01/09/2026
|| El Gobierno de Daniel Noboa quiso convertir el regreso de José Serrano al Ecuador en una victoria política. Apenas el exministro llegó al país, el presidente publicó “Lo dijimos, lo cumplimos”, mientras desde su Gobierno se recordó que Noboa había prometido que Serrano sería “extraditado”. El mensaje era evidente: presentar su llegada como una promesa cumplida por el Ejecutivo.
Pero hay un enorme detalle que golpea ese relato: Estados Unidos informó que José Serrano fue deportado por sus autoridades migratorias. Es decir, el procedimiento que finalmente permitió su salida de territorio estadounidense no fue la culminación de una extradición ejecutada por Ecuador, sino una deportación realizada por Estados Unidos.
Y la diferencia no es un simple juego de palabras. Extraditar y deportar son procedimientos jurídicamente distintos. Una extradición implica la entrega de una persona mediante un proceso entre Estados por requerimientos judiciales; una deportación responde a una decisión migratoria del país que ordena la salida del extranjero.
Ecuador sí había movido acciones judiciales relacionadas con Serrano y existía un pedido para impulsar su extradición dentro del denominado caso Magnicidio FV. Sin embargo, eso no convierte automáticamente su posterior deportación en una extradición. Estados Unidos terminó sacándolo de su territorio mediante la vía migratoria.
La contradicción resulta todavía más incómoda porque la ministra de Gobierno, Nataly Morillo, celebró públicamente que Noboa había prometido que Serrano sería extraditado y sostuvo que “cumplió”. Mientras tanto, desde Estados Unidos se utilizó claramente otra palabra para describir lo ocurrido: deportación.
Entonces, ¿qué exactamente fue lo que “cumplió” Noboa? El Gobierno puede destacar las gestiones realizadas por Ecuador y la captura de Serrano una vez que aterrizó en territorio nacional, pero atribuirse políticamente como una extradición lo que terminó siendo una deportación estadounidense distorsiona lo que realmente ocurrió.
José Serrano llegó a Ecuador y deberá responder ante la justicia por el proceso que enfrenta. Eso es un hecho. Pero también lo es que Estados Unidos lo deportó y Ecuador lo recibió. Una cosa es aprovechar políticamente su regreso y otra muy distinta cambiarle el nombre al procedimiento para fabricar una victoria gubernamental.
Al final, el intento de sacar pecho terminó abriendo una pregunta bastante incómoda para Carondelet: si fue Estados Unidos quien deportó a Serrano, ¿por qué el Gobierno de Noboa pretende vender su llegada como el gran “lo cumplimos”?