13/07/2026
UTN:
Generaciones de profesionales al servicio del pueblo
Por Fausto Giraldo
En julio de 1986, Ibarra escribió una de las páginas más importantes de su historia: la creación oficial de la Universidad Técnica del Norte.
Pero aquella conquista no nació de la casualidad. Años antes, trabajadores, artesanos y transportistas habían levantado una aspiración profundamente humana: que sus hijos pudieran estudiar una carrera universitaria sin abandonar su tierra. A esos hombres y mujeres hay que reconocerlos como promotores de una lucha social por la educación.
El 18 de julio de 1986, por Ministerio de la Ley, la Universidad Técnica del Norte alcanzó su reconocimiento legal y autonomía. Al frente de la institución se encontraba el doctor Antonio Posso Salgado, su primer rector.
Desde entonces, la UTN ha graduado treinta y seis generaciones de profesionales, sin contar a quienes se formaron durante su etapa inicial como extensión universitaria.
Son miles de licenciados, ingenieros, administradores, contadores, enfermeros y profesionales de distintas áreas que hoy sostienen instituciones, empresas y actividades productivas en Imbabura, Carchi, Esmeraldas, Sucumbíos, el norte de Pichincha y todo el Ecuador.
Muchos emprendieron. Crearon negocios. Generaron empleo. Otros llevaron su conocimiento a diferentes países y continentes. De sus aulas también surgieron líderes de la gestión pública, autoridades de elección popular y profesionales que han ocupado responsabilidades en gobiernos locales, instituciones del Ejecutivo, Legislativo, consejos, superintendencias y otros espacios de decisión nacional.
Entonces vale una pregunta para Ibarra e Imbabura:
¿Qué habría sucedido si la Universidad Técnica del Norte nunca se hubiese creado?
Probablemente, miles de jóvenes de familias trabajadoras no habrían accedido a la educación superior. Hubo un tiempo en que estudiar una carrera significaba viajar a Quito, endeudar a los padres o, simplemente, renunciar al sueño universitario.
La UTN cambió esa historia.
Hoy sus aulas reciben estudiantes de distintos orígenes económicos, sociales y étnicos. Allí, la educación continúa siendo una posibilidad concreta de movilidad social y transformación de vidas.
Ninguna institución humana es perfecta. La crítica responsable es necesaria. Pero otra cosa es el insulto sin pruebas, la acusación fácil o el intento de utilizar el prestigio de una universidad para construir protagonismos personales o políticos.
Que sea la historia la que juzgue a la Universidad Técnica del Norte.
Que hablen los padres que vieron graduarse a sus hijos. Que hablen los profesionales que encontraron una oportunidad laboral. Que hablen quienes crearon empresas, generaron empleo y cambiaron el destino de sus familias gracias a la educación.
La gratitud y la ingratitud también forman parte de la conducta humana. Pero el aporte de una institución no se mide por el ruido de sus detractores, sino por las vidas que ayudó a transformar.
Salud por las generaciones de profesionales que han honrado un lema que jamás debería cambiar: “Ciencia y Técnica al Servicio del Pueblo”.
Porque cuando la educación sirve al pueblo, no solamente entrega títulos, construye futuro.