02/08/2026
Hay coches que eligen entre autopista o barrio. El Clubman no elige: sirve para las dos cosas, y esa es exactamente su gracia. Devora kilómetros con aplomo y luego se cuela por el Poblenou como si hubiera nacido aquí.
Me lo encontré aparcado en els Jardins de la Geleta, quieto bajo el sol de agosto. Rojo sobre techo negro, llantas oscuras y esa silueta de shooting brake que lo convierte en el MINI más elegante de la gama. Más de cuatro metros de coche, seis puertas y el interior refinado característico de su generación.
Dejadnos dar un dato para desmontar un mito: las puertas traseras de armario no vienen del Clubman clásico de 1969, que nació como berlina con maletero convencional. Vienen del Mini Van y de los familiares Traveller y Countryman de los 60, que las llevaban por pura lógica de carga. El Clubman moderno tomó el nombre de uno y las puertas de los otros. Herencia bien entendida.
El escenario le va como un guante. El Poblenou era el Manchester catalán: fábricas, chimeneas, ladrillo y trabajo. Hoy esas naves las comparten talleres de artistas y oficinas de tecnológicas, startups que programan donde antes se tejía, todo bajo la sombra de las torres del 22@. El barrio cambió de maquinaria pero no de oficio: aquí se sigue fabricando futuro.
Y una cosa más. Este coche ya es historia. El Clubman se despidió en 2024 con la Final Edition, y el último salió de la planta de Oxford, la misma donde nacen los MINI de tres y cinco puertas desde hace más de dos décadas. No habrá sustituto con puertas de armario. Así que si ves uno aparcado en un rincón de Barcelona, míralo bien y guárdale un poco de respeto. No van a hacer más.
¿Tú también los miras dos veces cuando te cruzas con uno?