16/04/2026
. UNA DÉCADA DEL 7.8
QUE SACUDIÓ Y CONMOVIÓ A
Ha pasado una década desde aquel fatídico sábado en que un terremoto de magnitud 7.8 sacudió las entrañas de las provincias de y . La traged¡a dejó una huella imborrable: 668 fallec¡dos, más de 6,000 her¡dos y miles de familias que lo perdieron todo en menos de un minuto.
Para los manabitas, el recuerdo permanece intacto. Aquellos 58 segundos de pán¡co y oscuridad se sintieron eternos; gr¡tos desesperad0s y sirenas de ambulancias que marcaron el inicio de una pesad¡lla. Aunque el epicentro fue en Pedernales, donde se registró la mayor cantidad de víct¡mas, ciudades como Manta sufrieron un panorama devastador, especialmente en su corazón comercial.
Uno de los puntos más crít¡cos fue el centro comercial Felipe Navarrete. En plena víspera del año escolar, el local "Todo en Papelería" estaba abarrotado de padres e hijos. Nadie imaginó que la estructura se convertiría en una trampa de concreto.
Allí mur¡eron 92 personas y 31 fueron rescatadas con vida tras intensas jornadas de búsqueda lideradas por bomberos de todo el país.
"Dios me dio otra oportunidad". Entre los sobrevivientes está Yadira Reyes, quien entonces combinaba su labor como percha en el local con su vocación de bombera voluntaria. Su relato es estremecedor.
"Todo se movía. Intenté llegar a las cajas para salir, pero las escaleras estaban colapsadas. Cuando el edificio cayó, el techo quedó a escasos centímetros de mi rostro", recuerda Yadira.
En la oscuridad, la desesperac¡ón era total. Al lado de Yadira, su supervisor luchaba por liberarse hasta que dio su último suspiro. Cerca de sus pies, una mujer embarazada le suplicaba que, si lograba salir, se llevara a su pequeña hermana. Sin embargo, lo que más le desgarró el alma fue escuchar a unos niños pedir helado entre los escombros; su madre, en un acto de amor desesperado, les prometió que irían por uno si tan solo lograban quedarse dormidos.
Yadira sobrevivió manteniendo la calma y racionando fuerzas. Al ser rescatada, los médicos descubrieron que tenía tres bolígrafos incrustadøs en su espalda. Hoy, ella ve su vida como un regalo divino.
Esta conmemoración se marca con la inauguración de un memorial en honor a las víct¡mas en Manta, misa campal en Portoviejo y actos solemnes en Pedernales. Sin embargo, para los sobrev¡vientes y familiares, no hay monumento que llene el vacío en la mesa ni ceremonia que reemplace el abrazo de los que se fueron aquel 16 de abril.
Diez años después, el 16A no es solo una fecha en el calendario, es una cicatriz que late en el pecho de todos.