02/09/2022
"LIBRO DE ACONTECIMIENTOS"
LA ACTIVIDAD COMERCIAL DE ANTAÑO EN CUENCA-1900-50.
(Quinta parte).-
El tejido como manifestación cultural en el Azuay se ha mantenido durante casi dos siglos. A partir de 1835, el tejido de paja toquilla se convirtió en una práctica habitual en la zona Austral, en gran parte como consecuencia de la inestabilidad del nuevo Estado y por la crisis en el descenso de la producción textil, “hasta que se encontró como modo de vinculación de la economía regional al circuito comercial del mercado capitalista mundial a través de la exportación de la cascarilla y de la producción de sombreros de paja toquilla.
Punto importante sobre el tejido de sombreros de paja toquilla, es su presencia dentro de la historia económica ecuatoriana, empieza su exportación a varias partes del mundo desde el siglo XIX; y su principal ruta era Panamá a inicios del siglo XX, y los sombreros estaban destinados a los trabajadores de la construcción del Canal de Panamá; y, segundo, se exportaban a Europa y Norteamérica.
El sombrero de paja toquilla se adaptó a partir del momento, y se convirte en una actividad de desarrollo en la provincia del Azuay, y es cuando el sombrero de paja toquilla se introduce como medio para enfrentar la crisis económica provocada por la conformación del nuevo Estado.
En esa época, las élites criollas buscaban formas para salir de la crisis que dejó la separación de la Gran Colombia. Es así como, el corregidor de Azogues, Bartolomé Serrano, obligó a la población de lo que ahora son las provincias de Azuay y Cañar a trabajar en el tejido. Hasta se llegó a encarcelar a quienes se oponían a aprender en época donde hacia falta trabajo.
La habilidad de los artesanos fue uno de los mayores incentivos para que esta actividad tomara fuerza en Azuay y Cañar. En un inicio, el tejido se desarrolló en las áreas urbanas de Cuenca y Azogues. Surgen asi varios talleres en los cuales se realizaba este oficio por gran parte de la población. Los talleres eran controlados por las élites de la época, quienes poseían el control total de la producción, basado en la necesidad de trabajar de la clase pobre de la región.
Cabe señalar que las mujeres que forman parte de este grupo sufren una condición de explotación económica en el proceso de intermediación en la venta del sombrero, primero por los
recolectores, y segundo, por las casas exportadoras, siendo estas últimas, las más beneficiadas por los altos ingresos que representa las exportaciones del sombrero.
En 1950 está actividad que significaba un buen ingreso para el país y el PIB, tiene una fuerte caida en sus exportaciones.