21/08/2026
✨ LA BENDICIÓN QUE MI ABUELITA HACÍA SOBRE SUS HERRAMIENTAS PARA QUE NUNCA FALTARA EL TRABAJO
Mi abuelita decía:
“Nunca le pidas a Dios abundancia sin antes agradecer y bendecir aquello con lo que te ganas el pan.”
Porque detrás de cada moneda que llega a casa hay algo que muchas veces olvidamos:
unas manos cansadas, horas de trabajo y una familia esperando que el esfuerzo alcance.
Por eso, cuando comenzaba una nueva etapa o sentía que el trabajo estaba estancado, hacía una antigua costumbre.
En un rociador colocaba un poco de agua florida y una ramita de canela, y lo dejaba reposar durante siete días.
Después tomaba aquello con lo que se ganaba la vida: sus herramientas, su uniforme o algún objeto representativo de su trabajo, y rociaba ligeramente alrededor.
Ponía sus manos sobre sus herramientas y decía:
“Señor, hoy pongo mi trabajo en Tus manos.
Bendice estas manos que todos los días se esfuerzan para llevar el pan a casa.
Que mis manos sepan producir, mi mente tenga sabiduría para decidir y mi esfuerzo encuentre personas que sepan valorarlo.
Abre las puertas que llevan demasiado tiempo cerradas.
Que lleguen clientes, oportunidades y trabajo honrado.
Aparta de mí el desánimo cuando las cosas estén difíciles y dame fuerzas para volver a intentarlo cuando algo no salga como esperaba.
Que nunca falte sustento en mi hogar, alimento en nuestra mesa ni dignidad en la manera de conseguirlo.
Y cuando llegue la prosperidad, Señor, no permitas que olvide cuánto te pedí esta oportunidad.
Amén.”
Después comenzaba su jornada como cualquier otro día.
Y mi abuelita siempre terminaba diciendo:
“No bendigas tus herramientas para que trabajen por ti… bendícelas para recordar que mientras tengas unas manos dispuestas a trabajar, todavía tienes con qué volver a empezar.”