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22/04/2026

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CRUZ DEL MAR: LOS NOMBRES DE UNA HERIDA ABIERTA
Crimen, memoria y una verdad que nunca se cerró

Por Antonio Leal Aguilar

INTRODUCCIÓN: LO QUE NO SE OLVIDA

Hay hechos que el tiempo no borra.
Los empuja al silencio, pero no los borra.

El 28 de noviembre de 1978, el Atentado del Cruz del Mar segó la vida de siete marineros canarios en aguas del banco canario-sahariano. Entre ellos, un niño de 14 años.

Casi medio siglo después, el dolor sigue intacto.
Porque no hubo justicia.
Y porque, pese a todo, hubo cosas que sí se supieron.

LOS QUE NO VOLVIERON

No eran números.
Eran hombres del barrio.
Gente del mar.

Alfredo R. Marrero, José María Hernández, Agustín Hernández, Amador Hernández, Rafael Salas, Juan Suárez y Sebastián Cañada.

Trabajadores.
Familia.

Vida truncada en una noche de violencia incomprensible.

LOS QUE SOBREVIVIERON… Y HABLARON

Tres hombres vivieron para contarlo:

Manuel Hernández Marrero, Miguel Ángel Rodríguez y Eusebio Rodríguez.

No guardaron silencio.

Declararon ante las autoridades.
Participaron en procesos oficiales.
Y señalaron.

Semanas después del atentado, en diciembre de 1978, fueron llamados a identificar a los asaltantes a partir de los archivos policiales del antiguo Sáhara español.

No fue una impresión.
Fue un reconocimiento directo.

Y quedó documentado.

LOS NOMBRES QUE APARECIERON

De un grupo estimado de unos veinte atacantes, los supervivientes identificaron a seis individuos.

Sus nombres fueron recogidos en documentación oficial, difundidos por el Gobierno Civil y publicados en medios de la época:

•Mohamed Salem Uld Had Embarec Uld Embarec Uld Sidru, conocido como “El Paquito”

•Hamed Du Uld Sulem Uld Abdalahe

•Mohamed Salem Uld Hennamed Uld Baba Uld Yusef

•Mohamed Embarec Malainin Brahim

•Smail Abbes Daouila

•Oufa Mohamed Uld Sidi Brahim

Según los testimonios recogidos en aquel momento, dos de ellos no habrían participado directamente en los disparos.

Estos nombres no forman parte de una versión tardía.
Forman parte de la historia documentada del caso.

LA CAUSA QUE NO LLEGÓ A JUICIO

A partir de esas identificaciones se abrió la causa 206/78 en el Tribunal Territorial Militar de Santa Cruz de Tenerife.

Se emitieron requisitorias.
Se ordenó su localización.
Se activaron los mecanismos judiciales.

Pero nada de eso fue suficiente.

Los señalados no fueron localizados.
Fueron declarados en rebeldía.
Y nunca llegaron a ser juzgados.

La causa quedó abierta… pero sin resolución.

UNA NOCHE QUE NO ADMITE DISCUSIÓN

Más allá de nombres y procedimientos, hay una verdad que no depende de ninguna versión:

Aquella noche hubo un abordaje.
Hubo hombres armados.
Hubo disparos.
Hubo muerte.

Un menor asesinado.
Hombres acribillados.
Un barco destruido.

El mar convertido en fosa.

Eso no es interpretación.
Eso es un crimen.

ENTRE VERSIONES, UNA VERDAD INCOMPLETA

Con el paso del tiempo, distintas versiones intentaron explicar lo ocurrido.

El Frente Polisario y Marruecos se señalaron mutuamente.

El contexto político lo envolvió todo.

Pero ni las acusaciones cruzadas ni los intereses geopolíticos lograron cerrar el caso.

Porque la justicia nunca llegó a pronunciarse.

LA MEMORIA DE QUIENES LO VIVIERON

Esto no es solo un expediente.

Es un recuerdo vivido.

Es saber quiénes eran.
Es haber compartido calles, muelles, historias.

Es haber visto el después:

Las viudas.
Las madres.
El silencio institucional.

Y la sensación, persistente, de que algo quedó sin hacer.

CONCLUSIÓN: LA VERDAD NO PRESCRIBE EN LA MEMORIA

Han pasado 48 años.

Y aún hoy se sigue buscando una respuesta completa.

Pero hay algo que no puede discutirse ni borrarse:

👉 hubo testimonios directos
👉 hubo identificaciones documentadas
👉 hubo nombres recogidos oficialmente
👉 hubo una causa judicial

Y aun así, no hubo justicia.

La historia del “Cruz del Mar” no está cerrada.

Porque cuando un crimen se recuerda con tanto dolor y con tanta claridad, no pertenece al pasado.
Pertenece a la conciencia de un pueblo.

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SANGRE EN EL BANCO SAHARIANO: EL TRÁGICO FINAL DEL CRUZ DEL MAR

Por:
Antonio Leal Aguilar

I. BIOGRAFÍA DE UNA NAVE: DE SAN CIPRIÁN AL DESTINO

El Cruz del Mar nació bajo el cielo de Galicia en julio de 1963. Fue la primera joya del astillero Sarmiento Paleo, en San Ciprián. Con 19,20 metros de eslora y un motor de 150 HP, surcó primero el Cantábrico en las campañas del bonito. Pero su destino estaba en el sur. En 1969, estableció su base en el Puerto de La Luz, con tripulación lanzaroteña, para buscar la corvina y el cazón en el rico banco canario-sahariano. Nadie imaginaba que aquellas aguas se convertirían en su tumba.

II. LA NOCHE DEL TERROR (28 DE NOVIEMBRE DE 1978)

La tarde caía sobre el Cabo Bojador. El Cruz del Mar estaba fondeado a dos millas y media de Punta Cabiño. A bordo, diez almas compartían la cena y la esperanza. De repente, una zodiac de gran tamaño rasgó el silencio. Dieciséis hombres armados, con trajes de neopreno y dominio del castellano, abordaron el pesquero.

Entre los asaltantes, alguien fue reconocido. Agustín saludó a uno de ellos: un marroquí que había trabajado en el Hotel San Antonio de Lanzarote. Hubo una falsa calma, una cena compartida que no era más que el preludio del horror.

El Testimonio de Eusebio Rodríguez

«Dos de ellos bajaron con un paquete a la sala de máquinas», recordaría Eusebio años después. Entonces, comenzó la «orgía de sangre». Acribillaron a José María Hernández Marrero. Su hermano Agustín Hernández Marrero (41 años) se lanzó sobre él para protegerlo y recibió los disparos mortales.

El horror alcanzó lo indecible con el niño Sebastián Cañada García, de solo 14 años. Ante su terror, el asesino le dijo: «¡Eres joven para morir!», antes de clavarle un machete en el estómago. Rafael Salas Fernández (26 años), que no sabía nadar, intentó alcanzar un salvavidas; allí quedó, ejecutado con un peine de balas en la cabeza.

Juan Suárez Rodríguez (41 años), Amador Hernández Marrero (16 años) y Alfredo Rodríguez Marrero (19 años) cayeron bajo el fuego. Solo Manuel Hernández Marrero, Miguel Ángel Rodríguez y el propio Eusebio lograron arrojarse al agua en medio de la oscuridad.

III. LA EXPLOSIÓN Y EL RESCATE

Tras el ametrallamiento, los asaltantes saquearon el barco y se marcharon, creyendo que no quedaba nadie vivo. Los tres supervivientes regresaron al buque para intentar salvar a los heridos. Encontraron a José María aún con vida. Pero el tiempo se agotaba: la bomba en la sala de máquinas estalló, partiendo al Cruz del Mar por la mitad.

A la deriva en una balsa picada, remando con las manos, fueron rescatados seis horas después por el pesquero Chico Grande. José María murió en la balsa. El destructor Churruca los trasladaría finalmente a Las Palmas el 29 de noviembre, a las seis y media de la tarde.

IV. LOS ROSTROS DE LA INFAMIA

Gracias a los archivos del Documento Nacional del Sáhara, los supervivientes identificaron a los verdugos. Sus nombres quedaron grabados en la Causa 206/78 del Tribunal Territorial Militar Quinto:

Mohamed Salem Uld Had Embarec Uld Embarec Uld Sidru, alias “El Paquito”: Conocido en el Aaiún, había vivido en Las Palmas en 1966.

Mohamed Salem Uld Hennamed Uld Baba Uld Yusef: Tribu Erguibat, hijo del antiguo Alcalde de Tifariti.

Smail Abbes Daouila (o Ahammed U/Sbai): De la tribu Ulad Bu Sbaa.

Mohamed Embarec Malainin Brahim: Antiguo estudiante de Geológicas en Oviedo.

Oufa Mohamed Bumeran Enhamed Sidi Brahim: Ex-Sargento de las F.A.R.M. y desertor en 1974.

A pesar de la requisitoria emitida por el Juez Instructor Juan J. Fernández Taieb, los acusados fueron declarados en rebeldía. La justicia nunca los alcanzó.

V. MEMORIA, TRAICIÓN Y REIVINDICACIÓN

El ataque fue un terremoto social. El Frente Polisario y Marruecos se cruzaron acusaciones de sabotaje. Para las familias, el dolor se agravó con la burocracia: las muertes fueron calificadas como «accidente laboral» con pensiones de miseria.

La Lucha de Titeroygakat

Durante tres décadas, el Organismo Social Canario Titeroygakat, de la mano de Antonio Leal, mantuvo viva la llama en la Cruz Centenaria de Arrecife. Fue este colectivo el verdadero promotor del homenaje y del proyecto escultórico original, que pretendía representar a tres marineros tirando de una red.

Sin embargo, la historia del homenaje también está teñida de amargura. Titeroygakat denunció la apropiación de su proyecto por parte del Ayuntamiento de Arrecife y la traición de quienes, buscando beneficio personal («trepas y vividores»), desvirtuaron la idea original y se olvidaron de los supervivientes y las familias.

El reconocimiento oficial llegó tarde: casi 36 años después, el Consejo de Ministros concedió la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo. Pero para los que se quedaron en el fondo del banco Canario-Sahariano, y para los que sobrevivieron para contarlo, la verdadera justicia sigue siendo una deuda pendiente.

«¡Sangre llama a Sangre! Por siempre y para siempre querremos Justicia para los Marineros del Pesquero Cruz del Mar. ¡No os olvidaremos jamás!»

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