20/01/2026
La vida es una caja de Pandora.
Nunca imaginé que el cáncer y la escritura me convertirían en la autora de mi propia historia.
Este camino no ha sido fácil. Ha estado lleno de miedos, silencios, madrugadas largas, tratamientos que agotaron mi cuerpo y momentos en los que también se cansó el alma. Hubo días de quimioterapia, cirugías, radioterapia, esperas eternas, resultados médicos y batallas internas que nadie veía.
Perdí el cabello, pero gané otra forma de mirarme.
Aprendí a caminar de nuevo por la calle sin esconderme, a sostener las miradas, a no cargar con la lástima ajena. También enfrenté la depresión, ese lugar oscuro donde escribir se convirtió en mi tabla de salvación, en el ancla que Dios usó para que no me rindiera.
Escribí para seguir.
Escribí para sanar.
Escribí porque cuando ya no podía más, Dios me sostuvo a través de las palabras.
Hoy entiendo que de toda cosa mala, Dios puede sacar algo bueno. Nunca pensé que dentro de mí había este talento guardado, y sin embargo, en medio del dolor, Él lo reveló. No elegí esta prueba, pero sí elegí confiar y seguir caminando, aun con miedo.
Hoy miro atrás y reconozco a un cuerpo que resistió y a una mujer que fue sostenida por la fe. No porque fuera fuerte todo el tiempo, sino porque incluso en la debilidad, Dios fue mi fuerza.
Gracias a quienes caminaron conmigo, oraron por mí, me acompañaron en silencio y me sostuvieron cuando no podía sola.
Sigo aquí. Y eso ya es un milagro.
“Escribí para no rendirme”.
Gina MaySanti