29/03/2026
Hoy he vivido una de esas cosas que no se explican, se sienten.
Nos hemos subido a un globo al amanecer, en mitad de los viñedos de La Rioja, y te juro que hay un momento —cuando el globo empieza a elevarse y todo se queda en silencio— en el que piensas: “Vale, esto tenía que vivirlo al menos una vez en la vida.”
Desde arriba, los pueblos parecen maquetas, el Ebro se mueve como si alguien lo estuviera dibujando en directo y los colores de los campos cambian cada minuto. No hay prisa, no hay ruido, no hay nada que hacer más que mirar y dejarte llevar.
Y al aterrizar… pues lo que toca en La Rioja: brindis, almuerzo rico y esa sensación de que el día ya merece la pena aunque sean las 10 de la mañana.
Si alguna vez te lo has planteado, hazlo. De verdad.
Es una experiencia que te baja las pulsaciones y te sube el ánimo.
La Rioja desde el aire. Qué maravilla.