27/11/2025
La cámara se encontró con un ángel.
El ángel afirmó que el narrador estaba destinado a sufrir.
La cámara, intrigada, preguntó cuál había sido su pecado.
El ángel respondió:
—Nacer. Aunque no es un pecado, sino un deseo suyo.
La cámara: —¿Por qué él habría de desear sufrir?
El ángel: —Porque quiere trascender y, por fin, aprender. Te eligió como maestro para mostrárselo.
La cámara, mirando sus propios registros, continuó:
La cámara: —¿Y cómo le enseña el dolor?
El ángel levantó una ceja:
—No le enseño dolor, sino sufrimiento. El dolor es físico y, a veces, inevitable, como dijo Buda. El sufrimiento es mental. Cuando él logre comprender su propio sufrimiento, podrá avanzar en esta vida.
El narrador intervino al escuchar todo aquello:
—Quisiera hablar directamente con ese ángel. ¿Cómo puedo hacerlo?
La cámara: —Tengo sus fotos aquí. Míralo y háblale.
El narrador observó atentamente las imágenes y preguntó:
—¿Qué es lo que aún me falta por aprender? Lo que veo en él es el reflejo de una mente que se aferra, que tortura, que no deja de pensar. A veces siento que mi mente no soy yo… porque yo no me haría eso.
El ángel sonrió, casi divertido:
—Qué bueno que por fin hablemos. Eso de “tu mente no eres tú” suena a alguien que niega su propia esencia. Te falta comprender que el sufrimiento es una señal.
Cuando meditas, no sufres.
Cuando te sumerges en hacer fotos, no sufres.
Cuando escribes o creas, no sufres.
Tu paz aparece cuando estás en el momento presente; tu sufrimiento surge cuando te aferras al pasado que no fue o al futuro que no será.
El narrador reflexionó:
—Entonces me dices que el sufrimiento es una señal para volver al presente mientras creo.
El ángel: —Exacto. Y mientras creas, te superas. El sufrimiento es tu alarma para levantarte el Cu** y hacer lo que te salga de las gónadas… pero hacerlo de verdad.
El narrador sonrió:
—No sabía que los ángeles hablaban así.
El ángel: —A ver… ¿cuántos ángeles conoces?