14/06/2026
Tiene la mente de una chica promiscua a la que le encantaba darse placer y se imaginaba en el lugar de las chicas que salen en las webs censuradas...
La interiorista
Alina acababa de cumplir treinta. Y lo cierto es que el proyecto que le han propuesto le gustaba. Su seguridad y ese instinto afinado que tiene para transformar espacios ya la habían colocado entre las interioristas con más proyección. Elegía con cuidado sus proyectos, pero este… este tenía algo distinto. La visión del dueño de un pazo gallego la había atrapado desde el primer momento.
Así que no lo dudó. Aceptó mudarse durante el tiempo que durara el encargo y permitió que Andrés, un agente inmobiliario, le buscara piso cerca del Pazo.
Y ahí estaba ahora.
—Creo que este te va a encajar —insistió el agente inmobiliario, con una sonrisa que parecía ensayada.
—Eso mismo dijiste de los otros dos…
—Pero este tiene televisor de plasma, aire acondicionado, electrodomésticos nuevos, baño completo con bañera y ducha… y además —las puertas del ascensor se abrieron con un suave sonido—… bidé. De verdad, es una muy buena opción.
Alina no respondió. Salió al rellano y dejó que su mirada recorriera el lugar mientras el hombre forcejeaba con el llavero.
Era un edificio, como tantos otros en la zona, pero había algo diferente. Tal vez la limpieza, el orden, los pequeños detalles: alfombras cuidadas, macetas con flores, ese aire discreto de sitio habitado con mimo.
—Limpio… incluso ese cenicero en el piso y el cubo… —murmuró casi para sí.
—¿Qué dices? —preguntó Andrés.
—Nada, pensaba en voz alta.
La puerta se abrió al fin.