26/11/2025
¿Qué sería de un pueblo si pierde el respeto que lo sostuvo por generaciones?
Amig@s, hoy mientras caminaba me vino el recuerdo cómo empezaban las mañanas en nuestro querido Gualaceo de antes. Mi abuelo “José” salía al portal, apoyaba el bastón, y saludaba a cada vecino con una calma que hoy parece de otro tiempo. No decía mucho, pero cada palabra caía con el peso exacto: “buenos días, vecinito”, “con su permiso”, “¿cómo amaneció?”. Mi padre “Luis Muñoz” hacía lo mismo, con esa sonrisa franca que abría conversaciones, aunque no hubiera urgencia de hablar. Era un ritual sencillo, pero poderoso. Allí, en esos intercambios cotidianos, se transmitía una filosofía entera: respeto, cercanía, calidez.
Crecimos viendo cómo las familias conversaban en la vereda, en la cantina de Don “Lucho Melodio” cómo se pedía ayuda sin miedo y cómo se ofrecía sin condiciones. Las fiestas del pueblo como la del “Patrón Santiago”, y el olvidado “festival del durazno”, los paseos por la orilla del río Santa Bárbara, los mercados llenos de voces y colores… todo funcionaba como un gran tejido donde cada persona era un hilo que se sostenía en los demás. Y ese tejido no se sostenía por normas escritas, sino por esa manera particular de tratarnos con decencia y hablar con cariño, incluso en desacuerdos.
Hoy, cuando el mundo corre a velocidad absurda y la prisa amenaza con comerse la cortesía, ese legado corre el riesgo de diluirse. Por eso son invito a nuestros jóvenes quienes ahora llevan esa antorcha. Son ustedes, quienes deben mantener la calidez en la voz, el respeto en la mirada y la empatía en el gesto. No para repetir lo antiguo por obligación, sino para darle sentido en un tiempo que necesita humanidad tanto como aire.
Porque las tradiciones no sobreviven por nostalgia. Sobreviven cuando alguien decide practicarlas, cuando un saludo sincero se convierte en acto de identidad, cuando un trato amable recuerda que seguimos siendo comunidad.
Y así llego a la reflexión inevitable: si queremos que Gualaceo siga siendo tierra de gente noble, basta con no olvidar lo esencial, la calidez que heredamos únicamente perdura cuando la vivimos.
Milton Muñoz