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12/01/2026
El Real Madrid anuncia la destitución de Xabi Alonso tras perder la Supercopa de España.Su sustituto será Arbeloa
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Su sustituto será Arbeloa

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12/01/2026

El restaurante chino Jin Gu en Madrid fue clausurado tras una inspección policial que reveló graves irregularidades sanitarias, entre ellas el uso de palomas callejeras desplumadas que habrían sido servidas como pato a los clientes. Durante la redada se hallaron carnes y pescados caducados y sin etiquetar, congeladores en mal estado, presencia de cucarachas, trampas para ratas, equipos oxidados y carne colgada en tendederos, además de productos ilegales como pepinos de mar protegidos y un baño utilizado com almacén no declarado. Las autoridades ordenaron el cierre inmediato del local e investigan a su propietario por posibles delitos contra la salud pública.

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12/01/2026

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La empresa familiar no muere por falta de ventas.  Muere por exceso de “amor”.Hay una idea que casi nadie se atreve a cu...
12/01/2026

La empresa familiar no muere por falta de ventas.
Muere por exceso de “amor”.

Hay una idea que casi nadie se atreve a cuestionar: que lo más importante es la familia. Suena bien. Suena noble. Suena intocable. Y justamente por eso ha destruido más empresas —y más familias— que cualquier crisis económica.

Los problemas en la empresa familiar casi nunca empiezan por el dinero. Empiezan por expectativas no dichas. Comparaciones. Heridas viejas. Cuentas emocionales abiertas que nunca se hablaron, pero siempre se cobraron.

En la empresa familiar no se discute un indicador.
Se revive una historia.

No se cuestiona una decisión.
Se reactiva una injusticia guardada durante años.

El patrón se repite una y otra vez.

El hijo, el hermano, el cuñado, sale molesto de la empresa. Discute con el padre. Discute con el hermano. Siente que no fue escuchado. No queda conforme.

Llega a casa y lo platica.
Con coraje.
Con narrativa.
Con una versión cuidadosamente editada de lo que ocurrió.

Pasan los días.

En la empresa ya lo “superó”. Sigue trabajando. Convive. Se sienta a la mesa.
Pero en su casa el resentimiento se quedó vivo.

Porque él avanza, pero alguien más empieza a rumiar la historia.
“Siempre te tratan diferente.”
“Nunca te reconocen.”
“Qué injustos son contigo.”

Y así, sin gritos, sin pleitos abiertos, sin rupturas visibles, la familia empieza a dividirse por dentro.

A eso súmale el error más común y más destructivo de todos: confundir justicia con igualdad.

El fundador quiere ser justo.
Pero cree que ser justo es dar lo mismo a todos, sin importar el contexto.

El primer hijo se casa cuando el negocio apenas arranca. No hay margen. La empresa alcanza solo para apoyar con una casa modesta. Es lo mejor que se puede hacer en ese momento.

Años después, el negocio creció.
El hijo menor se casa.
Ahora sí alcanza para una casa mucho mejor.

Y ahí nace el problema.

El hijo mayor no ve proceso ni evolución.
Ve comparación.
Ve agravio.
Ve una injusticia personal.

“Yo llevo más años aquí.”
“Yo me he partido el lomo.”
“¿Por qué a él sí y a mí no?”

Los padres lo saben. Saben que el contexto es distinto. Saben que el negocio no es el mismo. Saben que explicarlo sería lo correcto.

Pero no quieren incomodar.
No quieren el reclamo.
No quieren cargar con el conflicto.

Y entonces hacen lo que parece más fácil: exprimir a la empresa para “equilibrar”.

Otra casa.
Otro apoyo.
Otro gasto.

No por estrategia.
Por culpa.

Y no es solo la casa.

Es lo mismo con las vacaciones.
Con los autos.
Con el colegio de los hijos.
Con los gastos personales disfrazados de beneficios familiares.

La empresa paga viajes.
Paga coches.
Paga escuelas.
Paga silencios.
Paga resentimientos.
Paga cobardías.

El fundador muchas veces sabe que está mal hacerlo. Lo sabe. No es ingenuo. Pero el amor de padre o de madre pesa más que el rol de Dueño.

Se dice que es por el bien de la familia.

No lo es.
Es por no asumir la responsabilidad de poner límites.

Aquí hay que decirlo sin rodeos.

Las comparaciones rompen a la familia.
Pero usar a la empresa como colchón emocional mata a la empresa.

Y eso no tiene marcha atrás.

La familia puede sobrevivir a la frustración.
El negocio no sobrevive a la explotación constante.

Llega un punto en el que ya no hay margen. Ya no hay aire. Ya no hay caja.

Y entonces no hay casas, ni vacaciones, ni autos, ni colegios, ni herencias.
Tampoco hay unión familiar.

No queda nada.

La empresa familiar no quiebra por falta de ventas. Quiebra porque nadie tuvo el carácter para decir:
“Esto no le toca al negocio.”
“Esto no es justo para la empresa.”
“Hasta aquí.”

Y cuando alguien intenta justificarse diciendo que tienen gobierno corporativo o protocolo familiar, conviene decirlo claro.

Son grandes herramientas.
Necesarias.
Útiles.

Pero no sirven de nada si nadie las hace cumplir.
Si nadie ejecuta consecuencias.
Si nadie se atreve a incomodar.

Ningún protocolo corrige a un padre débil.
Ningún consejo salva a una empresa gobernada desde la culpa.

El problema nunca fue el mercado.
Ni la estrategia.
Ni el negocio.

El problema es el rol.

Y por eso escribí *El problema no es tu negocio, el problema eres tú*. Porque esto lo he visto demasiadas veces. Empresas sólidas destruidas no por malas decisiones financieras, sino por dueños incapaces de anteponer el rol de Dueño al rol de padre, madre, hijo o hermano.

El libro está a la venta solo en Amazon.
No para motivarte.
Para confrontarte.

Nunca antepongas los intereses de la familia por los de la empresa.
Nunca.

Porque cuando el amor está mal ejecutado no protege.
Cría dependientes.
Divide familias.
Y mata negocios.

La empresa muere cuando el amor mal criado es más fuerte que el rol de Dueño.
Y sin empresa, la familia pierde todo lo que decía querer cuidar.

Ese es el precio de no tener los pantalones para hacer lo correcto.

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Colloto
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