14/11/2025
EL MILAGRO EN EL PUÑAY: LA HISTORIA NO CONTADA DE CÓMO LA FE DE UN PUEBLO ENCONTRÓ A LUCAS.
"Solo el pueblo salva al pueblo". Esta frase nunca ha sido más cierta que en los 4 días de angustia que paralizaron a Chunchi y al país. Mientras los mapas, los drones y los comunicados oficiales llenaban el aire, la verdadera hazaña se tejía en el fango, entre la maleza y gracias a una sabiduría que ninguna academia militar puede enseñar: la intuición de los comuneros.
Esta es la historia real de lo que sucedió en el Cerro Puñay.
El Minuto Cero: Una Oración y el Silencio
Domingo, 9 de noviembre. La familia Campaña Herrera, turistas de Quito, terminaba su campamento en el Cerro Puñay, en Chimborazo. Antes de bajar, subieron al "ladito más alto" para tomar unas últimas fotos y hacer una oración. Lucas Gabriel, de 11 años, estaba con ellos, acostado en el césped a solo 2 metros de distancia.
Su madre lo relata con la voz quebrada: "Nos pusimos a orar... Mi Lucas, como estaba acostado, no le exigimos que venga... Y cuando nosotros ya nos dimos vuelta, ya no estaba mi bebé".
La desesperación fue instantánea. Creyeron que se había adelantado. Su hermana bajó corriendo, pero Lucas no estaba. Se había esfumado.
La Búsqueda Oficial: Drones, Mapas y Desesperanza
La alerta activó un protocolo masivo. Más de 100 rescatistas del GOE, GIR, Policía Nacional, Bomberos de Alausí, Chunchi y Riobamba, e incluso unidades K9, establecieron un Puesto de Mando Unificado. El área se dividió en cuadrantes. Desplegaron drones y helicópteros.
Pronto, la montaña empezó a soltar pistas desgarradoras.
El lunes, a las 6 AM, los drones peinaron la zona. Los equipos encontraron un gorrito, un poncho y una funda de gomitas. Más tarde, cerca del sector "El Ensillado", hallaron la mochila, una chompa negra y, finalmente, sus zapatitos.
Su madre, rota de dolor, vio en esto una señal: "Como que fuera dejando rastro".
Los equipos oficiales, como explicó luego un portavoz de bomberos, hicieron lo lógico: concentraron la búsqueda en un radio de 30 a 40 metros alrededor de donde se encontraron las últimas prendas. Peinaron cuevas y senderos principales. Los drones volaban, pero la densa neblina y la vegetación hacían imposible ver el fondo de las quebradas.
Pasaron el lunes, el martes, el miércoles. Cuatro días de búsqueda oficial y sistemática. El resultado: Cero.
La Intuición del Pueblo: "Vamos por este lado"
Mientras la operación oficial se concentraba en la lógica del GPS, un grupo de comuneros y voluntarios de Chunchi sentían algo distinto. Ellos no leían mapas satelitales; ellos "leían" la montaña.
Tenían una huella, una corazonada. Querían desviarse de la ruta marcada, hacia un "bosque virgen", una quebrada profunda que los equipos técnicos habían descartado por su dificultad.
La respuesta oficial fue de rechazo. Como lo cuenta uno de los rescatistas voluntarios en el video del hallazgo: "El Bombero se enojó con nosotros, dice que nosotros estábamos llevando mal". Les dijeron que perdían el tiempo.
Pero la gente del páramo sabe escuchar. Ignorando la orden, ese grupo de héroes anónimos siguió su instinto. "Yo sí le dije, vamos por este lado", se escucha decir al hombre que lideraba al grupo. Se adentraron en la maleza, machete en mano.
El Hallazgo: "¿Qué día es hoy?"
Jueves, 13 de noviembre. En el fondo de una quebrada imposible, bajo un colchón de ramas y lodo, oyeron algo. Y entonces, lo vieron.
Lucas estaba vivo.
Los videos del rescate son la prueba cruda de la verdad. No hay uniformes de gala ni ruedas de prensa. Hay hombres en botas de caucho, empapados, abriéndose paso a machetazos.
Encontraron a Lucas en estado de shock, helado, descalzo ("Llucho Pata", como le dice uno de sus rescatistas) y acurrucado en una "cuevita de tierra" que cavó para sobrevivir.
Lo primero que hicieron no fue un reporte oficial. Fue humanidad.
"¿Sí tiene hambre? Dele", grita uno.
Le quitan sus propias chaquetas para abrigarlo. Le ponen un gorro. Alguien saca una manzana. Otro prepara agua con sal.
"No te preocupes, mijo, ahora estás a salvo. De aquí te sacamos", le dicen mientras el niño tiembla.
Desorientado, después de 4 días solo en la oscuridad de la quebrada, Lucas pregunta: "¿Qué día es hoy?"
Y entonces, cuenta lo que pasó. No fue un misterio. Fue un accidente. "Estaba en la cima... había tipo... otro camino para ir arriba. Pero justo hay una piedra, yo quería ir más arriba. Justo hay una piedra y me caigo".
Lucas, irónicamente, escuchó los drones que lo buscaban. "Sí, sí escuchaba uno", le dice a sus rescatistas. Pero ellos nunca pudieron verlo. Estaba demasiado "bien metido" en esa quebrada.
La Verdadera Hazaña: Gratitud y Honor
El rescate de Lucas es una victoria de la fe y la colaboración. Es un momento para agradecer a todos los que pusieron su granito de arena: a las más de 10 instituciones, a los bomberos, policías, GOE, GIR y personal de gestión de riesgos que desplegaron un operativo masivo y no descansaron. Su esfuerzo, tecnología y sacrificio fueron inmensos y vitales para sostener la búsqueda.
Pero la historia verdadera, la que cuentan los videos desde la quebrada, reserva un lugar de honor para los héroes sin capa: los comuneros y voluntarios de Chunchi.
Ellos fueron quienes, confiando en su instinto de montaña por encima del protocolo, aguantaron el regaño y se metieron "por donde no era". La tecnología peinó la superficie; ellos "leyeron" la tierra. Los videos no mienten: fueron sus manos las que primero lo abrigaron y sus voces las que le dieron el primer aliento.
Mientras el país celebra y las instituciones preparan sus informes, los verdaderos héroes estaban cubiertos de lodo, dándole una manzana a un niño asustado en el fondo de un barranco.
El Ecuador debe reconocer y aplaudir a todas las manos que ayudaron, pero debe grabar en su memoria la hazaña de los voluntarios y comuneros que lideraron el hallazgo. Ellos nos recordaron una lección invaluable: El pueblo unido, salva al pueblo.