17/09/2026
Janeth Bustos pone la prevención en el centro ante los riesgos de El Niño en las zonas rurales de Esmeraldas.
Esmeraldas. — Ante las advertencias sobre la evolución del fenómeno de El Niño y el incremento progresivo de las lluvias en la Costa ecuatoriana, Janeth Bustos puso atención en los riesgos que este escenario representa para las familias, comunidades y sectores productivos de la ruralidad esmeraldeña.
El Inamhi informó el 14 de septiembre que el Litoral ecuatoriano ingresó en una etapa inicial de transición y acoplamiento atmosférico como respuesta a las condiciones cálidas presentes en el océano Pacífico. La institución anticipó que las lluvias comenzarán a presentarse con mayor frecuencia durante las próximas semanas y que las precipitaciones asociadas a El Niño podrían aumentar en intensidad y frecuencia conforme se acerquen noviembre y diciembre.
Durante sus recientes recorridos territoriales, particularmente por comunidades rurales de Muisne, Bustos ha observado el deterioro de caminos que constituyen la conexión cotidiana de productores, estudiantes y familias. Frente a un periodo de lluvias más intenso, estas condiciones incrementan la preocupación por inundaciones, deslizamientos, afectaciones viales y posibles dificultades para movilizar personas, productos e insumos.
La experiencia reciente evidencia la vulnerabilidad de estos territorios. La noche del 8 de marzo de 2026, el desbordamiento de los ríos Canuto, Sucio, Muisne y Repartidero dejó bajo el agua a 11 comunidades de la parroquia San Gregorio. El balance preliminar reportó alrededor de 2.500 personas damnificadas y aproximadamente 1.000 hectáreas de cultivos afectadas, principalmente de cacao.
“Lo que hemos encontrado en territorio demuestra que la prevención no puede comenzar cuando una comunidad ya está inundada o cuando una vía ya colapsó. Hay que identificar anticipadamente dónde están los puntos vulnerables y qué intervenciones pueden ayudar a disminuir el impacto de las lluvias”, señaló Bustos.
A partir de lo observado en territorio, Bustos considera necesario poner sobre la mesa una discusión técnica sobre las acciones preventivas que requiere la ruralidad esmeraldeña. Esto implica identificar y georreferenciar puntos críticos de la red vial, revisar el estado de puentes, badenes y pasos vulnerables y evaluar la capacidad de alcantarillas, cunetas, drenajes y otras obras hidráulicas antes de los periodos de mayor precipitación.
La prevención, señaló, no debería limitarse a las carreteras. También requiere observar los cauces y zonas de drenaje, mantener libres alcantarillas y cunetas, identificar lugares donde pueda producirse acumulación de agua, revisar taludes y sectores expuestos a erosión o socavación y analizar técnicamente el estado de muros y otras estructuras de protección.
Estas acciones forman parte de las medidas que otros gobiernos provinciales y organismos de gestión de riesgos están considerando frente al actual fenómeno de El Niño. En Pichincha, por ejemplo, se han reportado trabajos preventivos de limpieza de alcantarillas, cunetas y riberas, revisión de muros de contención, control de deslizamientos, mingas comunitarias y mecanismos para que la población reporte riesgos.
Para Bustos, otro componente que debe ser analizado es la capacidad de respuesta en territorio. La ubicación anticipada de maquinaria y recursos operativos cerca de zonas críticas puede resultar determinante cuando un deslizamiento, un socavón o el colapso de una alcantarilla amenaza con dejar incomunicada a una comunidad.
“En una emergencia, las primeras horas son fundamentales. Por eso es necesario conocer con anticipación cuáles son las vías más vulnerables, dónde existe maquinaria disponible, cuáles son los puntos que requieren vigilancia y qué comunidades podrían enfrentar mayores dificultades de acceso”, expresó.
La prevención también requiere participación comunitaria. Los habitantes de las zonas rurales conocen los sectores donde históricamente se desbordan quebradas, colapsan alcantarillas, aparecen deslizamientos o se interrumpen caminos. Incorporar esa información al levantamiento técnico de riesgos permite mejorar la identificación de puntos críticos y fortalecer las acciones preventivas.
“No se trata únicamente de reparar después de una emergencia. Tenemos que hablar de prevención: conocer qué alcantarillas tienen problemas de capacidad, dónde falla el drenaje, qué taludes presentan riesgo, qué pasos pueden quedar interrumpidos y cuáles son las vías fundamentales para que una comunidad pueda movilizarse y sacar su producción”, expresó Bustos.
El riesgo tiene además una dimensión productiva. En una provincia donde miles de familias dependen de la agricultura, la ganadería, la pesca y la actividad acuícola, la interrupción de una vía puede significar dificultades para trasladar cosechas, animales, insumos y productos, además de limitar el acceso de las comunidades a servicios esenciales.
Por ello, Bustos sostuvo que la prevención frente a El Niño debe analizarse también desde la protección de la conectividad rural y de los corredores productivos. Identificar anticipadamente las rutas críticas y los sectores con mayor exposición permitiría dimensionar dónde una afectación vial tendría mayores consecuencias sociales y económicas.
“Cuando hablamos de una vía rural no hablamos solamente de kilómetros de carretera. Detrás de esa vía hay familias que necesitan movilizarse, estudiantes que necesitan trasladarse y productores que necesitan sacar sus cosechas. Eso es lo que estamos viendo y escuchando en territorio”, concluyó.