21/04/2026
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SANGRE EN EL BANCO SAHARIANO: EL TRÁGICO FINAL DEL CRUZ DEL MAR
Por:
Antonio Leal Aguilar
I. BIOGRAFÍA DE UNA NAVE: DE SAN CIPRIÁN AL DESTINO
El Cruz del Mar nació bajo el cielo de Galicia en julio de 1963. Fue la primera joya del astillero Sarmiento Paleo, en San Ciprián. Con 19,20 metros de eslora y un motor de 150 HP, surcó primero el Cantábrico en las campañas del bonito. Pero su destino estaba en el sur. En 1969, estableció su base en el Puerto de La Luz, con tripulación lanzaroteña, para buscar la corvina y el cazón en el rico banco canario-sahariano. Nadie imaginaba que aquellas aguas se convertirían en su tumba.
II. LA NOCHE DEL TERROR (28 DE NOVIEMBRE DE 1978)
La tarde caía sobre el Cabo Bojador. El Cruz del Mar estaba fondeado a dos millas y media de Punta Cabiño. A bordo, diez almas compartían la cena y la esperanza. De repente, una zodiac de gran tamaño rasgó el silencio. Dieciséis hombres armados, con trajes de neopreno y dominio del castellano, abordaron el pesquero.
Entre los asaltantes, alguien fue reconocido. Agustín saludó a uno de ellos: un marroquí que había trabajado en el Hotel San Antonio de Lanzarote. Hubo una falsa calma, una cena compartida que no era más que el preludio del horror.
El Testimonio de Eusebio Rodríguez
«Dos de ellos bajaron con un paquete a la sala de máquinas», recordaría Eusebio años después. Entonces, comenzó la «orgía de sangre». Acribillaron a José María Hernández Marrero. Su hermano Agustín Hernández Marrero (41 años) se lanzó sobre él para protegerlo y recibió los disparos mortales.
El horror alcanzó lo indecible con el niño Sebastián Cañada García, de solo 14 años. Ante su terror, el asesino le dijo: «¡Eres joven para morir!», antes de clavarle un machete en el estómago. Rafael Salas Fernández (26 años), que no sabía nadar, intentó alcanzar un salvavidas; allí quedó, ejecutado con un peine de balas en la cabeza.
Juan Suárez Rodríguez (41 años), Amador Hernández Marrero (16 años) y Alfredo Rodríguez Marrero (19 años) cayeron bajo el fuego. Solo Manuel Hernández Marrero, Miguel Ángel Rodríguez y el propio Eusebio lograron arrojarse al agua en medio de la oscuridad.
III. LA EXPLOSIÓN Y EL RESCATE
Tras el ametrallamiento, los asaltantes saquearon el barco y se marcharon, creyendo que no quedaba nadie vivo. Los tres supervivientes regresaron al buque para intentar salvar a los heridos. Encontraron a José María aún con vida. Pero el tiempo se agotaba: la bomba en la sala de máquinas estalló, partiendo al Cruz del Mar por la mitad.
A la deriva en una balsa picada, remando con las manos, fueron rescatados seis horas después por el pesquero Chico Grande. José María murió en la balsa. El destructor Churruca los trasladaría finalmente a Las Palmas el 29 de noviembre, a las seis y media de la tarde.
IV. LOS ROSTROS DE LA INFAMIA
Gracias a los archivos del Documento Nacional del Sáhara, los supervivientes identificaron a los verdugos. Sus nombres quedaron grabados en la Causa 206/78 del Tribunal Territorial Militar Quinto:
Mohamed Salem Uld Had Embarec Uld Embarec Uld Sidru, alias “El Paquito”: Conocido en el Aaiún, había vivido en Las Palmas en 1966.
Mohamed Salem Uld Hennamed Uld Baba Uld Yusef: Tribu Erguibat, hijo del antiguo Alcalde de Tifariti.
Smail Abbes Daouila (o Ahammed U/Sbai): De la tribu Ulad Bu Sbaa.
Mohamed Embarec Malainin Brahim: Antiguo estudiante de Geológicas en Oviedo.
Oufa Mohamed Bumeran Enhamed Sidi Brahim: Ex-Sargento de las F.A.R.M. y desertor en 1974.
A pesar de la requisitoria emitida por el Juez Instructor Juan J. Fernández Taieb, los acusados fueron declarados en rebeldía. La justicia nunca los alcanzó.
V. MEMORIA, TRAICIÓN Y REIVINDICACIÓN
El ataque fue un terremoto social. El Frente Polisario y Marruecos se cruzaron acusaciones de sabotaje. Para las familias, el dolor se agravó con la burocracia: las muertes fueron calificadas como «accidente laboral» con pensiones de miseria.
La Lucha de Titeroygakat
Durante tres décadas, el Organismo Social Canario Titeroygakat, de la mano de Antonio Leal, mantuvo viva la llama en la Cruz Centenaria de Arrecife. Fue este colectivo el verdadero promotor del homenaje y del proyecto escultórico original, que pretendía representar a tres marineros tirando de una red.
Sin embargo, la historia del homenaje también está teñida de amargura. Titeroygakat denunció la apropiación de su proyecto por parte del Ayuntamiento de Arrecife y la traición de quienes, buscando beneficio personal («trepas y vividores»), desvirtuaron la idea original y se olvidaron de los supervivientes y las familias.
El reconocimiento oficial llegó tarde: casi 36 años después, el Consejo de Ministros concedió la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo. Pero para los que se quedaron en el fondo del banco Canario-Sahariano, y para los que sobrevivieron para contarlo, la verdadera justicia sigue siendo una deuda pendiente.
«¡Sangre llama a Sangre! Por siempre y para siempre querremos Justicia para los Marineros del Pesquero Cruz del Mar. ¡No os olvidaremos jamás!»