04/03/2026
Una madre lo abraza fuerte, como si con sus brazos pudiera protegerlo del mundo entero. Sus manos, cansadas pero firmes, acarician su cabello mientras sus ojos vigilan cada paso que da. Ella ora en silencio por su futuro, por su salud, por sus sueños… aun cuando él no se da cuenta de todo lo que hace por él.
Y el hijo, al crecer, comienza a entender. Comprende que cada consejo fue amor, que cada sacrificio fue protección, que cada desvelo fue una forma de decir “te amo” sin palabras. Entonces aprende a valorar ese abrazo que antes parecía cotidiano, pero que en realidad era un refugio.
Así como una madre cuida lo más preciado de su corazón, Dios cuida lo que más amas. Él envuelve con su presencia aquello que te importa, protege lo que pones en sus manos y vigila con ternura lo que para ti es invaluable.
Porque el amor verdadero protege y Dios es el mayor guardián de ese amor. 🙏✨