31/08/2026
Religión
En la Novena a la Virgen de la Caridad del Cobre, y cercano el día en que los cubanos celebran el gozo de su culto a la Patrona de Cuba, Palabra Nueva se remite a uno de los muchos textos que su historia y aparición han inspirado. La Virgen de la Caridad del Cobre. Historia y Etnografía, de ese gran sabio que fuera don Fernando Ortiz.
La edición consultada incluye prólogo, compilación y notas de José A. Matos Arévalo, habida cuenta de que Ortiz no concluyó la organización total y la redacción definitiva del material de su acuciosa investigación. Se trata de un libro extenso, útil, de mirada profunda y que todo cubano, creyente o no, debe tratar de leer. La aparición, la historia, las semejanzas y diferencias de la Madre cubana con otras vírgenes marianas, entre otros detalles, se estudian y repasan en este volumen. Por supuesto, la extensión del texto solo permite reproducir breves fragmentos. Pero dejamos abierta la invitación a la lectura y pedimos la bendición de nuestra Patrona, aquí y en cualquier sitio del mundo donde lata un alma cubana, para todos y por el bien de todos.
La Virgen de la Caridad del Cobre. Historia y Etnografía
(Fragmentos)
por Fernando Ortiz
Debemos decir desde ahora que no hemos hecho esta monografía para dar el punto de nuestras pesquisas acerca de la Virgen de la Caridad del Cobre, como una de tantas advocaciones marianas del catolicismo. Aunque hemos recogido su historia y su leyenda, y hemos desentrañado aspectos nuevos de su iconografía eclesiástica, nuestro propósito ha sido conocer a la Virgen de la Caridad del Cobre, tal como vive en el alma popular de Cuba, ya con la pureza más ortodoxa que desea la Iglesia católica, ya con los antecedentes paganos que en ella perduran o con las coloraciones negras que la han amulatado y traído a las capas populares.
(…)
La Virgen de la Caridad del Cobre es considerada por los católicos como la más cubana de las advocaciones marianas, y por la Iglesia católica, previa bula pontificia de Benedicto XV, como Patrona de Cuba. Según expresa uno de sus primeros capellanes, el cubano Julián Josef Bravo, la aparición prodigiosa de la Virgen de la Caridad ya fue profetizada, nada menos que en el Antiguo Testamento, y precisamente en el versículo Cantate Domino (v. 42), de Isaías.
(…)
Expongamos ahora la tradicional invención de la Virgen de la Caridad, considerada por los católicos como milagrosa.
El padre Ramírez transcribe el siguiente texto del padre Onofre de Fonseca, que debe ser tenido por el más antiguo de los llegados a nuestros tiempos:
“Habiendo entrado el siglo de 1601, y fundándose, como se ha dicho, por S. M. Católica el referido lugar de las minas del Cobre, sucedió que saliendo del hato de Barajagua (perteneciente a dicho pueblo), a buscar sal a la bahía de Nipe, tres hombres, los dos de ellos indios naturales del país, llamado el uno Rodrigo y el otro Juan de Joyos, hermanos, en cuya compañía iba por tercera persona un negrito criollo del referido pueblo, nombrado Juan Moreno (que sería de edad como de nueve a diez años y fue el que teniendo setenta o setenta y uno, hizo la mejor declaración como testigo de vista); estos tales, luego que llegaron a la antedicha bahía de Nipe, se alojaron en un paraje que llaman Cayo Francés, y también Vigía; y como hicieron mansión allí aquel día, intentaron al siguiente salir a la costa en una canoa en solicitud de sal; lo que no pudieron llegar a ejecutar por los malos vientos y alteración del mar. Ni tampoco al otro día se determinaron a emprender el proyectado viaje, porque aún se mantenía el tiempo sin bonanza, cuya demora les tenía bastante afligidos; pero acabado el tercero, reconocido ya el mar tranquilo desde la media noche del cuarto día entrante y sereno el tiempo, trataron de madrugada de emprender el viaje, que verificaron luego con la esperanza de llegar a salvamentos según lo anunciaba el favorable del tiempo. Así que empezaron a bogar los remos, apartados algún trecho de la dicha Vigía o Cayos, principió a aclarar la luz del día; y con el sosiego que el mar tenía, entre la confusa luz descubrieron los tres navegantes a larga distancia un bulto blanco a manera de aquellos pájaros que vuelan casi tocando con las alas sobre las olas del mar; con esta novedad, cargaron más los remos, hicieron un esfuerzo por seguir el bulto, que venía al encuentro del mismo camino que ellos llevaban. Ya más claro el día e inmediatos a la visión, reconocieron que aquello que les parecía un ave, era la imagen de María Santísima ‘ave de gracia llena’: apareciéndoles también, venir volando hacia donde ellos estaban. Con este caso maravilloso arrimaron la canoa, y tomándola en sus manos, la introdujeron en ella: traía un niño hermosísimo en su mano izquierda y en la diestra una cruz de oro. Absortos de todo lo visto, y más reconociendo que venía sobre una reducida tabla, que era la barca donde navegaba sin fluctuarse en ella ni mojarse siquiera su vestido. Resueltos ya a seguir el viaje les detuvo ver que en la tablilla que venía (y que se les quedó sobre el mar) estaban unas letras escritas de bastante proporción la que también tomaron y Rodrigo de Joyos, que sabía leer, vio que decían: ‘YO SOY LA VIRGEN DE CARIDAD’”.