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17/03/2026

📢 ¿Conoces una historia de vida que merece ser contada?
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🌿 ¡Que las historias de Palora y Ecuador no se pierdan!

Título: La Anciana Pascualita y la canoa Misky Nua: la historia triste que nació en los ríos de la AmazoníaEn lo profund...
14/03/2026

Título: La Anciana Pascualita y la canoa Misky Nua: la historia triste que nació en los ríos de la Amazonía

En lo profundo de la selva de Pastaza, donde los ríos son los caminos y los árboles parecen tocar el cielo, existía hace muchos años un pequeño lugar escondido entre la vegetación espesa. Allí no había grandes carreteras ni ruido de ciudad. Solo se escuchaba el canto de los pájaros, el sonido de los insectos por la noche y el correr constante del río que alimentaba la vida de todos.

En ese lugar vivía una familia humilde pero muy trabajadora.

La mujer de la casa se llamaba Pascualita Toshiba, quien con el paso del tiempo sería conocida por todos como la anciana Pascualita. Pero antes de que su cabello se volviera blanco y su mirada se llenara de nostalgia, Pascualita fue una mujer llena de energía, risas y sueños.

Su esposo era Ángel Shiad, un hombre fuerte, de piel tostada por el sol de la Amazonía, callado pero muy sabio. Ángel era conocido entre los vecinos porque tenía manos de artesano. Sabía trabajar la madera como pocos, y cada cosa que hacía parecía tener alma.

La pareja tenía dos hijos: José, el mayor, y Pedro, el menor.

José era un muchacho responsable, serio, siempre pensando en ayudar a sus padres. Desde pequeño aprendió a sembrar yuca, a cuidar los cultivos de cacao y a pescar en el río con paciencia.

Pedro, en cambio, era travieso y soñador. Siempre estaba inventando cosas o haciendo bromas.

Un día Pedro quiso criar patos.

Pero en vez de hacer un corral, los dejó sueltos.

Los patos se metieron en la huerta y se comieron los brotes de maíz.

Ángel lo miró en silencio.

—Pedro… ¿quién soltó los patos?

Pedro respondió con cara inocente:

—Ellos querían conocer el mundo, papá.

José soltó una carcajada.

—Más bien querían comerse nuestra comida.

Y Pascualita, desde la cocina de leña, gritó riéndose:

—¡Este muchacho un día va a vender los patos en la feria antes de que crezcan!

La familia vivía de una pequeña finca amazónica. Allí sembraban todo lo que la tierra les permitía.

Cultivaban:

yuca

plátano verde

cacao

naranja

papaya

guaba

Cada semana cosechaban lo que podían para venderlo en la feria de un pequeño pueblo cercano.

Pero para llegar a ese pueblo había que viajar por el río.

Y por eso, un día Ángel decidió construir algo especial.

Una canoa.

Buscó un árbol grande y resistente en la selva. Con paciencia lo cortó y comenzó a tallarlo.

Día tras día trabajó la madera.

Pedro siempre estaba mirando curioso.

—Papá —preguntó un día— ¿esa canoa nos va a llevar hasta la ciudad?

Ángel sonrió.

—Nos llevará a donde el río quiera.

Cuando terminó la canoa, Pascualita le preguntó:

—¿Y cómo se va a llamar?

Ángel miró a su familia y dijo:

—Se llamará Misky Nua.

José preguntó:

—¿Qué significa?

Ángel respondió:

—Significa “canoa dulce”.

Pedro se rió.

—¿La canoa tiene azúcar?

—No —respondió Ángel—. Es dulce porque lleva a mi familia.

Desde entonces la canoa Misky Nua se volvió el orgullo de la familia.

Todos los viernes por la noche preparaban lo que venderían en la feria.

Pascualita organizaba los canastos con cuidado.

—José, trae las naranjas.

—Pedro, deja de comerte las papayas.

Pedro siempre decía:

—Solo estoy revisando si están dulces.

A las cinco de la mañana del sábado bajaban al río.

La neblina cubría el agua.

Ángel acomodaba todo en Misky Nua.

Los canastos llevaban:

yuca recién cosechada

plátanos verdes

cacao seco

huevos

gallinas

Pedro siempre quería vender cosas raras.

Un día llevó chontacuros.

—¡Proteína amazónica! —gritaba en la feria.

José se moría de vergüenza.

—¡Pedro! ¡Eso son gusanos!

Pero un turista compró todos.

Pedro caminaba orgulloso.

—¿Ven? Soy comerciante internacional.

Pascualita reía tanto que le salían lágrimas.

Los sábados eran días felices.

La gente decía:

—¡Llegó la familia de la canoa Misky Nua!

Pero un sábado cambió todo.

El cielo estaba oscuro.

Había llovido toda la noche.

El río bajaba fuerte.

José miró la corriente.

—Papá… el río está peligroso hoy.

Ángel observó el agua.

—Llegaremos rápido —dijo.

Subieron todos a la canoa.

Misky Nua comenzó a avanzar por el río.

El agua golpeaba fuerte.

El viento movía las hojas de los árboles.

Pedro remaba nervioso.

—Papá… esto no me gusta.

De repente una corriente fuerte golpeó la canoa.

Los sacos se movieron.

José gritó:

—¡Cuidado!

Otra ola chocó contra la madera.

La canoa perdió equilibrio.

Y en un segundo terrible…

Misky Nua se volcó.

El río gritó.

El agua arrastró todo.

Los sacos.

Las frutas.

La canoa.

La familia.

Pascualita luchó con todas sus fuerzas.

Buscó a sus hijos.

Gritó desesperada.

—¡José!
—¡Pedro!
—¡Ángel!

Pero el río era demasiado fuerte.

Horas después el río la dejó en una orilla lejana.

Cuando despertó…

estaba sola.

El río de la Amazonía se había llevado a su esposo y a sus dos hijos.

El pueblo entero lloró la tragedia.

Durante días buscaron en el río.

Pero la selva guarda lo que decide guardar.

Días después encontraron Misky Nua atrapada entre unas raíces.

Golpeada.

Silenciosa.

Como si también estuviera triste.

Pascualita caminó hasta el río.

Tocó la madera.

Y lloró.

Pero después sonrió un poco.

Porque recordó las bromas de Pedro.

Recordó a José trabajando con su padre.

Recordó a Ángel construyendo la canoa.

Desde ese día Pascualita quedó sola en su pequeña casa de la selva.

Los años pasaron.

Su cabello se volvió blanco.

Su caminar lento.

Pero nunca dejó de contar la historia de su familia.

La historia de Ángel, el hombre que construyó la canoa.

La historia de José, el hijo responsable.

La historia de Pedro, el muchacho travieso que quería vender gusanos.

Y la historia de Misky Nua, la canoa dulce.

Hoy, muchos años después, en comunidades cercanas de Pastaza todavía se cuenta esta historia.

La historia de la anciana Pascualita.

Dicen que algunas noches, cuando el río suena fuerte y la neblina baja sobre el agua, parece escucharse una risa.

La risa de Pascualita recordando a su familia.

Porque en la Amazonía dicen algo muy sabio:

“El río puede llevarse una canoa… pero nunca se lleva el amor de una madre.” 🌿🚣‍♂️💔

13/03/2026

EN PALORA ESTÁ LA DELICIOSA Y RICA PITAHAYA QUE MARAVILLOSO

ESTA ES LA HISTORIA DE CÉSAR ALBERTO MASABANDA MASABANDA, EL HOMBRE QUE EN EL CANTÓN PALORA FUE CONOCIDO POR TODOS COMO ...
11/03/2026

ESTA ES LA HISTORIA DE CÉSAR ALBERTO MASABANDA MASABANDA, EL HOMBRE QUE EN EL CANTÓN PALORA FUE CONOCIDO POR TODOS COMO VÍCTOR MASABANDA, TAMBIÉN LLAMADO CON CARIÑO “DON PESCADO”

En el corazón profundo del oriente ecuatoriano existe un lugar donde la naturaleza parece haber sido pintada con los colores más vivos de la vida. Un lugar donde las mañanas se despiertan con el canto de las aves, donde la neblina baja suave entre las montañas y donde el verde de la selva parece no tener fin. Ese lugar es Palora, conocido por muchos como el Edén de la Amazonía, tierra orgullosa del té y de la pitahaya, un cantón pequeño pero lleno de historias humanas que han marcado generaciones.

Entre todas esas historias hay una que el pueblo recuerda con especial cariño, una historia sencilla pero profunda, una historia que no habla de riquezas ni de fama, sino de algo mucho más importante: la bondad de un ser humano.

El protagonista de esta historia fue un hombre cuyo nombre verdadero era César Alberto Masabanda Masabanda, nacido el 16 de diciembre de 1952. Sin embargo, para casi todos los habitantes de Palora, ese nombre formal no era el que resonaba en las calles. Para ellos él era simplemente Víctor Masabanda, el vecino amable, el hombre que siempre saludaba, el que nunca negaba una ayuda, el que tenía una sonrisa lista incluso en los días difíciles.

Algunos vecinos también lo llamaban con un apodo que nació entre bromas y cariño: “Don Pescado”. Nadie recuerda con exactitud cómo empezó aquel apodo. Tal vez por alguna historia graciosa del barrio, tal vez por un comentario de algún amigo, tal vez porque el mismo Víctor se reía de sí mismo y lo aceptó con humor. Lo cierto es que cuando alguien gritaba en la calle “¡Ahí viene el vecino pescado!”, todos sabían que hablaban de él, y él mismo respondía con una sonrisa que iluminaba su rostro.

La vida de Víctor Masabanda en Palora es una de esas historias que parecen haberse tejido lentamente con el paso de los años. Curiosamente, nadie sabe con certeza en qué año exacto llegó al cantón. Algunos dicen que apareció cuando el pueblo aún estaba creciendo, otros aseguran que llegó muchos años antes de que el estadio se volviera el punto central del barrio. Lo que sí se sabe es que no llegó solo.

Llegó acompañado de la mujer que sería el amor de su vida, Zoila Esperanza Álvarez, una mujer fuerte, trabajadora y llena de talento para la confección de ropa deportiva. Juntos comenzaron una vida humilde, sin grandes lujos pero con una riqueza que muchas veces vale más que el dinero: una familia unida.

Con el paso de los años el hogar se fue llenando de risas, de voces infantiles, de mochilas escolares, de platos en la mesa y de historias cotidianas. La pareja tuvo nueve hijos, cada uno con su personalidad, con sus sueños y con su propio camino en la vida. Sus nombres quedaron grabados en la historia familiar: Sonia Masabanda, Diego Masabanda, Víctor Masabanda, Mariela Masabanda, Marcelo Masabanda, Jasmin Masabanda, Abigail Masabanda, Héctor Masabanda y Henry Masabanda.

Criar nueve hijos nunca fue una tarea fácil. Había días en los que el dinero apenas alcanzaba, días en los que el cansancio se acumulaba después de largas jornadas de trabajo. Pero a pesar de todo, la casa de los Masabanda siempre estuvo llena de algo que no se compra ni se vende: amor, respeto y unión.

Víctor comenzó trabajando en la Compañía Ecuatoriana del Té, un trabajo duro que requería esfuerzo físico y constancia. El té de Palora era reconocido en la región y los campos verdes parecían interminables. Allí aprendió a levantarse temprano, a soportar el sol y la lluvia, a trabajar con disciplina. Pero su camino laboral no terminaría allí.

Con el paso del tiempo comenzó a trabajar para el Gobierno Municipal de Palora, convirtiéndose en un servidor del pueblo. Aunque también realizaba trabajos como jornalero en el campo, ayudando donde fuera necesario, cargando sacos, limpiando terrenos o colaborando con quien lo necesitara.

La casa familiar estaba ubicada en un lugar muy especial: justo frente al Estadio Lacocha. Ese estadio no era solo un espacio deportivo; era un punto de encuentro, un lugar donde el pueblo se reunía, donde los jóvenes jugaban fútbol, donde los vecinos compartían risas y conversaciones.

Y fue precisamente allí donde Víctor Masabanda se convirtió en una especie de leyenda local.

Aunque no era entrenador oficial ni parte del equipo directivo, los jugadores lo consideraban parte del alma del estadio. Él ayudaba a abrir las puertas cuando era necesario, colaboraba con los organizadores y, sobre todo, cumplía una función que los deportistas apreciaban enormemente.

Era el encargado de llevar agua de panela.

Pero no cualquier agua de panela.

Los jugadores decían que el agua de panela de Víctor Masabanda era perfecta. Ni muy dulce ni muy simple. Justo en su punto exacto. Después de correr durante el partido, los futbolistas se acercaban sedientos y él aparecía con su jarra.

—Tomen muchachos —decía con una sonrisa—, esto les va a devolver la energía.

Un jugador una vez bromeó diciendo:

—Don Víctor, usted debería abrir un negocio de bebidas energéticas.

Él respondió riendo:

—¿Bebidas energéticas? ¡Esto es receta amazónica!

Las carcajadas llenaron el estadio.

Por eso muchos lo llamaban en broma “el director técnico” del barrio, aunque nunca dirigió un equipo oficialmente. Su presencia era suficiente para animar a todos.

Pero su bondad no se limitaba al estadio.

Una vez, durante una fuerte temporada de lluvias, la casa de un vecino se inundó. El agua entró de repente y la familia estaba desesperada. Sin pensarlo dos veces, Víctor fue uno de los primeros en llegar. Ayudó a sacar muebles, a limpiar el barro y a rescatar lo poco que se podía salvar.

Cuando el vecino quiso agradecerle con dinero, él respondió:

—No se preocupe, vecino… mañana me invita un cafecito y quedamos en paz.

Otra ocasión se enteró de que una familia del barrio estaba pasando hambre porque no tenían trabajo. No lo anunció a nadie, no buscó reconocimiento. Simplemente llegó con un plato de comida.

Ese era el tipo de persona que era.

Mientras tanto, su esposa Zoila continuaba trabajando como artesana en confección de ropa deportiva, creando uniformes que muchos jóvenes del cantón utilizaban para jugar fútbol. Sus manos habilidosas se convirtieron en parte importante de la vida deportiva de Palora.

Pero la vida trajo un desafío inesperado.

El clima húmedo de Palora comenzó a afectar su salud. Los médicos recomendaron un cambio de ambiente, un lugar con otro tipo de clima. Después de pensarlo mucho, la familia tomó una decisión difícil: Zoila debía mudarse a Quito para cuidar su salud.

Esa decisión separó físicamente a la pareja después de más de veinte años juntos, pero el amor nunca desapareció. Víctor continuó trabajando en Palora mientras ella vivía en la capital. Se visitaban cuando podían, manteniendo viva la relación que habían construido con tanto esfuerzo.

Los años siguieron pasando y finalmente llegó el momento de la jubilación. Hace ocho años dejó oficialmente su trabajo en el municipio y comenzó a recibir su pensión. A pesar de eso, nunca dejó de ser parte activa del barrio.

En los últimos tiempos su salud empezó a deteriorarse. Problemas cardíacos comenzaron a preocupar a la familia. Las visitas al hospital se hicieron más frecuentes.

Una de sus hijas estaba estudiando en Argentina, y cuando supo que su padre estaba grave, regresó inmediatamente para verlo.

Dicen que cuando él la vio, sus ojos se iluminaron. Fue un momento lleno de emoción. Tal vez su corazón se llenó demasiado de sentimientos en ese instante.

Poco después ocurrió lo inevitable.

Un paro cardíaco.

El 9 de marzo de 2026, el hombre que durante décadas fue conocido como Víctor Masabanda dejó este mundo.

La noticia recorrió todo el cantón. Vecinos, deportistas, amigos y conocidos sintieron un profundo dolor. Muchos derramaron lágrimas, porque sabían que personas como él son difíciles de encontrar.

Hoy, 11 de marzo de 2026, descansa en paz en el cementerio de Palora, el mismo pueblo que lo vio caminar por sus calles, ayudar a sus vecinos y repartir sonrisas durante tantos años.

Quizás nadie vuelva a preparar el agua de panela exactamente igual. Quizás nadie vuelva a ocupar su lugar frente al estadio con la misma alegría.

Pero su legado permanece en su familia, en sus hijos, en cada vecino que recuerda su sonrisa y en cada jugador que alguna vez bebió aquella famosa agua de panela.

Porque hombres como César Alberto Masabanda Masabanda, el querido Víctor Masabanda, el inolvidable Don Pescado, no desaparecen realmente.

Siguen viviendo en la memoria de su pueblo.

Ecuador bajo el gobierno de Daniel Noboa: crónica de un país en caída libreEra un lunes soleado cuando Daniel Noboa asum...
10/03/2026

Ecuador bajo el gobierno de Daniel Noboa: crónica de un país en caída libre

Era un lunes soleado cuando Daniel Noboa asumió la presidencia de Ecuador. Nacido en Estados Unidos, hijo de una familia adinerada dueña de una de las mayores bananeras del país, Daniel llegó al poder con la imagen de un político joven, moderno y lleno de promesas. Sin embargo, la realidad que pronto se desplegó distaba mucho de cualquier ideal democrático.

Desde el primer día, su administración se centró en consolidar el poder de su familia sobre las infraestructuras clave del país. Los puertos de Guayaquil, Esmeraldas y Manta, antes regulados por autoridades estatales, pasaron a estar bajo control directo de empresas vinculadas a los Noboa. Los funcionarios que se resistían eran despedidos o trasladados, mientras que quienes cooperaban recibían jugosos contratos y sobornos. El comercio legal comenzó a resentirse: contenedores de productos básicos tardaban semanas en salir, mientras que envíos de la empresa familiar fluían sin inspección.

El pueblo ecuatoriano pronto comenzó a notar que las promesas de desarrollo eran solo una fachada. Los hospitales carecían de medicinas, las escuelas funcionaban a media máquina y las calles de muchas ciudades se llenaban de basura. Mientras tanto, Daniel y su círculo íntimo disfrutaban de mansiones lujosas, yates, aviones privados y fiestas que eran noticia en los portales internacionales de entretenimiento.

Uno de los actos más polémicos fue la decisión de Daniel de perdonarse a sí mismo y a su familia millones de dólares en impuestos. La deuda que sus empresas tenían con el Estado, acumulada durante décadas, desapareció de un plumazo. La noticia provocó indignación: ciudadanos que pagaban cada centavo de sus impuestos veían cómo la élite se libraba de toda obligación. En un acto público, Daniel declaró:

> “Es tiempo de modernizar Ecuador y empezar de cero. Mi familia ya contribuyó lo suficiente en el pasado. Ahora el país necesita avanzar.”

Pero para muchos, estas palabras sonaban huecas. La percepción de que su gobierno era un régimen dictatorial creció cada día. La persecución política de opositores se convirtió en rutina: líderes de partidos rivales eran investigados por corrupción inventada, periodistas críticos desaparecían de los medios o eran atacados con campañas de difamación, y ONG defensoras de derechos humanos cerraban bajo presión del Ejecutivo.

Los ciudadanos empezaron a llamar a Daniel “el marco dictador”, un título que circulaba en las redes sociales y en conversaciones privadas. Las protestas eran sofocadas por fuerzas de seguridad alineadas con el gobierno, mientras que los canales de comunicación oficiales presentaban la imagen de un país próspero y en orden.

A nivel internacional, la situación también levantó alarmas. Europa y organismos multilaterales notaron un aumento sospechoso de exportaciones desde Ecuador, especialmente de productos que podrían ocultar operaciones ilícitas. Sin embargo, cualquier investigación se encontraba con trabas legales, burocráticas y políticas que Daniel controlaba con mano firme. Los puertos, antes puntos de comercio seguro, se convirtieron en centros de envío donde el contrabando y la corrupción prosperaban sin freno.

Mientras tanto, la vida cotidiana de los ecuatorianos se volvió cada vez más difícil. La inflación subía, los precios de alimentos y servicios básicos se disparaban, y los empleos formales escaseaban. Las noticias sobre la riqueza ostentosa de los Noboa contrastaban con la pobreza y precariedad que se veía en las calles. Los mercados informales crecieron, y los pequeños comerciantes luchaban por sobrevivir mientras los grandes negocios de la familia continuaban expandiéndose sin control.

Pero Daniel no solo se preocupaba por la riqueza y el poder: también tenía un talento especial para manipular la narrativa. En televisión y redes sociales, se presentaba como un presidente moderno, eficiente y cercano al pueblo. Documentales sobre su “gestión innovadora” mostraban imágenes de niños felices en escuelas remodeladas y carreteras recién pavimentadas, ignorando los barrios olvidados y los hospitales desabastecidos.

A medida que pasaban los años, la historia de Daniel Noboa se convirtió en caso de estudio para analistas políticos y sociólogos: un país donde la riqueza privada y el control absoluto del poder gubernamental habían llevado a la decadencia institucional y al descontento popular.

El gobierno de Daniel era, en apariencia, brillante y moderno; en realidad, era un juego de poder sin controles, donde las leyes se aplicaban solo a quienes no pertenecían a su círculo, la justicia se vendía al mejor postor y la desigualdad alcanzaba niveles extremos. Ecuador se había transformado en un laboratorio de corrupción, concentración de riqueza y manipulación política, todo bajo el mando de un joven presidente que priorizaba su familia y su fortuna por encima del bienestar de millones de ciudadanos.

Al final, la historia que contaban los libros sería irónica: un país rico en recursos, cultura y talento, que había caído en manos de un gobierno que parecía progresista pero que, en realidad, destruyó las bases de su propio desarrollo, dejando una lección clara sobre los peligros del poder absoluto y la falta de rendición de cuentas.

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07/03/2026

CENTINELA DEL ORIENTE RUMBO A PALORA ECUADOR

06/03/2026

PALORA SU HISTORIA COMO PUEBLO DE GENTE HUMILDE Y TRABAJADORES

🌿 “Palora Renace: Es Tiempo de una Alcaldesa Diferente” 🌿Mensaje de Gabriela Ortiz, precandidata a la Alcaldía del Cantó...
03/03/2026

🌿 “Palora Renace: Es Tiempo de una Alcaldesa Diferente” 🌿
Mensaje de Gabriela Ortiz, precandidata a la Alcaldía del Cantón Palora

Queridas familias de nuestro hermoso cantón Palora, en la provincia de Palora, tierra bendita de la provincia de Morona Santiago:

Hoy no les hablo solo como autoridad, les hablo como mujer palorense, como hija de esta tierra, como vecina del casco urbano que camina por las mismas calles que ustedes, que compra en los mismos negocios y que escucha, de frente, las necesidades del pueblo.

Soy Gabriela Ortiz, actualmente concejala de nuestro cantón, y durante estos años he estado del lado de la ciudadanía. He fiscalizado, he levantado la voz cuando ha sido necesario y he acompañado cada pedido justo de nuestra gente. Porque cuando uno ama su tierra, no puede quedarse callada frente a lo que no está bien.

Palora merece más.
Merece orden, merece transparencia, merece progreso real.

Por eso he decidido presentar mi precandidatura a la Alcaldía, no por ambición política, sino por convicción profunda de servicio.

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🌱 ¿Qué Palora quiero construir junto a ustedes?

1️⃣ Transparencia total y rendición de cuentas

Publicación mensual de ingresos y gastos municipales en redes y asambleas abiertas.

Creación de una oficina de participación ciudadana donde cualquier vecino pueda revisar proyectos y presupuestos.

Cabildos abiertos trimestrales en el casco urbano y en comunidades rurales.

El dinero del pueblo es del pueblo. Y el pueblo tiene derecho a saber cómo se invierte.

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2️⃣ Reactivación económica y apoyo al pequeño comerciante

Como concejala he visto cómo muchos emprendedores luchan solos. Eso debe cambiar.

Programas de capacitación gratuita para emprendedores y agricultores.

Ferias productivas permanentes para impulsar productos locales.

Apoyo directo al sector agrícola, especialmente a nuestros productores de pitahaya y frutas amazónicas.

Gestión de convenios con instituciones financieras para créditos accesibles.

Palora es productiva. Solo necesita una administración que impulse, no que detenga.

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3️⃣ Obras que sí se vean y se terminen

No más promesas a medias.

Plan integral de mantenimiento vial urbano y rural.

Mejoramiento del sistema de agua potable en sectores que aún tienen deficiencias.

Recuperación y mantenimiento de parques y espacios públicos.

Iluminación LED en barrios para mayor seguridad.

Las obras no deben ser para la foto. Deben ser para la gente.

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4️⃣ Juventud con oportunidades

Nuestros jóvenes no pueden seguir pensando que la única opción es irse del cantón.

Convenios con institutos y universidades para capacitaciones técnicas.

Espacios deportivos y culturales activos.

Programas municipales de primer empleo y pasantías.

El futuro de Palora está en nuestros jóvenes.

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5️⃣ Seguridad y orden

Trabajar de la mano con la Policía Nacional y organizaciones barriales.

Implementación de alarmas comunitarias.

Gestión para más patrullaje.

Iluminación estratégica en sectores vulnerables.

La seguridad no es un discurso, es una prioridad.

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🌺 Una alcaldesa cercana, no lejana

Quiero ser una alcaldesa diferente.
Una alcaldesa que no se encierre en una oficina.
Una alcaldesa que camine los barrios.
Que escuche.
Que responda.
Que trabaje.

He demostrado como concejala que estoy del lado del pueblo. Y lo seguiré estando.

No vengo a criticar por criticar, pero sí a decir con responsabilidad que Palora necesita un cambio firme y valiente. Nuestro cantón no puede seguir estancado mientras otras ciudades avanzan.

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🤝 Gobernar de la mano del pueblo

Mi compromiso es claro:

Puertas abiertas.

Decisiones participativas.

Cero favoritismos.

Trabajo en equipo con comunidades rurales y casco urbano.

Prioridad a las necesidades reales, no a intereses políticos.

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🌄 Palora puede más

Palora es turismo, es agricultura, es cultura, es gente trabajadora y noble.
Somos el corazón productivo de nuestra provincia.
Y merecemos una administración que esté a la altura de nuestra grandeza.

Hoy les pido que soñemos juntos.
Que construyamos juntos.
Que hagamos historia juntos.

Porque cuando una mujer valiente decide servir con honestidad, el pueblo florece.

Con humildad, con firmeza y con amor por esta tierra, les digo:

Estoy lista para servir. Estoy lista para trabajar. Estoy lista para que Palora renazca.

🌿 Gabriela Ortiz
Precandidata a la Alcaldía del Cantón Palora
“Una alcaldesa diferente, un futuro diferente.”

🌳 Estalin Tzamarenda: El hombre que nació en la selva y decidió gobernarla 🌳La historia de Estalin Abran Tzamarenda Nayc...
01/03/2026

🌳 Estalin Tzamarenda: El hombre que nació en la selva
y decidió gobernarla 🌳

La historia de Estalin Abran Tzamarenda Naychapi comienza en el corazón de la Amazonía ecuatoriana, en el cantón Palora, provincia de Morona Santiago, una tierra conocida por su riqueza natural, su producción agrícola y el carácter fuerte de su gente. Nació en un entorno donde la naturaleza no es paisaje decorativo, sino maestra diaria. Desde pequeño creció viendo cómo el trabajo duro era la única vía segura para salir adelante.

Su infancia estuvo marcada por la sencillez. En su hogar no sobraba nada, pero tampoco faltaba dignidad. Aprendió a valorar el esfuerzo viendo a su familia levantarse antes del amanecer para atender cultivos y obligaciones. En Palora, los niños no solo juegan; también ayudan. Desde temprano entendió el significado de responsabilidad. Ese aprendizaje silencioso forjó su disciplina y su manera directa de enfrentar la vida.

En la escuela fue constante, aplicado y respetuoso. No era conflictivo, pero tampoco indiferente. Observaba las desigualdades, las limitaciones del sistema y las necesidades de su cantón. Mientras crecía, comenzó a notar que muchas decisiones importantes sobre su territorio se tomaban lejos, en ciudades donde pocos entendían la realidad amazónica. Esa sensación sembró en él una inquietud: la necesidad de que la voz de Palora tuviera más fuerza.

Durante su juventud decidió formarse académicamente con la idea de adquirir herramientas para servir a su comunidad. Comprendió que el liderazgo sin conocimiento puede quedarse en buenas intenciones, pero que la preparación técnica abre puertas reales de gestión. Estudió con enfoque en administración y asuntos públicos, desarrollando una visión más estructurada sobre cómo funcionan los gobiernos locales, cómo se manejan los presupuestos y cómo se ejecutan proyectos.

Al regresar a su entorno con mayor preparación, no buscó protagonismo inmediato. Se integró en procesos comunitarios, colaboró en organizaciones locales y comenzó a involucrarse en dinámicas de participación ciudadana. Fue ganando experiencia en el manejo de conflictos, en la coordinación de grupos y en la planificación de pequeñas iniciativas. En territorios como Palora, el liderazgo se construye paso a paso, con hechos visibles y coherencia sostenida.

Su decisión de participar directamente en la política municipal surgió de una combinación de convicción y respaldo comunitario. No apareció de la nada; fue el resultado de años de presencia activa en la vida local. Cuando presentó su candidatura a la alcaldía, lo hizo con propuestas centradas en fortalecer la producción agrícola —especialmente la pitahaya, símbolo económico del cantón—, mejorar el acceso a servicios básicos, impulsar infraestructura vial y modernizar la administración municipal.

La campaña fue intensa. Recorrió comunidades rurales, dialogó con agricultores, escuchó a comerciantes y jóvenes. La cercanía fue su principal estrategia. En un cantón donde las relaciones son directas y personales, la confianza no se compra, se construye. Finalmente logró el respaldo necesario y asumió la alcaldía del Gobierno Autónomo Descentralizado Municipal de Palora.

Ya en funciones, enfrentó la realidad compleja de gobernar. El presupuesto limitado contrastaba con las múltiples necesidades. Cada decisión implicaba priorizar: agua potable, alcantarillado, mantenimiento de vías, apoyo al sector productivo, gestión ambiental. Gobernar en la Amazonía exige equilibrio; no se puede hablar de desarrollo sin considerar la protección del entorno natural.

Su administración estuvo marcada por proyectos orientados a mejorar infraestructura básica y fortalecer la economía local. También participó en espacios de representación institucional, defendiendo los intereses de Palora ante organismos municipales y regionales. La gestión pública, sin embargo, nunca es completamente armoniosa. Hubo cuestionamientos, debates y momentos de tensión política, algo inevitable cuando se administra lo público.

Uno de los episodios más duros de su vida fue la muerte violenta de su hermano, un hecho que tuvo repercusión pública. Esa tragedia lo impactó profundamente. En ese momento se mezclaron el dolor familiar y la responsabilidad institucional. Expresó públicamente su exigencia de justicia, mostrando una faceta humana que recordó a la ciudadanía que detrás del cargo existe una persona que también sufre pérdidas.

Con el paso de los años, su figura se consolidó como la de un líder local con identidad amazónica. No se convirtió en un político de alcance nacional ni buscó protagonismo mediático fuera de su territorio. Su influencia se concentró en Palora, en la administración directa de su cantón y en el fortalecimiento de su estructura municipal.

Su historia no es la de una carrera meteórica en la política nacional, sino la de un proceso gradual de crecimiento desde la base comunitaria hasta la máxima autoridad cantonal. Es la trayectoria de alguien que nació en la selva, entendió sus desafíos, se preparó para enfrentarlos y asumió la responsabilidad de dirigir su propio territorio.

Desde su niñez en un hogar trabajador hasta su etapa como alcalde, la vida de Estalin Tzamarenda refleja un recorrido marcado por esfuerzo, formación, liderazgo local y momentos personales difíciles que influyeron en su carácter. Su nombre quedó inscrito en la historia reciente de Palora como parte de una generación de dirigentes amazónicos que buscaron fortalecer la autonomía y el desarrollo de sus cantones.

Así, su historia completa se entrelaza con la de su tierra: verde, desafiante, resiliente y profundamente comunitaria.

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