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se requiere una
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17/06/2026
Un Curso de Milagros Capítulo 9. La aceptación de la Expiación IV. El plan de perdón del Espíritu Santo 1. La Expiación ...
17/06/2026

Un Curso de Milagros
Capítulo 9. La aceptación de la Expiación

IV. El plan de perdón del Espíritu Santo

1. La Expiación es para todos porque es la forma de desvanecer la creencia de que algo pueda ser sólo para ti. ²Perdonar es pasar por alto. ³Mira entonces más allá del error y no dejes que tu percepción se fije en él, pues, de lo contrario, creerás lo que tu percepción te muestre. ⁴Acepta como verdadero sólo lo que tu hermano es si quieres conocerte a ti mismo. ⁵Percibe lo que él no es, y no podrás saber lo que eres al verlo a él falsamente. ⁶Recuerda siempre que tu Identidad es una identidad compartida y que en eso reside Su realidad.

2. Tienes un papel que desempeñar en la Expiación, pero el plan de la Expiación en sí está más allá de ti. ²No sabes cómo pasar por alto los errores, pues, de lo contrario, no los cometerías. ³Creer que no los cometes o que los puedes corregir sin un Guía cuyo propósito es corregirlos, no sería más que otro error. ⁴Y si no sigues a ese Guía, tus errores no podrán ser corregidos. ⁵El plan no lo elaboraste tú debido a las limitadas ideas que tienes acerca de lo que eres. ⁶De esta sensación de limitación es de donde emanan todos los errores. ⁷La forma de des-hacerlos, por lo tanto, no procede de ti, sino que es para ti.

3. La Expiación es una lección acerca de cómo compartir, que se te da porque te has olvidado de cómo hacerlo. ²El Espíritu Santo simplemente te recuerda el uso natural de tus capacidades. ³Al reinterpretar la capacidad de atacar como la capacidad de compartir, transforma lo que tú inventaste en lo que Dios creó. ⁴Si quieres alcanzar esto por medio de Él, no puedes contemplar tus capacidades a través de los ojos del ego o las juzgarás como él lo hace. ⁵El daño que puedan ocasionar reside en el juicio del ego. ⁶El beneficio que puedan aportar reside en el juicio del Espíritu Santo.

4. El ego tiene también un plan de perdón porque estás pidiendo uno, aunque no al maestro adecuado. ²El plan del ego, por supuesto, no tiene sentido y nunca será viable. ³Al seguir su plan te pondrás simplemente en una situación imposible que es adonde el ego siempre te conduce. ⁴El plan del ego consiste en que primero veas el error claramente y en que luego lo pases por alto. ⁵Mas ¿cómo ibas a poder pasar por alto aquello a lo que has otorgado realidad? ⁶Al verlo claramente, le has otorgado “realidad” y no lo puedes pasar por alto. ⁷En este punto es donde el ego se ve forzado a recurrir a misterios, insistiendo en que para salvarte tienes que aceptar lo que no tiene sentido. ⁸Son muchos los que han tratado de hacer esto en mi nombre, olvidándose de que mis palabras tienen perfecto sentido porque proceden de Dios. ⁹Son tan sensatas ahora como lo fueron siempre porque expresan ideas que son eternas.

5. El perdón que se aprende de mí no se vale del miedo para des-hacer el miedo. ²Ni tampoco otorga “realidad” a lo que es irreal para más tarde destruirlo. ³Perdonar a través del Espíritu Santo consiste simplemente en mirar más allá del error desde un principio, haciendo que, de esta manera, nunca sea real para ti. ⁴No dejes que ninguna creencia que afirme que el error es real se infiltre en tu mente o creerás también que para poder ser perdonado tienes que des-hacer lo que tú mismo has hecho. ⁵Lo que no tiene efectos no existe, y para el Espíritu Santo los efectos del error son inexistentes. ⁶Mediante la cancelación progresiva y sistemática de los efectos de todos los errores, en todas partes y con respecto a todo, el Espíritu Santo enseña que el ego no existe y lo demuestra.

6. Sigue, pues, las enseñanzas de perdón del Espíritu Santo porque el perdón es Su función y Él sabe cómo llevarla a cabo perfectamente. ²Eso es lo que quise decir cuando dije que los milagros son naturales, y que cuando no ocurren es que algo anda mal. ³Los milagros son simplemente la señal de que estás dispuesto a seguir el plan de salvación del Espíritu Santo y de que reconoces que no sabes lo que dicho plan es.
⁴La función que a Él le corresponde llevar a cabo no es la que te corresponde a ti, y a menos que aceptes esto, no podrás saber cuál es tu función.

7. La confusión de funciones es una característica tan típica del ego que a estas alturas ya deberías estar familiarizado con ella. ²El ego cree que es él quien debe llevar a cabo todas las funciones, si bien no tiene la menor idea de lo que éstas son. ³Esto es algo más que una simple confusión. ⁴Es una combinación especialmente peligrosa de grandiosidad y confusión que predispone al ego a atacar a cualquier persona o a cualquier cosa sin ningún motivo aparente. ⁵Esto es exactamente lo que el ego hace. ⁶Sus reacciones son imprevisibles porque no tiene idea de lo que percibe.

8. Si no tienes idea de lo que está ocurriendo, ¿cómo puedes esperar reaccionar debidamente? ²Podrías preguntarte, independientemente de cómo expliques la reacción, si el carácter imprevisible del ego justifica que le des un puesto de confianza como guía tuyo. ³Déjame repetir que las cualificaciones del ego como guía son notoriamente deficientes y que elegirle como tu maestro de salvación es una pésima elección. ⁴Quien que elige un guía completamente demente no puede por menos que ser completamente demente él mismo. ⁵No es cierto tampoco que no te des cuenta de que este guía es demente. ⁶Te das cuenta de ello porque yo me doy cuenta, y tú lo juzgas siguiendo el mismo criterio que yo.

9. El ego vive literalmente de tiempo prestado y sus días están contados. ²No tengas miedo del Juicio Final, sino que por el contrario, dale la bienvenida sin más demora, pues el tiempo de que el ego dispone lo “toma prestado” de tu eternidad. ³Éste es el Segundo Advenimiento, el cual se concibió para ti de la misma manera en que el Primero fue creado. ⁴El Segundo Advenimiento es simplemente el retorno de la cordura. ⁵¿Cómo iba a ser esto temible?

10. ¿Qué podría ser temible sino las fantasías? ª¿Y quién recurre a fantasías a menos que haya perdido toda esperanza de poder encontrar satisfacción en la realidad? ²Es indudable, no obstante, que jamás encontrarás satisfacción en fantasías, de manera que tu única esperanza es cambiar de parecer con respecto a la realidad. ³Únicamente si tu decisión de que la realidad es temible es errónea, puede Dios estar en lo cierto. ⁴Y yo te aseguro que Dios está en lo cierto. ⁵Alégrate, pues, de haber estado equivocado, mas ello sólo se debió a que no sabías Quién eras. ⁶De haberlo sabido no te habrías podido equivocar, de la misma manera en que Dios no puede equivocarse.

11. Lo imposible sólo puede tener lugar en fantasías. ²Cuando buscas la realidad en ellas no la puedes encontrar. ³Los símbolos de las fantasías pertenecen al ámbito del ego, y de éstos puedes encontrar una infinidad. ⁴Mas no busques significado en ellos. ⁵Están tan desprovistos de significado como las fantasías en las que van entretejidos. ⁶Los cuentos de hadas pueden ser placenteros o atemorizantes, pero nadie cree que sean verdad. ⁷Tal vez los niños crean en ellos y así, por algún tiempo, son verdad para ellos. ⁸Mas cuando la realidad alborea, las fantasías desaparecen. ⁹En el ínterin, no obstante, la realidad no ha desaparecido. ¹⁰El Segundo Advenimiento es la conciencia de la realidad, no su retorno.

12. Criatura de Dios, ¡mira!, la realidad está aquí. ²Te pertenece a ti, a mí y a Dios, y nos satisface completamente a todos. ³Ser consciente de esto es lo único que sana porque es la conciencia de la verdad.

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Audiolibro Capítulo 9

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Un Curso de Milagros Capítulo 9. La aceptación de la Expiación III. La corrección del error 1. La vigilancia que el ego ...
16/06/2026

Un Curso de Milagros
Capítulo 9. La aceptación de la Expiación

III. La corrección del error

1. La vigilancia que el ego ejerce en relación con los errores de otros egos no es la clase de vigilancia que el Espíritu Santo quiere que mantengas. ²Los egos critican basándose en el tipo de “lógica” de que son partidarios. ³Entienden esa clase de lógica porque para ellos tiene sentido. ⁴Para el Espíritu Santo, no obstante, no tiene ninguno.

2. Para el ego lo caritativo, lo correcto y lo apropiado es señalarles a otros sus errores y tratar de “corregirlos”. ²Esto tiene perfecto sentido para él porque no tiene idea de lo que son los errores ni de lo que es la corrección. ³Los errores pertenecen al ámbito del ego, y la corrección de los mismos estriba en el rechazo del ego. ⁴Cuando corriges a un hermano le estás diciendo que está equivocado. ⁵Puede que en ese momento lo que esté diciendo no tenga sentido, y es indudable que si está hablando desde su ego no lo tiene. ⁶Tu tarea, sin embargo, sigue siendo decirle que tiene razón. ⁷No tienes que decírselo verbalmente si está diciendo tonterías. ⁸Necesita corrección en otro nivel porque su error se encuentra en otro nivel. ⁹Sigue teniendo razón porque es un Hijo de Dios. ¹⁰Su ego, por otra parte, está siempre equivocado, no importa lo que diga o lo que haga.

3. Si le señalas a tu hermano los errores de su ego, tienes forzosamente que estar viendo a través del tuyo porque el Espíritu Santo no percibe sus errores. ²Esto tiene que ser verdad, toda vez que no existe comunicación entre el ego y el Espíritu Santo. ³Lo que el ego está diciendo no tiene sentido, y el Espíritu Santo no intenta comprender nada que proceda de él. ⁴Puesto que no lo entiende, tampoco lo juzga, pues sabe que nada que el ego haga tiene sentido.

4. Reaccionar ante cualquier error, por muy levemente que sea, significa que no se está escuchando al Espíritu Santo. ²Él simplemente pasa por alto todos los errores, y si tú les das importancia, es que no lo estás oyendo a Él. ³Si no Lo oyes, es que estás escuchando al ego, y mostrándote tan insensato como el hermano cuyos errores percibes. ⁴Esto no puede ser corrección. ⁵Y como resultado, no sólo se quedan sus errores sin corregir, ⁶sino que renuncias a la posibilidad de poder corregir los tuyos.

5. Cuando un hermano se comporta de forma demente sólo lo puedes sanar percibiendo cordura en él. ²Si percibes sus errores y los aceptas, estás aceptando los tuyos. ³Si quieres entregarle tus errores al Espíritu Santo, tienes que hacer lo mismo con los suyos. ⁴A menos que ésta se convierta en la única manera en que lidias con todos los errores, no podrás entender cómo se des-hacen. ⁵¿Qué diferencia hay entre esto y decirte que lo que enseñas es lo que aprendes? ⁶Tu hermano tiene tanta razón como tú, y si crees que está equivocado te estás condenando a ti mismo.

6. Tú no te puedes corregir a ti mismo. ²¿Cómo ibas a poder entonces corregir a otro? ³Puedes, no obstante, verlo verdaderamente, puesto que te es posible verte a ti mismo verdaderamente. ⁴Tu función no es cambiar a tu hermano, sino simplemente aceptarlo tal como es. ⁵Sus errores no proceden de la verdad que mora en él, y sólo lo que es verdad en él es verdad en ti. ⁶Sus errores no pueden cambiar esto ni tener efecto alguno sobre la verdad que mora en ti. ⁷Percibir errores en alguien, y reaccionar ante ellos como si fueran reales, es hacer que sean reales para ti. ⁸No podrás evitar pagar las consecuencias de esto, no porque se te vaya a castigar, sino porque estarás siguiendo al guía equivocado y, por lo tanto, te extraviarás.

7. Los errores que tu hermano comete no es él quien los comete, tal como no eres tú quien comete los tuyos. ²Si consideras sus errores reales, te habrás atacado a ti mismo. ³Mas si quieres encontrar tu camino y seguirlo, ve sólo la verdad a tu lado, pues camináis juntos. ⁴El Espíritu Santo en ti os perdona todo a ti y a él. ⁵Sus errores le son perdonados junto con los tuyos. ⁶La Expiación, al igual que el amor, no opera aisladamente.
⁷La Expiación no puede operar aisladamente porque procede del amor. ⁸Cualquier intento que hagas por corregir a un hermano significa que crees que puedes corregir, y eso no es otra cosa que la arrogancia del ego. ⁹La corrección le corresponde a Dios, Quien no conoce la arrogancia.

8. El Espíritu Santo lo perdona todo porque Dios lo creó todo. ²No trates de asumir Su función o te olvidarás de la tuya. ³Acepta únicamente la función de sanar mientras estés en el tiempo porque para eso es el tiempo. ⁴Dios te encomendó la función de crear en la eternidad. ⁵No necesitas aprender cómo crear, pero necesitas aprender a desearlo. ⁶Todo aprendizaje se estableció con ese propósito. ⁷Así es como el Espíritu Santo utiliza una capacidad que tú inventaste, pero que no necesitas. ⁸¡Ponla a Su disposición! ⁹Tú no sabes cómo usarla. ¹⁰Él te enseñará cómo verte a ti mismo sin condenación, según aprendas a contemplar todas las cosas de esa manera. ¹¹La condenación dejará entonces de ser real para ti y todos tus errores te serán perdonados.

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Audiolibro Capítulo 9

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Un Curso de Milagros Capítulo 9. La aceptación de la Expiación II. La respuesta a la oración 1. Todo aquel que alguna ve...
15/06/2026

Un Curso de Milagros
Capítulo 9. La aceptación de la Expiación

II. La respuesta a la oración

1. Todo aquel que alguna vez haya tratado de usar la oración para pedir algo ha experimentado lo que aparentemente es un fracaso. ²Esto es cierto no sólo en relación con cosas específicas que pudieran ser perjudiciales, sino también en relación con peticiones que están completamente de acuerdo con lo que este curso postula. ³Esto último, en particular, puede interpretarse incorrectamente como una “prueba” de que el curso no es sincero en lo que afirma. ⁴Tienes que recordar, no obstante, que el curso afirma, y repetidamente, que su propósito es ayudarte a escapar del miedo.

2. Supongamos, pues, que lo que le pides al Espíritu Santo es lo que realmente deseas, pero aún tienes miedo de ello. ²Si ése fuera el caso, obtenerlo ya no sería lo que deseas. ³Por eso es por lo que algunas formas concretas de curación no se logran, aun cuando se haya logrado el estado de curación. ⁴Un individuo puede pedir ser curado físicamente porque tiene miedo del daño corporal. ⁵Al mismo tiempo, si fuese curado físicamente, la amenaza que ello representaría para su sistema de pensamiento podría causarle mucho más miedo que la manifestación física de su aflición. ⁶En ese caso no estaría pidiendo realmente que se le liberase del miedo, sino de un síntoma que él mismo eligió. ⁷Por lo tanto, no estaría pidiendo realmente ser curado.

3. La Biblia subraya que toda oración recibirá respuesta, y esto es absolutamente cierto. ²El hecho mismo de que se le haya pedido algo al Espíritu Santo garantiza una respuesta. ³Es igualmente cierto, no obstante, que ninguna de las respuestas que Él dé incrementará el miedo. ⁴Es posible que Su respuesta no sea oída. ⁵Es imposible, sin embargo, que se pierda. ⁶Hay muchas respuestas que ya has recibido pero que todavía no has oído. ⁷Yo te aseguro que te están esperando.

4. Si quieres tener la certeza de que tus oraciones son contestadas, nunca dudes de un Hijo de Dios. ²No pongas en duda su palabra ni lo aturdas, pues la fe que tienes en él es la fe que tienes en ti mismo. ³Si quieres conocer a Dios y Su Respuesta, cree en mí cuya fe en ti es inquebrantable. ⁴¿Cómo ibas a poder pedirle algo al Espíritu Santo sinceramente y al mismo tiempo dudar de tu hermano? ⁵Cree en la veracidad de sus palabras por razón de la verdad que mora en él. ⁶Te unirás a la verdad en él y sus palabras serán verdaderas. ⁷Al oírlo a él me oirás a mí. ⁸Escuchar la verdad es la única manera de poder oírla ahora y de finalmente conocerla.

5. El mensaje que tu hermano te comunica depende de ti. ²¿Qué te está diciendo? ³¿Qué desearías que te dijera? ⁴Lo que hayas decidido acerca de tu hermano determina el mensaje que recibes. ⁵Recuerda que el Espíritu Santo mora en él, y Su Voz te habla a través de él. ⁶¿Qué podría decirte un hermano tan santo, excepto la verdad? ⁷Mas ¿le escuchas? ⁸Es posible que tu hermano no sepa Quién es, pero en su mente hay una luz que sí lo sabe. ⁹El resplandor de esta luz puede llegar hasta tu mente, infundiendo verdad a sus palabras y haciendo posible el que las puedas oír. ¹⁰Sus palabras son la respuesta que el Espíritu Santo te da a ti. ¹¹¿Es la fe que tienes en tu hermano lo suficientemente grande como para permitirte oírla?

6. No puedes rezar sólo para ti, de la misma manera en que no puedes encontrar dicha sólo para ti. ²La oración es la reafirmación de la inclusión, dirigida por el Espíritu Santo de acuerdo con las Leyes de Dios. ³En tu hermano reside tu salvación. ⁴El Espíritu Santo se extiende desde tu mente a la suya y te contesta. ⁵No puedes oír la Voz que habla por Dios sólo en ti porque no estás solo. ⁶Y Su respuesta va dirigida únicamente a lo que eres. ⁷No podrás saber la confianza que tengo en ti a no ser que la extiendas. ⁸No tendrás confianza en la dirección que te ofrece el Espíritu Santo o no creerás que es para ti, a menos que la oigas en otros. ⁹Tiene que ser para tu hermano por el hecho de que es para ti.
¹⁰¿Habría acaso creado Dios una Voz que fuera sólo para ti? ¹¹¿Cómo podrías oír Su Respuesta, a menos que fuera la misma que el Espíritu Santo le da a todos los Hijos de Dios? ¹²Oye de tu hermano lo que quisieras que yo oyese de ti, pues tú no querrías que yo fuese engañado.

7. Al igual que Dios, yo te quiero por razón de la verdad que mora en ti. ²Tal vez tus engaños te engañen a ti, pero a mí no me pueden engañar. ³Puesto que sé lo que eres, no puedo dudar de ti. ⁴Oigo sólo al Espíritu Santo en ti, Quien me habla a través de ti. ⁵Si me quieres oír, oye a mis hermanos en quienes la Voz que habla por Dios se expresa. ⁶La respuesta a todas tus oraciones reside en ellos. ⁷Recibirás la respuesta a medida que la oigas en todos tus hermanos. ⁸No escuches nada más, pues, de lo contrario, no estarás oyendo correctamente.

8. Cree en tus hermanos porque yo creo en ti, y aprenderás que está justificado que yo crea en ti. ²Cree en mí creyendo en ellos, en virtud de lo que Dios les dio. ³Te contestarán si aprendes a pedirles solamente la verdad. ⁴No pidas bendiciones sin bendecirlos, pues sólo de esta manera puedes aprender cuán bendito eres. ⁵Al seguir este camino estarás buscando la verdad en ti. ⁶Esto no es ir más allá de ti mismo, sino hacia ti mismo. ⁷Oye únicamente la Respuesta de Dios en Sus Hijos y se te habrá contestado.

9. No creer es estar en contra o atacar. ²Creer es aceptar, y también ponerse de parte de aquello que aceptas. ³Creer no es ser crédulo, sino aceptar y apreciar. ⁴No puedes apreciar aquello en lo que no crees ni puedes sentirte agradecido por algo a lo que no le atribuyes valor. ⁵Por juzgar se tiene que pagar un precio porque juzgar es fijar un precio. ⁶Y el precio que fijes es el que pagarás.

10. Si pagar se equipara con obtener, fijarás el precio bajo, pero exigirás un alto rendimiento. ²Te habrás olvidado de que poner precio es evaluar, de tal modo que el rendimiento que recibes es directamente proporcional al valor atribuido. ³Por otra parte, si pagar se asocia con dar no se puede percibir como una pérdida, y la relación recíproca entre dar y recibir se reconoce. ⁴En este caso se fija un precio alto debido al valor del rendimiento. ⁵Por obtener hay que pagar un precio: se pierde de vista lo que tiene valor, haciendo inevitable el que no estimes lo que recibes. ⁶Al atribuirle poco valor, no lo apreciarás ni lo desearás.

11. Nunca te olvides, por consiguiente, de que eres tú el que determina el valor de lo que recibes y el que fija el precio de acuerdo con lo que das. ²Creer que es posible obtener mucho a cambio de poco es creer que puedes regatear con Dios. ³Sus Leyes son siempre justas y perfectamente consistentes. ⁴Al dar, recibes. ⁵Pero recibir es aceptar, no obtener. ⁶Es imposible no tener, pero es posible que no sepas que tienes. ⁷Estar dispuesto a dar es reconocer que tienes, y sólo estando dispuesto a dar puedes reconocer lo que tienes. ⁸Lo que das, por lo tanto, equivale al valor que le has adjudicado a lo que tienes, al ser la medida exacta del valor que le adjudicas. ⁹Y esto, a su vez, es la medida de cuánto lo deseas.

12. Así pues, sólo puedes pedirle algo al Espíritu Santo dándole algo, y sólo puedes darle algo allí donde Lo reconoces. ²Si Lo reconoces en todos, imagínate cuánto le estarás pidiendo y cuánto habrás de recibir. ³No te negará nada porque tú no le habrás negado nada a Él y, de este modo, podrás compartirlo todo. ⁴Ésta es la manera y la única manera, de disponer de Su respuesta porque Su respuesta es lo único que puedes pedir y lo único que puedes desear. ⁵Dile, pues, a todo el mundo:

⁶Puesto que mi voluntad es conocerme a
mí mismo, te veo a ti como el Hijo de Dios y como mi hermano.

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Audiolibro Capitulo 9

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Un Curso de Milagros Capítulo 18. El final del sueño IX. Los dos mundos1. Se te ha dicho que lleves la obscuridad a la l...
13/06/2026

Un Curso de Milagros
Capítulo 18. El final del sueño

IX. Los dos mundos

1. Se te ha dicho que lleves la obscuridad a la luz y la culpa a la santidad. Se te ha dicho también que el error tiene que ser corregido allí donde se originó. Lo que el Espíritu Santo necesita, por lo tanto, es esa diminuta parte de ti, el insignificante pensamiento que parece estar separado y desconectado. El resto está completamente al cuidado de Dios y no necesita guía. Pero ese pensamiento descabellado e ilusorio necesita ayuda porque, en su demencia, cree que él es el Hijo de Dios, completo en sí mismo y omnipotente, único gobernante del reino que estableció aparte para someterlo, mediante la locura, a la obediencia y a la esclavitud. Ésa es la pequeña parte que crees haberle robado al Cielo. ¡Devuélvesela! El Cielo no la ha perdido, pero tú has perdido de vista al Cielo. Deja que el Espíritu Santo la saque del desolado reino donde la confinaste, rodeada de tinieblas, protegida por el ataque y reforzada por el odio. Dentro de sus barricadas todavía se encuentra un diminuto segmento del Hijo de Dios, completo y santo, sereno y ajeno a lo que tú crees que le rodea.

2. No te mantengas separado, pues Aquel que sí lo rodea te ha brindado la unión, y ha llevado tu minúscula ofrenda de obscuridad a la luz eterna. ¿Cómo se logra eso? Muy fácilmente, pues está basado en lo que ese mísero reino realmente es. El árido desierto, las tinieblas y la falta de vida sólo se ven a través de los ojos del cuerpo. La desolada visión que éstos te ofrecen está distorsionada, y los mensajes que te transmiten a ti que la inventaste para poner límites a tu conciencia son insignificantes y limitados y están tan fragmentados que no tienen sentido.

3. Parece como si desde el mundo de los cuerpos, al que la demencia dio lugar, se le devolvieran a la mente que lo concibió mensajes descabellados. Y esos mensajes dan testimonio de dicho mundo y lo proclaman real. Pues enviaste a esos mensajeros para que te trajesen esos mensajes. De lo único que dichos mensajes te hablan es de cosas externas. No hay mensaje que hable de lo que está subyacente, pues el cuerpo no podría hablar de ello. Sus ojos no lo pueden percibir; sus sentidos siguen siendo completamente inconscientes de ello y su lengua no puede transmitir sus mensajes. Pero Dios puede llevarte hasta allí, si estás dispuesto a seguir al Espíritu Santo a través del aparente terror, confiando en que Él no te abandonará ni te dejará allí. Pues Su propósito no es atemorizarte, aunque el tuyo lo sea. Te sientes seriamente tentado de abandonar al Espíritu Santo al primer roce con el anillo de temor, pero Él te conducirá sano y salvo a través del temor y más allá de él.

4. El círculo de temor yace justo debajo del nivel que el cuerpo percibe y aparenta ser la base sobre la que el mundo descansa. Ahí se encuentran todas las ilusiones, todos los pensamientos distorsionados, todos los ataques dementes, la furia, la venganza y la traición que se concibieron para conservar la culpa intacta, de modo que el mundo pudiera alzarse desde él y mantenerla oculta. Su sombra se eleva hasta la superficie, lo suficiente para poder conservar sus manifestaciones más externas en la obscuridad y para causarle al mundo desesperación y soledad y mantenerlo en la más profunda tristeza. La intensidad de la culpa, no obstante, está velada tras pesados cortinajes, y se mantiene aparte de lo que se concibió para ocultarla. El cuerpo es incapaz de ver esto, pues surgió de ello para ofrecerle protección, la cual depende de que esto no se vea. Los ojos del cuerpo nunca lo verán. Pero verán lo que dicta.

5. El cuerpo seguirá siendo el mensajero de la culpa y actuará tal como ella le dicte mientras tú sigas creyendo que la culpa es real. Pues la supuesta realidad de la culpa es la ilusión que hace que parezca ser densa, opaca e impenetrable y la verdadera base del sistema de pensamiento del ego. Su delgadez y transparencia no se vuelven evidentes hasta que ves la luz que yace tras ella. Y ahí, ante la luz, la ves como el frágil velo que es.

6. Esta barrera tan aparentemente sólida y ese falso suelo que parece una roca, son como un banco de nubes negras que flotan muy cerca de la superficie, dando la impresión de ser una sólida muralla ante el sol. Su apariencia impenetrable no es más que una ilusión. Cede mansamente ante las cumbres que se elevan por encima de ella y no tiene ningún poder para detener a nadie que quiera atravesarla y ver el sol. Esta aparente muralla no es lo suficientemente fuerte como para detener la caída de un botón o para sostener una pluma. Nada puede descansar sobre ella, pues no es sino una base ilusoria. Trata de tocarla y desaparece; intenta asirla y tus manos no agarran nada.

7. Pero en ese banco de nubes es fácil ver todo un mundo. Las cordilleras, los lagos y las ciudades que ves son todos producto de tu imaginación; y desde las nubes, los mensajeros de tu percepción regresan a ti, asegurándote que todo eso se encuentra allí. Se destacan figuras que se mueven de un lado a otro; las acciones parecen reales, y aparecen formas que pasan de lo bello a lo grotesco. Y esto se repite una y otra vez, mientras quieras seguir jugando el juego infantil de pretender ser otra cosa. Sin embargo, por mucho que quieras jugar ese juego e independientemente de cuánta imaginación emplees, no lo confundes con el mundo que le subyace ni intentas hacer que sea real.

8. Asimismo debería ser con las tenebrosas nubes de la culpabilidad, las cuales son igualmente vaporosas e insubstanciales. No te pueden magullar al atravesarlas. Deja que tu Guía te muestre su naturaleza insubstancial a medida que te conduce más allá de ellas, pues debajo de ellas hay un mundo de luz sobre el que esas nubes no arrojan sombras. Sus sombras sólo nublan el mundo que se encuentra más allá de ellas, el cual está aún más alejado de la luz. Sin embargo, no pueden arrojar sombras sobre la luz.

9. Este mundo de luz, este círculo de luminosidad, es el mundo real, donde la culpabilidad se t**a con el perdón. Ahí el mundo exterior se ve con ojos nuevos, libre de toda sombra de culpa. Ahí te encuentras perdonado, pues ahí has perdonado a todo el mundo. He aquí la nueva percepción donde todo es luminoso y brilla con inocencia; donde todo ha sido purificado con las aguas del perdón y se encuentra libre de cualquier pensamiento maligno que alguna vez hayas proyectado sobre él. Ahí no se ataca al Hijo de Dios y a ti se te da la bienvenida. Ahí se encuentra tu inocencia, esperando para envolverte, protegerte y prepararte para el paso final de tu viaje interno. Ahí se dejan de lado los sombríos y pesados cortinajes de la culpabilidad, los cuales quedan dulcemente reemplazados por la pureza y el amor.

10. Pero ni siquiera el perdón es el final. El perdón hace que todo sea bello, pero no puede crear. Es la fuente de la curación, el emisario del amor, pero no su Fuente. Se te conduce ahí para que Dios pueda dar el paso final sin impedimentos, pues ahí nada se opone al amor, sino que le permite ser lo que es. Un paso más allá de este santo lugar de perdón—paso éste que te lleva aún más adentro, pero que tú no puedes dar—te transporta a algo completamente diferente. Ahí reside la Fuente de la Luz; ahí nada se percibe, se perdona o se transforma, sino que simplemente se conoce.

11. Este curso te conducirá al Conocimiento, pero el Conocimiento en sí está más allá del alcance de nuestro programa de estudios. Y no es necesario que tratemos de hablar de lo que por siempre ha de estar más allá de las palabras. Lo único que tenemos que recordar es que todo aquel que alcance el mundo real, más allá del cual el aprendizaje no puede ir, irá más allá de él, pero de una manera diferente. Allí donde acaba el aprendizaje, allí comienza Dios, pues el aprendizaje termina ante Aquel que es completo donde Él Mismo comienza y donde no hay final. No debemos ocuparnos de lo que es inalcanzable. Aún es mucho lo que nos queda por aprender, pues todavía tenemos que alcanzar la condición de estar listos para el Conocimiento.

12. El amor no es algo que se pueda aprender. Su significado reside en sí mismo. Y el aprendizaje finaliza una vez que has reconocido todo lo que no es amor. Ésa es la interferencia; eso es lo que hay que eliminar. El amor no es algo que se pueda aprender porque jamás ha habido un solo instante en que no lo conocieses. El aprendizaje no tiene objeto ante la Presencia de tu Creador, Cuyo reconocimiento de ti y el tuyo de Él transciende el aprendizaje en tal medida, que todo lo que has aprendido no significa nada en comparación, y queda reemplazado para siempre por el conocimiento del amor y su único significado.

13. Tu relación con tu hermano ha sido extraída del mundo de las sombras, y su impío propósito conducido sano y salvo a través de las barreras de la culpabilidad, lavado en las aguas del perdón y depositado radiante en el mundo de la luz donde ha quedado firmemente enraizado. Desde allí te exhorta a que sigas el mismo camino que tu relación tomó, al haber sido elevada muy por encima de las tinieblas y depositada tiernamente ante las puertas del Cielo. El instante santo en el que tú y tu hermano os unisteis no es más que el mensajero del amor, el cual se envió desde más allá del perdón para recordarte lo que se encuentra allende el perdón. Sin embargo, es a través del perdón como todo ello se recordará.

14. Y cuando el recuerdo de Dios haya llegado a ti en el santo lugar del perdón, no recordarás nada más y la memoria será tan inútil como el aprendizaje, pues tu único propósito será crear. Mas no podrás saber esto hasta que toda percepción haya sido limpiada y purificada y finalmente eliminada para siempre. El perdón des-hace únicamente lo que no es verdad, despejando las sombras del mundo y conduciéndolo—sano y salvo dentro de su dulzura—al mundo luminoso de la nueva y diáfana percepción. Allí se encuentra tu propósito ahora. Y es allí donde te aguarda la paz.

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