02/01/2026
SI YO FUERA EL PASTOR… 😈
“Si yo fuera el pastor…”
— el susurro de Absalón
Hay una frase que no nace del llamado, sino de la ambición:
“Si yo fuera el pastor… si yo fuera el líder… yo lo haría mejor.”
Esa voz no siempre grita; muchas veces susurra, se disfraza de “buena intención”, de “preocupación espiritual”, pero en su raíz no busca edificar el altar, sino robar el corazón del pueblo.
La Biblia dice que Absalón robaba el corazón de los hombres de Israel (2 Samuel 15:6). No confrontaba con verdad, sino que seducía con comparación. No cargaba la responsabilidad del trono, pero criticaba desde la sombra. No fue ungido para gobernar, pero se sentía con derecho a hacerlo.
El pastor verdadero no gobierna por popularidad, sino por asignación divina. No se levanta porque tiene seguidores, sino porque fue llamado, formado y quebrantado por Dios. El pastor genuino no dice “mírame”, dice “sígueme mientras yo sigo a Cristo”. No compite, pastorea. No divide, cuida. No alimenta su ego, da su vida por las ovejas.
Absalón quería el trono sin la cruz.
Quería la corona sin el proceso.
Quería el aplauso sin la carga.
Pero el pastor verdadero carga lágrimas que nadie ve, toma decisiones que no todos entienden y permanece fiel aun cuando no es celebrado. Su autoridad no viene de manipular emociones, sino de permanecer bajo autoridad. Porque nadie puede gobernar bien, si antes no ha aprendido a someterse bien.
La iglesia no se edifica con voces que dicen “yo lo haría mejor”, sino con corazones que dicen “¿cómo puedo servir mejor?”.
Donde opera el espíritu de Absalón hay murmullos, bandos y deshonra.
Donde opera el corazón pastoral hay cobertura, corrección en amor y unidad.
DIOS NO UNGE CON REBELDÍA, unge la fidelidad.
No respalda la crítica encubierta, respalda el corazón conforme al Suyo.
Que Dios levante pastores con corazón de David, no con ambición de Absalón.
Pastores que cuiden el rebaño, aunque eso les cueste comodidad, reputación y lágrimas.
Y que también levante una iglesia madura, que honre el llamado, proteja la unidad y discierna las voces que no vienen del cielo.
Porque el verdadero liderazgo no se toma…
se recibe de Dios y se sostiene con integridad.
¿DE VERDAD QUIERES SER “EL PASTOR”?
— Dr. Edgar Joel Colón Casillas