29/12/2025
🚨Andaba con antojo de unos MARISCOS bien servidos, así que me lancé a un lugar medio nice en la CDMX. No era el típico puesto en la esquina, sino un restaurante con su terraza, meseros en uniforme y hasta música en vivo. Pensé: “Va, me voy a dar el gusto.”
Todo iba de lujo: me pedí unas empanadas . El servicio, eso sí, estaba medio lento, pero no le di tanta importancia. Cuando pedí la cuenta, ¡madres!, me llega un total más inflado que un globo de feria.
Ahí fue cuando noté algo raro: me habían clavado un 10% de propina automáticamente. Y no, no era un “sugerido”, estaba ya cobrado y bien marcado en la cuenta. Obvio llamé al mesero:
—Oye, ¿qué onda con esto? ¿No debería decidir yo cuánto dejar de propina?
El vato, medio nervioso, me dice:
—Es que aquí siempre lo hacemos así. Es política del restaurante.
¡Política mis huevos! Les dije que no estaba de acuerdo y que quería que lo quitaran. Para mi sorpresa, el mesero me respondió con un:
—Si quiere, puede hablar con el gerente, pero es lo que hacemos con todos los clientes.
Fui con el gerente y ahí empezó la verdadera lucha. El tipo, con cara de pocos amigos, me intentó justificar que “es lo justo” porque los meseros dependen de la propina. Y yo le dije:
—No me niego a dar propina, pero el servicio ni siquiera fue bueno. Además, esto debería ser voluntario, no obligatorio.
Después de unos minutos de discusión, cedieron y me quitaron la propina. Salí del lugar con una lección clara: en la CDMX, más vale revisar bien la cuenta antes de pagar porque nunca falta quien quiera pasarse de listo.
¿Moraleja? Dejar propina está chido, pero que no te la quieran clavar a la fuerza.