03/06/2021
Los artistas y la paternidad
(ensayo)
Esta semana me tomó por sorpresa la declaración de guerra que un querido familiar me hacía por instagram:
"no has trabajado ni un día de tu vida"
Lanzaba en su ataque.
Parto de esta imagen, porque quiero con este ensayo atender un tema álgido y urgente. Ya que con el advenimiento de la ultra derecha, los trabajadores de la cultura no debemos perder la perspectiva de los derechos que como seres humanos y como trabajadores tenemos.
Por favor atender.
He tomado el tema de la práctica artística y la paternidad porque es uno que me duele en el centro. Desde joven yo he sido bastante intuitivo y por ahí de los catorce años, me di cuenta de que la fórmula que había aplicado papá en su proyecto de vida, no necesariamente funcionaría en la mía.
Estaba parado frente al armario en mi cuarto, acababa de regresar del colegio y mientras me ponía un traje de deportes recuerdo que me preguntaba- qué pasa si no encuentro una esposa?
Veía a mi padre trabajar mucho, pero a la vez, sabía que se sentía muy feliz por poder compartir con su pareja y sus hijos.
La vida privada parecía ser la clave para poder equilibrar los desequilibrios del ambiente laboral.
Sin embargo, era posible entender que no todo el mundo tenía hogares en los cuales refugiarse de los ataques del medio de producción, en el que cada centavo es batallado con uñas y dientes por colegas profesionales y obreros.
Digresión:
Un poco de contexto: Después de doce años de gobiernos de izquierda o al menos con intensión de izquierda (2008-2020), ha vuelto con fuerza al Ecuador una teoría política canibalística. Esta que le otorga al mercado una virtud de naturalidad, en el cuál las víctimas y los victimarios son posiciones justamente adquiridas por las capacidades que los individuos tienen de ganar plata. Simple: hay ganadores, pocos, y perdedores muchos. Y entre ambos no se hablan mucho.
Volvamos al texto:
En el caso de los trabajadores de la cultura, la construcción de una vida familiar es un reto bastante grande. Porque los trabajadores de la cultura, en su gran mayoría no gozan de estabilidad. Y sin estabilidad es imposible endeudarse, por lo que es imposible comprar bienes de gran valor como un lugar donde vivir o un vehículo en el que trasladarse.
Quizá por esto, muchos de los trabajadores de la cultura, que logran atravesar los años más difíciles, lo hacen por ser parte de algo que va más allá de ellos: una comunidad a quienes representan.
Han visto como en los videos de música popular campesina en Ecuador, suele agradecerse a la comarca de la cual se es originario? Esto tiene un poco que ver con esa comunidad que es el soporte del artista. Un soporte que da validez a su obra. Es un grupo de personas, cuya cultura, está representada en el arte del artista, y el artista forma parte de esa sociedad, que le permite tener acceso a los mínimos necesarios para la subsistencia, pero en esta subsistencia está considerada también la formación de un hogar.
Un terreno espinoso.
El Ecuador, por su heterogeneidad social está lejos de tener una cultura que pueda englobar a los diferentes pueblos que lo habitan, tampoco así, a las diferentes clases sociales, cada vez más lejanas la una de la otra y tampoco, últimamente, a las identidades de género de la población.
Somos un país pequeño y muy dividido.
Es por eso que cuando emitimos juicios sobre lo que consideramos arte, parte de ese juicio, la mayor parte, vendrá de la amplitud de miras que tengamos sobre la cultura a la que pertenece la persona que lo produce.
Y en este sentido no podemos hablar solamente de una diferencia entre las culturas ancestrales y las culturas urbanas. Porque, por ejemplo, en Quito, mi experiencia en Cotocollao, es muy diferente a la de quien creció en el hiper centro o la de alguien que creció en los valles, o en el sur.
Esto tiene que ver con que nuestro imaginario es distinto: tenemos diferentes preocupaciones en la vida, y diferentes concepciones con respecto a los temas que nos atañen. Observamos el sentido de urgencia de que se atiendan y por lo tanto representen, ciertas problemáticas, desde una óptica distinta.
No ayuda, que carezcamos de medios de comunicación enfocados en la producción cultural local, sobre todo en la nueva producción cultural que no se repite en los cánones de las fórmulas tradicionales, que ya han encontrado sus nichos de mercado y sus usos en la sociedad: como sucede con algunos rasgos del folklore que tienen mucha utilidad en la industria turística.
Como trabajadores de la cultura nos atañe observar esto desde la experiencia. Eso significa que podemos utilizar nuestros fracasos, aún más que nuestras victorias, para situar las fronteras de esas culturas, que constituyen el gran mapa de nuestra sociedad ecuatoriana. Un mapa que puede ayudarnos a ubicarnos mejor en el gran mapa del mercado mundial- en el que quiere que nos insertemos el nuevo presidente.
Con respecto al ambiente familiar, y a la construcción del hogar, como seres humanos, necesitamos poder disfrutar de nuestra vida para poder crear y a la vez tener suficiente salud, física, mental y emocional, para vivir vidas dignas.
Es cuestión de simple justicia, y también es cuestión de simple ignorancia el desconocer los pormenores de un ámbito profesional muchas veces infra valorado, por el poco peso que ha tenido tradicionalmente nuestra industria cultural, en la generación de divisas, dada nuestra estructura comercial de país exportador de materias primas y no lo olvidemos también: tristemente, de mano de obra (es decir de personas).