12/03/2026
🚫 NO ENTRES A LA CASA DE LOS NOBI. LA INFANCIA ESTÁ MU**TA ALLÍ ABAJO. 🚫
La cinta comienza. Yo solo buscaba nostalgia, un video rápido para el canal. Pero en cuanto pisé el vestíbulo, el olor me golpeó. No olía a hogar; olía a sudor viejo, a moho rancio y a sueños olvidados que se pudrían en la oscuridad.
Caminé por los pasillos estrechos, esquivando el desorden. No había risas. Solo el zumbido eléctrico de las bombillas gastadas. Vi la ropa tirada por todas partes, como si los amigos de Nobita hubieran huido con prisa. Una gorra de Suneo rota en una esquina. Una camiseta manchada de Gigante.
Y entonces las vi. En el piso de madera podrida. Sus ropas. Shizuka. Su uniforme pulcro, ahora una mancha rancia. Y debajo de un calcetín... sus bragas, blancas, amarillentas, un trofeo repugnante de la perversión de alguien, un recordatorio de que la pureza fue la primera víctima en este agujero ma***to.
De pronto, una masa azul cruzó la luz de mi linterna. Algo gordo, pero se movía mal, como una muñeca mecánica rota. 'Doraemon...', susurré. No dijo nada. Sus ojos no tenían pupilas, solo dos cuencas negras que me odiaban con una intensidad fría. No era el mismo. Se dio la vuelta y subió corriendo las escaleras, el metal de sus patas chirriando contra el parqué podrido.
Lo seguí. Llegué al cuarto de arriba. El colchón estaba en el piso, manchado de fluidos oscuros, sábanas que no se habían cambiado en años. Y en el centro... una masa de carne. Era Nobita. Sobrevivió al cáncer, sí. Pero la enfermedad y las cirugías le quitaron los brazos y las piernas. Solo quedaba un torso y un torso rumiando veneno. Sus ojos, enrojecidos y llenos de maldad pura, se clavaron en mí. Estaba vivo por rencor. Un loco atrapado en su propia bilis.
Abrió la boca, pero no salió voz. Salió un grito metálico que me reventó los tímpanos. Y entonces llamó a su "amigo". Una cosa salió de la oscuridad, de debajo de la litera desvencijada. Una criatura de pesadilla, negra, con cuernos, un hocico lleno de dientes de sierra. Abrió sus bocas, Coronel, sí, plural, cuencas de dientes y hambre, y se abalanzó hacia mi garganta. Casi me atrapa.
Salté por la ventana del cuarto de atrás, destrozándome los brazos con los vidrios. Corrí por la calle a oscuras, sintiendo el aire frío en la sangre de mi frente. El pánico me cegaba. Saliendo de ahí, solo esperaba que esa cosa no me buscara. Y ahora, Coronel Landa... juro por mi vida que escucho un zumbido eléctrico afuera de la rendija de mi celda...
👇 ¿Tienes el valor para pasar 5 minutos en el cuarto de arriba? 🔥 ETIQUETA en los comentarios al amigo que mandarías por delante para que sea la carnada. 🏃♂️💨 No vayas solo.