23/09/2026
𝐌𝐞𝐦𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐟𝐨𝐭𝐨𝐠𝐫á𝐟𝐢𝐜𝐚 | 𝐄𝐧𝐫𝐢𝐪𝐮𝐞 𝐄𝐬𝐩í𝐧 𝐘é𝐩𝐞𝐳 𝐣𝐮𝐧𝐭𝐨 𝐚 𝐎𝐬𝐰𝐚𝐥𝐝𝐨 𝐂𝐚𝐫𝐫𝐢ó𝐧: 𝐮𝐧𝐚 𝐟𝐨𝐭𝐨𝐠𝐫𝐚𝐟í𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐦𝐞𝐦𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐦𝐮𝐬𝐢𝐜𝐚𝐥 𝐞𝐜𝐮𝐚𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚𝐧𝐚.
Enrique Espín Yépez (Quito, 1926 – México D. F., 1997) junto a Oswaldo Carrión, en la Universidad de las Américas, en Cholula, Puebla, México, durante un homenaje realizado al maestro Espín Yépez por Sue Sacharías Carrera, luego de una intervención de destacados artistas en un teatro mexicano.
La fotografía pertenece al archivo personal del Lic. Oswaldo Carrión Ortega, autor del libro Lo mejor del siglo XX, quien generosamente comparte con nosotros esta imagen histórica, que permite evocar uno de los momentos de la trayectoria internacional de uno de los músicos ecuatorianos de mayor formación académica.
Enrique Espín Yépez tuvo una formación excepcional. Durante la década de 1940 pasó por Quito el célebre violinista polaco-mexicano Henryk Szeryng, considerado uno de los grandes intérpretes del violín del siglo XX, quien lo invitó a continuar sus estudios en México, donde ejercía como profesor. Espín Yépez llegó a estudiar en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y tuvo entre sus maestros a Manuel M. Ponce, uno de los principales compositores mexicanos y figura fundamental del movimiento nacionalista de ese país, cuya influencia también se reflejaría en su obra.
En 1947 regresó al Ecuador y fue nombrado profesor de violín del Conservatorio de Quito. Paralelamente desarrolló una importante actividad artística junto al Cuarteto Quito, y su violín quedó registrado en numerosas grabaciones de la época, acompañando a figuras como Benítez y Valencia y Eduardo Brito, entre otros destacados intérpretes.
Su trayectoria trascendió el ámbito de la interpretación. Se desempeñó como Director Nacional de Educación Musical, desde donde impulsó la incorporación de la música como asignatura obligatoria en escuelas y colegios, y participó además en la fundación de la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador.
En 1952, durante el gobierno de José María Velasco Ibarra, el joven Espín Yépez —que entonces tenía apenas 25 años— llamó la atención del mandatario, especialmente por ser el autor del célebre pasillo “Pasional”. Velasco Ibarra le otorgó una beca para perfeccionar sus estudios en Bonn, Alemania. Años más tarde, durante el quinto velasquismo, fue designado Cónsul del Ecuador en México, país en el que desarrollaría buena parte de su extraordinaria trayectoria profesional.
Espín Yépez fue considerado heredero de la tradición pedagógica de Henryk Szeryng en la técnica de ejecución del violín, así como depositario de su célebre violín Cerrutti, fabricado en 1810. Esta relación con el maestro polaco-mexicano lo llevó a crear la Fundación Szeryng, espacio destinado a la formación de jóvenes violinistas. En 1993 organizó el Primer Festival de Violín Henryk Szeryng, acontecimiento que continuó impulsando hasta los últimos años de su vida. También se desempeñó como director técnico de la Orquesta Sinfónica del Estado de México, de la que fue fundador, y como profesor de violín del Conservatorio de la Ciudad de México.
Uno de los acontecimientos más significativos de su trayectoria fue el estreno mundial del ballet La Chola María, realizado en México el 8 de diciembre de 1993. La obra fue promovida por la bailarina ecuatoriana Patricia Aulestia, con texto de Jorge Icaza, escenografía de Oswaldo Guayasamín y música de Enrique Espín Yépez, quien incorporó su Rapsodia ecuatoriana para piano y orquesta, compuesta en Alemania en 1955.
El legado musical de Enrique Espín Yépez comprende obras como Suite del yaraví, Danza en mi menor, Rapsodia ecuatoriana, Sinfonía, Preludio y variaciones para piano y orquesta, Poema sinfónico Cuicocha y el Himno de la Gratitud al Maestro, con letra de Pablo Hanníbal Vela.
En el ámbito de la música popular dejó, además, algunos de los pasillos más recordados del repertorio ecuatoriano: “Pasional”, “Confesión”, “Noches sombrías”, “Nostalgias”, “Serenata”, “Imposible”, “Invocación” y “Aquella noche”. También compuso el albazo “Solito”, con letra de Luis Nieto, y dejó canciones inéditas como “Como el último amor”, con letra del poeta Carlos de la Torre Reyes; “Alma blanca”, dedicada a la niña Sue Zacharias Carrera; “Púchicas, caray”, con letra del destacado actor ecuatoriano Jorge Fegan Pólit; y el albazo “Plenitud”, entre otras composiciones.
𝐀𝐫𝐜𝐡𝐢𝐯𝐨 𝐟𝐨𝐭𝐨𝐠𝐫á𝐟𝐢𝐜𝐨: Lic. Oswaldo Carrión Ortega
: historia e identidad musical.