07/06/2026
| En estos días, los portales que rodean al Parque Calderón se llenan de los tradicionales dulces de Corpus Christi.
La historia de los dulces de Corpus está muy ligada a la religión. Fueron las monjas las que trajeron los dulces a Cuenca, cuando los españoles llegaron a fundarla, en 1557. Así lo relató la Arquidiócesis de la ciudad en una exposición de 2020.
Con esa teoría coincide la investigadora gastronómica Nidia Vázquez. La elaboración de los dulces era, al principio, "un privilegio de los conventos de las monjas", explica ella en una publicación del Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares (CIDAP).
También era un privilegio "de personas particulares relacionadas con las comunidades religiosas y con la clase alta y la nobleza", añade el documento.
Según las investigaciones del historiador Juan Martínez Borrero, las monjas entregaban los dulces a los fieles que llegaban a adorar a la imagen del Santísimo Sacramento, que es precisamente el centro de la celebración del Corpus Christi o Septenario.
Se volvió una costumbre obsequiar los dulces en esas fiestas, relata Vázquez en su libro. Era un símbolo de amistad y una muestra de que habían participado en el Septenario.
Aunque las religiosas cuidaban celosamente sus recetas, en algún momento, los dulces empezaron a elaborarse fuera de los conventos.
Las familias también crearon sus propias recetas, mezclando los sabores originales, muchos traídos de España, con ingredientes locales. Así nacieron las más de 60 variedades de dulces de Corpus Christi que tiene Cuenca. Vía Primicias.