28/08/2026
Del muro de Portoviejo. ✨ LA ESQUINA DONDE PORTOVIEJO REZABA, CORRÍA Y RECORDABA✨
A veces, querido amigo, querida amiga, basta una sola foto para que la nostalgia salga a flote… y eso pasa cuando uno piensa en las calles Sucre y Ricaurte, ese rinconcito donde la vida de Portoviejo parecía caminar más despacio. Usted se acuerda, ¿verdad? Allí donde la iglesia de los Capuchinos levantaba su fachada humilde, firme, como diciendo “aquí estoy”. Detrás quedaba la escuelita San Francisco de Asís, donde más de uno aprendió a leer, a rezar… y a soñar. Y al frente, el parque central, siempre lleno de golondrinas, risas y ese olor a pan recién hecho que salía del bar de la esquina. ¡Qué tiempos, Dios mío…!
En esas calles, usted podía ver de todo: niños jugando a las escondidas entre la catedral y el reloj, señoras entrando a misa con su rosario en la mano, estudiantes corriendo porque el profesor, ese famoso “Zorro Alvarado”, ya estaba en la puerta con su varita mágica. Muchos hicieron allí su primera comunión, otros se santiguaban antes de ir a la Tiburcio Macías, y algunos, como la entrañable Luz Herminia, no perdían una sola misa. Era un Portoviejo sencillo, bonito, sin apuros… donde uno podía caminar tranquilo, levantar la vista y sentir que la ciudad lo abrazaba.
Hoy, donde estuvo la iglesia, se levanta el Pasaje Portoviejo, casi con el mismo diseño, como un homenaje silencioso a lo que fuimos. Y aunque ya no está la farmacia de Angelito Pérez ni el bar de los mejores panes de almidón, la memoria sigue ahí… intacta. Porque esas calles no solo guardan edificios: guardan infancia, guardan familia, guardan historias que todavía nos hacen sonreír cuando las contamos. Y sí… también guardan esa nostalgia que llega profundamente.
¿Usted qué recuerda de las calles Sucre y Ricaurte? ¿Alguna travesura, una misa, un maestro, un olor, una esquina? Cuéntelo aquí abajo y etiquete a quien compartió esos días con usted… que esta memoria es de todos.