21/07/2026
El aire en Santa Isabel estaba denso, cargado de esa humedad previa a las lluvias torrenciales que suelen castigar la región. Erick y su compañero, dos jóvenes técnicos de la zona, terminaban de ajustar los últimos cables de un sistema de cámaras de seguridad en la tienda principal del sector.
Mientras probaban el ángulo de una de las lentes apuntando hacia el patio interior de la vivienda contigua, una escena en la pantalla de pruebas captó por completo la atención de Erick.
Ahí estaban tres generaciones juntas: Rosa, su madre y la pequeña Lo**ta, su hija. Sentadas en una mesa de madera bajo el alero de chapa, compartían un momento de pura complicidad. Jugaban a paramelamano.
—¡Letra M! —se escuchaba en el audio del monitor—. ¡Nombre, apellido, fruta, ciudad! —¡Para la mano, para la mano! —gritaba la pequeña Lo**ta entre risas, levantando las manos antes que nadie.
Erick sonrió en silencio frente al monitor. Le sorprendió la calidez con la que Rosa abrazaba a su hija y la forma en que su madre se reía de sus ocurrencias. Era un cuadro perfecto de cotidianidad y felicidad sencilla. Erick guardó la prueba de grabación en el sistema sin imaginar jamás que aquella toma casual inmortalizaba el último juego en la vida de Rosa.
La furia de la montaña
Pocas horas después, la noche cayó acompañada de una tormenta implacable. La lluvia no daba tregua y el rugido del río cercano comenzó a mezclarse con un sonido mucho más siniestro: el crujido sordo de la tierra en las laderas.
Sin advertencia previa, la montaña cedió. Un masivo deslave de barro, piedras y vegetación se vino abajo sobre varias viviendas de Santa Isabel Kansama, arrastrando todo a su paso. El caos y los gritos de auxilio se apoderaron del sector en medio de la penumbra.
Erick y su compañero regresaron al lugar al día siguiente, no como técnicos, sino como voluntarios en las labores de rescate. El panorama era devastador. Entre los escombros y el lodo, la noticia cayó con el peso de una piedra: Rosa su mdre no sobrevivió al impacto del deslave. La pequeña Lo**ta había logrado salir con vida milagrosamente, sumidas en un dolor indescriptible.
Un recuerdo eterno
Erick, con el corazón apretado recordó aquella escena de la pequeña Lo**ta. En su mente, Rosa volvía a sonreír, llena de vida, jugando a paramelamano rodeada del amor de Lo**ta, mientras su esposo, Miguel disfrutaba de papitas junto a mi padre 💔
Historias reales.