señor que preferiría que tomara la vida de sus hijos antes de que se condenaran para siempre en el in****no.
Jacobo y Paolo, de manera inesperada, contrajeron una terrible enfermedad y murieron solo unos días después, por causas naturales.
El tiempo pasó y Dios hizo brotar de nuevo en el corazón de la santa el deseo de consagrarse a Él como religiosa.
Rita intentaría ser aceptada en el monasterio de las hermanas agustinas, pero estas la rechazaron por haber estado casada y porque cargaba a cuestas una historia sombría.
Cuenta la tradición que una noche, mientras estaba en oración, Rita oyó que la llamaban tres veces por su nombre. Se incorporó y abrió la puerta de su habitación: frente a sí estaban san Agustín, san Nicolás de Tolentino y san Juan Bautista —de quien era muy devota—, componiendo, los tres, una visión extraordinaria. Entonces, los tres santos la invitaron a que los siguiera afuera. Después de recorrer algunas calles, sintió que se elevaba en el aire y que de pronto una fuerza sobrenatural la estaba conduciendo suavemente hacia Cascia (Casia), en dirección al Monasterio de Santa María Magdalena.
Cuando volvió del éxtasis, Rita estaba dentro del Monasterio. Por esa razón, tras lo sucedido, las monjas agustinas se sintieron compelidas a recibirla.
Rita hizo su profesión religiosa ese mismo año (1417). Duras pruebas sufriría en el monasterio, pero el Señor no la abandonó. Por el contrario, la invitó a unirse a Él en el camino más difícil: el de su Cruz. Cristo le impuso sus estigmas y las marcas de la corona de espinas en la cabeza. Son ampliamente conocidos los testimonios sobre la herida que Rita llevaba en la frente, herida que la acompañó por años y que despedía un olor repugnante.
Después de su dolorosa enfermedad, santa Rita de Casia murió en 1457. La herida de su frente desapareció y en su lugar quedó una mancha roja como un rubí, que exudaba una fragancia semejante a la de las rosas. ¡Cuán grande fue el amor de santa Rita, que Dios decidió adornarla con estos detalles! Hoy, el cuerpo de la santa permanece incorrupto.

(Elaborado con información de Aciprensa).

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