16/01/2026
✒️ | La gravedad de la muerte una mañana de viernes
🇨🇺😔 Hoy, mientras observaba a los familiares de Orlando Osoria López, otra vez me asaltó la sensación del gran absurdo que es la muerte. La pérdida te rompe en añicos. Queda poco de uno. El cuerpo funciona en modo automático. Comes para no desfallecer. Caminas por reflejo. Miras, pero todo se resume a manchones y sombras. Siempre me destroza un poco cuando tropiezo con personas en tal profundo duelo, porque yo también he estado así y tú también has estado ahí.
🇨🇺😔 Faltaban cinco minutos para que comenzara el acto dedicado a la memoria de los caídos en Venezuela. Sobre la Plaza de la Vigía se elevaba el murmullo que precede a cuando un montón de público intenta acomodarse en un pequeño espacio. Desde las siete y pico de la mañana, cuando el sol no se había desperezado, las personas comenzaron a agruparse en el lateral del Sauto: bibliotecarios, profesores, estudiantes, tipos serios, amas de casa, administradores, tipos alegres con semblantes serios, funcionarios.
🇨🇺😔 Los familiares estaban en la primera fila de este cuadro compacto; pero ellos no se encontraban allí. Se escondían dentro de sí, lejos del barullo y el molote. Había frío y muchos de los presentes bajaban la cabeza para defenderse de las ráfagas provenientes de la bahía de Matanzas; sin embargo, ellos lucían más como si un peso los reclinara. La fuerza de gravedad y las formas de lo grave hacen que asumamos las mismas posturas. Una mujer recostaba su mejilla al hombro de un muchacho, como si necesitara apoyo para no derrumbarse sobre el asfalto.
🇨🇺😔 Las consignas se sucedían y ella trataba de alzar una pequeña bandera de Cuba, pero realizaba el gesto a medias. El brazo no lograba tomar el impulso para elevarse. Trataba de seguir los lemas, de repetirlos, pero sus labios no terminaban de armar una palabra por completo. Imperialismo era el Impe… La Gloria la glo…El honor un suspiro quedo. No importa si el motivo de la marcha del hijo, del hermano, del padre se deba a la más nobles de las causas, donde se jugaron dignidades de los pueblos, o que se haya apostado los huesos y el alma al deber y haya perdido, resulta complejo de procesar la muerte.
🇨🇺😔 El muchacho sobre el que se sostenía llevaba puesto un nasobuco. Quizá como el rictus de la boca quedaba oculto, resaltaban tanto sus ojos. Los párpados hinchados, medio caídos, con una aureola roja alrededor de ellos. Se notaba el llanto. Se notaba que el llanto acabó y llegó lo que le prosigue a este: el vacío. Cuando arribas a ese estado la humanidad te sobra. Tú te sobras a ti mismo. Sin embargo, él estaba ahí – por lo menos parte de él – y trataba ser sostén de otro ser humano.
🇨🇺😔 Tal vez todos los matanceros allí expectantes, esos que debieron poner en pausa su viernes, estaban allí para eso para sostener un dolor ajeno. Así tal vez, si se repartía un poco entre todos, le tocaría menos a cada uno.
🇨🇺😔 Acababa de comenzar la procesión. En el centro de los portalones del Teatro Sauto colocaron el osario de Orlando, a ambos lados están las fotos de los otros 31 caídos, en el fondo hay un gran telón negro. La gente pasa frente a los restos. Los regios militares saludan. La gente normal observa la urna por un momento y se sobrecoge. ¿Recordarán su propia mortalidad? ¿Escucharán las campanadas que suenan cada vez que una mujer o un hombre parten?
🇨🇺😔 El padre de Orlando, un señor encorvado, atraviesa lento el tramo donde descansa su hijo. Lleva un sombrero y un abrigo deportivo. Parece cansado, como quien ha vivido mucho y creía que ya había encarado todo el dolor que le tocaba y ahora le corresponde la última pena: la ida de un hijo. A cierta edad uno no aguanta bien los golpes de la suerte. Quizá le quede de consuelo, pobre consuelo, pero aún consuelo, que se fue mientras defendía un ideal que él concebía puro.
🇨🇺😔 El desfile continuará toda la mañana. Lo absurdo de la muerte seguirá en pugna con la dignidad inherente al deber. Los familiares regresarán a sus rutinas en los próximos días, como puedan, en automático, existirán en las siguientes semanas porque no les queda otro remedio. Pasará mucho tiempo antes de que puedan levantar cabeza. Tal vez algo semejante le ocurra al país. Nada regresa a la normalidad cuando ya no están con nosotros 32 hermanos.
✍️ Por Guillermo Carmona Rodríguez
📷 Raúl Navarro