09/07/2016
Y LOS HUESOS HABLARON
Escrito por Pablo Seijo
Para quien quiera tener una idea de lo que se puede encontrar
Me limito a dar unas simples pinceladas, características básicas que definen este espectáculo llevado a cabo por la Sociedad Doctor Alonso y el Teatro Babel – Dramatesf y que hemos podido disfrutar en el interior del Museau d’Arqueologia situado en Montjuic (Barcelona).
Hay en esta obra un trasfondo de denuncia que es, en primer lugar, política pero que se sale de la misma para sacar a la luz comportamientos y sentimientos – tales como la vergüenza - que nos afectan o que conocemos de una forma, creo, universal.
En lo tocante a la política, rescatan tristes realidades de nuestro pasado reciente nacional pero que, si bien es pasado (por reciente que sea), ponen de manifiesto actitudes perjudiciales que llegan hasta nuestro días, es decir, que de algún modo están de actualidad.
En la exposición de sus temas predomina un discurso performático y poético por encima del lineal y convencional.
La escenografía, bien parca, cuenta simplemente con unos cuantos huesos como decoración durante buena parte de la obra. Por otro lado, la iluminación y los juegos de luces son muy interesantes. También el tratamiento sonoro constituye, a mi gusto, uno de los principales atractivos del espectáculo.
Para quien ya haya visto la obra o no le importe que se desvelen aspectos más concretos
El inicio me parece algo chocante. Empieza en el vestíbulo del museo. En él se recrea un diálogo entre cuatro miembros del estado. Éstos tienen en sus manos un texto que van leyendo medio forzadamente y subrayando palabras o frases importantes de manera que nos recuerdan, de algún modo, al discurso de los políticos en los mítines. Al poco, nos damos cuenta de cierta deshumanización intencionada del diálogo que, entre el cruce de palabras y las ideas manejadas, arranca más de una risa entre el público.
Ya dentro del teatro en sí y en el espacio escénico que antes adelantaba, los mismos cuatro exponen diferentes conceptos de manera más poética y que se va inclinando, poco a poco, hacia la performance. Este tipo de discurso en el que se juega, de pronto, con melodías, coros, cacofonías o repeticiones, se da a lo largo de la obra en diferentes situaciones.
Antes hablaba también de la iluminación y el sonido. Encuentro algunos momentos casi hipnóticos o por lo menos curiosos tales como la iluminación a flashes que, en un punto dado, hacen parecer que los huesos del centro se mueven, u otros juegos como el de las bombillas intermitentes (en los paneles situados en cada una de las cuatro esquinas del escenario) que acompaña un audio de tranquila ambientación natural. En lo sonoro, también es resaltable el uso de co**has de diferentes tamaños que, sopladas, producen diferentes efectos de viento. Luego añaden aparatos eléctricos a estas co**has permitiendo la modulación y amplificación de los sonidos.
Rescato ahora otro momento que, para mí, es especialmente interesante: un audio bien potente marca el ritmo en que se apoyan los extravagantes movimientos de dos de los intérpretes mientras los otros dos se sitúan tras la mesa de mezclas, ordenador y otros aparatos, en un lateral del escenario. Uno de estos dos últimos, cada tanto, hace sonar su co**ha intensamente de manera que parece un cuerno (amplificado y con eco). El resultado de esta experiencia da lugar a algo así como un baile en el que se puede apreciar lo grotesco pero también lo ritual.
En cierto contraste formal con estas situaciones, una de las partes más sobrias de la obra se da cuando un arqueólogo sale a hablar de la labor de exhumación que él mismo (y su equipo) está llevando a cabo en España en estos momentos. Su objetivo es atender a los reclamos de las familias que aún buscan recuperar a sus fallecidos desaparecidos en la Guerra Civil. Para ello, investigan los posibles paraderos de las fosas comunes y, una vez encontradas, estudian a fondo lo que descubren allí. Estos temas los podemos ir relacionando con lo visto hasta el momento en la obra y con las últimas situaciones que, una vez más, impregnadas de este juego poético y hasta musical, aún nos quedan por ver.
Estas son algunas de las partes que, personalmente – aunque prescindiendo de mis propias deducciones e interpretaciones -, destaco de la obra. En conclusión y para terminar, aunque los temas de la obra puedan ser ya de por sí atractivos, solamente por su tratamiento y aún sin llegar a captar, en principio, todo lo que cada situación sugiere, la obra merece la pena.