10/01/2026
En buen dominicano, la Cámara de Diputados, uno de los órganos legislativos llamado a representar la institucionalidad y la solemnidad del congreso, se “cualquerizó”. Lo ocurrido ayer en el hemiciclo distó mucho de un debate legislativo serio: más bien pareció una asamblea improvisada del Partido Revolucionario Moderno (PRM), donde sus dirigentes hablaron sin frenos, sin filtros y sin el mínimo respeto que exige el escenario que ocupaban.
Por un lado, el presidente de la Cámara, Alfredo Pacheco, utilizó el estrado como tribuna partidaria para manifestar su disgusto por las cancelaciones de dirigentes del PRM en la Dirección General de Impuestos Internos (DGII).
Desde su púlpito, en un rol casi de justiciero popular, arengó a favor de las bases de su partido y expresó abiertamente su desacuerdo con el presidente Luis Abinader. En un hecho sin precedentes por la crudeza del lenguaje, llegó incluso a calificar al nuevo director de la DGII, Pedro Porfirio Urrutia, como un “arribista”.
Y HAY MÁS
Por otro lado, el diputado José Luis Rodríguez, representante de la provincia Duarte, conocido más por su silencio que por su labor legislativa, y cuestionado por incumplir con la transparencia de su declaración jurada de bienes, decidió hacer su aparición estelar. Desde el hemiciclo expresó su satisfacción por la destitución de Limber Cruz y Fredy Fernández, a quienes calificó de “hijos de puta”, celebrando además lo que, según él, fue el desmantelamiento de una supuesta mafia en el Ministerio de Agricultura.
Que estas expresiones se produzcan dentro de la Cámara Baja, y no en un mitin político o en un local partidario, evidencia una preocupante degradación del ejercicio legislativo. Declaraciones de esta naturaleza, que bien pudieron hacerse fuera del Congreso, confirman que en el seno del partido de gobierno las cosas no marchan bien.
Lo ocurrido deja al desnudo un distanciamiento entre partido y gobierno, una fractura interna donde las diferencias se ventilan sin pudor, sin disciplina y sin respeto por las consecuencias institucionales. En el PRM, al parecer, lo que hay que decir se dice donde sea… aunque sea a costa de la dignidad del Congreso Nacional.