07/06/2026
EXPEDIENTE PROHIBIDO #001
Tres años de guerra y los cabecillas siguen libres
La pregunta que muchos ecuatorianos se hacen
Han pasado más de tres años desde que el Estado ecuatoriano declaró una guerra frontal contra el crimen organizado. Desde entonces, el país ha presenciado operativos militares, estados de excepción, allanamientos masivos, capturas de cientos de sospechosos y un despliegue sin precedentes de fuerzas de seguridad.
Sin embargo, una pregunta sigue resonando en las calles, en los barrios golpeados por la violencia y en las familias que han perdido seres queridos:
¿Por qué algunos de los principales cabecillas señalados por la ciudadanía continúan ejerciendo influencia mientras el país sigue contando mu***os?
Mientras los comunicados oficiales destacan armas decomisadas, vehículos retenidos y capturas de integrantes de bajo y mediano rango, la percepción en muchos sectores del Ecuador es que las estructuras criminales continúan operando, extorsionando, asesinando y controlando territorios enteros.
Una guerra con miles de víctimas
El Ecuador pasó de ser considerado uno de los países más seguros de América Latina a convertirse en uno de los más violentos de la región.
Las cifras de homicidios, secuestros y extorsiones han golpeado a provincias enteras. Familias destruidas, comerciantes obligados a pagar vacunas, jóvenes reclutados por bandas criminales y ciudades que viven bajo el miedo forman parte de una realidad que ya no puede ser ignorada.
La promesa fue clara: recuperar el control del país.
Pero la pregunta sigue vigente:
¿Se está derrotando realmente a las organizaciones criminales o simplemente se está combatiendo a sus niveles más bajos?
Los peones caen, los jefes permanecen
Diversos operativos han terminado con la captura de sicarios, microtraficantes, transportistas de droga y miembros de células operativas.
Sin embargo, numerosos ciudadanos denuncian que los nombres que durante años han sido señalados como los verdaderos articuladores de las estructuras criminales continúan siendo mencionados en distintos territorios.
La percepción popular es contundente:
"Caen los soldados, pero los generales siguen libres."
Si esa percepción es correcta, surge una interrogante inevitable:
¿Por qué después de años de guerra los principales líderes continúan siendo asociados al control de ciertos territorios?
El fenómeno de la infiltración
La historia del crimen organizado demuestra que las organizaciones más peligrosas no sobreviven únicamente gracias a las armas.
Sobreviven gracias al dinero.
Y el dinero abre puertas.
Cuando una estructura criminal acumula millones de dólares, comienza a buscar algo mucho más valioso que el control de una calle: el acceso a instituciones.
La infiltración puede adoptar múltiples formas:
- Corrupción de funcionarios.
- Compra de información privilegiada.
- Influencia sobre procesos administrativos.
- Financiamiento de actores políticos.
- Intimidación de autoridades.
- Redes de protección dentro del aparato estatal.
En ese momento, la lucha deja de ser exclusivamente policial y se convierte en una batalla por la integridad de las instituciones.
¿Tiene el Estado capacidad para derrotarlos?
Esta es posiblemente la pregunta más incómoda.
El Estado ecuatoriano posee miles de policías, miles de militares, sistemas de inteligencia, cooperación internacional y recursos tecnológicos.
Entonces, ¿por qué persiste la sensación de que ciertas estructuras criminales continúan operando?
Existen varias posibles respuestas:
- Falta de pruebas judiciales suficientes.
- Procesos de investigación complejos.
- Corrupción institucional.
- Limitaciones operativas.
- Redes criminales con capacidad económica extraordinaria.
Pero mientras estas explicaciones son debatidas, la violencia continúa cobrando vidas.
La factura que paga el ciudadano
Cada as*****to tiene un rostro.
Cada comerciante extorsionado tiene una familia.
Cada joven reclutado representa una oportunidad perdida para el país.
Mientras las estructuras criminales mantienen capacidad operativa, el costo lo pagan los ciudadanos comunes que trabajan, emprenden y luchan por sobrevivir.
Ellos no viven en informes estadísticos.
Viven en barrios donde el miedo se volvió rutina.
Las preguntas que siguen sin respuesta
Tres años después del inicio de esta guerra, el país merece respuestas claras:
- ¿Cuántas organizaciones criminales han sido realmente desarticuladas?
- ¿Cuántos líderes de alto nivel han sido capturados y sentenciados?
- ¿Qué territorios han sido recuperados permanentemente?
- ¿Qué instituciones han sido depuradas?
- ¿Qué medidas se han tomado para impedir la infiltración criminal?
Porque una guerra no se mide únicamente por la cantidad de operativos realizados.
Se mide por los resultados obtenidos.
Conclusión
El Ecuador enfrenta uno de los desafíos más complejos de su historia reciente.
La lucha contra el crimen organizado no puede limitarse a los titulares, a los operativos televisados o a las estadísticas de corto plazo.
La verdadera prueba consiste en determinar si las estructuras criminales están perdiendo poder o si simplemente están adaptándose para sobrevivir.
Mientras existan territorios donde los ciudadanos perciban que los cabecillas continúan ejerciendo influencia, la pregunta seguirá abierta.
Y hasta que esa pregunta sea respondida con resultados concretos, millones de ecuatorianos seguirán preguntándose:
¿Tres años de guerra han sido suficientes para debilitar al crimen organizado o los verdaderos jefes siguen moviendo los hilos desde las sombras?
Expedientes Prohibidos continuará investigando.