10/05/2026
RELATO.
Como morador de Tarapoa, siento una profunda indignación al ver cómo pasan los años, cambian las autoridades, se anuncian obras, se firman contratos y, aun así, nuestro pueblo sigue sin desarrollarse como debería. Da coraje ver que se habla de grandes presupuestos, de proyectos millonarios y de supuestas obras para el progreso, pero en la realidad la gente sigue caminando por calles descuidadas, espacios abandonados y lugares que llevan años esperando atención.
Tarapoa es la cabecera cantonal de Cuyabeno, pero muchas veces parece que la tratan como si no importara. Nos prometen cambios, nos muestran diseños bonitos, nos hablan de modernización, pero cuando uno mira alrededor se da cuenta de que todo queda en palabras. El Parque Central, por ejemplo, es una muestra clara de ese abandono. Durante más de diez años fue dejado sin mantenimiento, sin cuidado y sin una verdadera intención de recuperarlo. Luego dijeron que en el 2025 sería reemplazado por una Plaza Cívica moderna, pero hasta ahora seguimos esperando.
Y ahí nace la indignación: ¿cómo es posible que existan recursos, contratos y anuncios de obras, pero el pueblo no vea resultados reales? ¿Cómo es posible que se hable de progreso mientras hay proyectos inconclusos, espacios públicos abandonados y necesidades básicas que siguen sin solución? La gente de Tarapoa merece saber en qué se invierte cada centavo, porque los recursos públicos son del pueblo y deben regresar al pueblo en obras, mantenimiento, servicios y desarrollo.
Duele ver cómo se aprovechan de las necesidades de la ciudadanía para hacer promesas en tiempos convenientes, pero después esas promesas se olvidan. Duele ver cómo se anuncian grandes proyectos mientras los pequeños espacios que usamos todos los días siguen destruidos o descuidados. Un parque, una calle, una cancha, un espacio público también son desarrollo, porque ahí vive la gente, ahí caminan los niños, ahí se reúne la comunidad y ahí se refleja si una administración realmente trabaja o solo aparenta.
Como morador, no pido lujos. Pido respeto para Tarapoa. Pido que las obras se cumplan. Pido que los recursos no se queden en papeles, discursos o contratos que la ciudadanía no ve convertidos en beneficios. Pido que se deje de jugar con la esperanza de un pueblo que lleva años esperando desarrollo verdadero.
Tarapoa no puede seguir siendo utilizada solo para promesas. Tarapoa merece obras reales, autoridades responsables y una administración que entienda que el progreso no se demuestra con anuncios, sino con resultados.