10/08/2026
Hay gente que puede pasar una vida entera sin levantar la vista al cielo.
Hasta que el suelo se les mueve.
A veces hace falta un golpe —una enfermedad, un adiós que no esperábamos o una crisis que nos desarma— para darnos cuenta de que nuestras prioridades estaban al revés. Lo que ayer nos quitaba el sueño, de pronto, deja de importar.
Quiza el error no es buscar a Dios en la tormenta, sino buscarlo solo cuando nos damos cuenta de que, en realidad, nunca tuvimos el control de nada.
Dios no es una rueda de repuesto para cuando pinchamos, ni un "botón de emergencia" que solo se pulsa cuando todo lo demás falla.
Vivir con fe significa reconocer que Él está ahí cuando todo va bien, cuando la mesa está llena y hay paz en casa, no solo cuando nos ahoga la angustia.
No hace falta que la tierra tiemble para recordar quién nos mantiene en pie.
Como dice el proverbio: «Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas». Vive con esa certeza hoy, no esperes al susto.