01/03/2026
"Pese a que las amenazas no ayudaron, me sacaste de la cama, me llevaste al balcón y allí me dejaste solo, en camisón, ante la puerta cerrada". Este fragmento de Carta al Padre (1919) captura la esencia del terror infantil de Franz Kafka. Años después, lo atormentaba la idea de que aquel hombre gigantesco —su padre, la autoridad última— pudiera sacarlo de la cama sin razón alguna para dejarlo a la intemperie; para Franz, él no era más que una nulidad frente a ese gigante.
La estatua de Kafka en Praga, obra de Jaroslav Róna y ubicada tras la casa de su infancia, materializa este trauma: un gigante sin cabeza, una estructura imponente pero vacía. Aunque esta misiva de más de cien páginas —objeto de estudio para psicólogos y psicoanalistas— confiesa su incapacidad de vencer el miedo al compromiso, sus logros literarios son innegables. La resiliencia de Kafka es el testimonio de que el trauma, aunque deje cicatrices, no impide materializar los sueños ni alcanzar la cima de la creación.
Carta al Padre, me refuerza la herramienta que utilizamos en psicoterapia, con la que instamos a escribir. Es una manera de ver lo que sentimos y pensamos. Es una forma de "desahogo" en la que no espero respuesta; sin embargo me deja analizar lo que nos sucede internamente. Un texto recomendado para quien este interesado en el tema de relaciones padre-hijo.