03/04/2026
El viche no faltó en la mesa manabita durante este Viernes Santo
En este Viernes Santo no podía faltar el sabor del viche en la mesa de los manabitas. Juan Bosco Zambrano y su familia no dejaron pasar la tradición. Como ocurre en muchos hogares de Chone y del norte de Manabí, la fecha volvió a reunirlos alrededor de una olla humeante, donde no solo se cocinaban mariscos, maní y verduras, sino también la memoria de un pueblo que encuentra en su gastronomía una manera de mantener viva su identidad.
En Chone, la Semana Santa no solo se vive desde la fe y el recogimiento. También se siente en la cocina, en el aroma de los ingredientes que hierven lentamente y en las recetas que pasan de generación en generación. El viche, uno de los platos más representativos de la cocina montubia manabita, vuelve a tomar protagonismo en estos días santos, recordando que las tradiciones no se explican únicamente con palabras, sino con sabores que permanecen en el tiempo.
Para Ivette Arteaga Solórzano, de 55 años, ama de casa y comerciante, el viche es mucho más que una sopa: es una expresión profunda de la cultura manabita. Su preparación reúne una diversidad de productos de la tierra y del mar. El maní, ingrediente esencial, se fusiona con yuca, choclo, zanahoria, maduro, achocha, pepino, camote, haba y zapallo. A esa mezcla se suman los mariscos y pescados, entre ellos camarón, cacaño de río, albacora, atún, picudo, cangrejo o guariche, que convierten este plato en un verdadero símbolo de abundancia y tradición.
En la zona norte de Manabí, además, el viche suele llevar bolitas elaboradas con plátano rallado y achiote, rellenas con mariscos y cuidadosamente amasadas para que mantengan su consistencia durante la cocción. Todo empieza con el maní disuelto en agua, base espesa y generosa sobre la que se incorporan poco a poco los vegetales y, finalmente, los mariscos ya sazonados. Así nacen sus distintas variedades: viche de pescado, de camarón, de cacaño, de cangrejo o mixto, cada uno con su sello particular, pero todos con el mismo valor afectivo en la mesa manabita.
Durante la cuaresma y, con más fuerza, entre el Lunes Santo y el Sábado Santo, los restaurantes también lo ofrecen como uno de los platos más solicitados, con precios que van desde los 2 hasta los 6 dólares. Pero más allá de su valor comercial, el viche conserva un precio imposible de medir: el de la tradición. Porque en cada cucharada viaja la historia de las familias que todavía se reúnen para prepararlo, compartirlo y recordar que la identidad de un pueblo también se defiende desde su cocina.