18/05/2026
INVENTEMOS NOSOTROS
Después de muchos años de investigación científica y silenciosa, jefe, he descubierto al fin que el mayor deseo, el más básico, el primario y a la vez, la más importante preocupación de la mayoría de ciudadanitos de a pie o en patinete, es…, chachácha cháááánnn, hacerse con un bocadillo. Mire qué fácil y qué rápido se dice. El lograr semejante premio o tentempié, agenciárselo, hacerlo uno o -mejor- que te lo hagan, es el arribar a la meta, alcanzar la cúspide, el llegar a casa, en fin, cumplir el máximo y definitivo objetivo en la vida. ‘Lo que más’, que diría el recordado Manolo Jumilla, que en paz esté.
Algunos dirán que vaya tontería, que exagero, pero son aquellos que no se conocen a si sismos, y que no saben darle el valor al hecho que menciono, porque jamás se han visto en la situación de pasar o de tener hambre, ese hambre primitiva y fundamental. No importa ya entrar en detalles de contenido, continente o ingredientes del tal manjar. Que cada uno elija. El bocata -el sándwich para los yankis y americanos del sur-, es el sino vital que mueve nuestros pasos hacia la luz del porvenir. Mataríamos por uno en ocasiones, hay que reconocerlo, o daríamos todo lo que tenemos.
El ‘sanguche’ -como suelo mencionarlo en la intimidad de mi kitchen- es tema central o sustantivo revelador y protagonista en demasiadas de nuestras conversaciones, sólo hay que prestar atención a lo que decimos o nos dicen quienes nos rodean, cuidao. Luego, nadie deja un bocadillo por la mitad, ¿lo han notado? Salvo que se queme la casa. Y, por otra parte, no sabemos quién lo inventó, ni cuándo ni cómo. Pero yo propongo, si me permite jefe, que alguna de nuestras poblaciones cercanas se proclame “ciudad del bocadillo”, así, por las buenas. Si hay que buscar una justificación histórica habría que inventarse un papiro de origen medieval, celtívero o tartésico -da igual, siempre que sea anterior al conde de Sandwich- que mencione que a algún ser humano tal, a quien llamaban, a la sazón, ‘Bocadrillón, el ansioso’ se le ocurrió meter un cacho de carne entre dos panes para no quemarse al cogerlo, porque no tenía cubiertos a mano el tío, que era muy pobre. Luego ese invento lo nombraron como su inventor, y por deformación con los años y la reducción del tamaño del manjar, pasó a llamarse bocadillo entre los lugareños de la tal aldea de marras, cuna del inventor.
Luego habría que decretar la ‘semana del bocadillo de Don Benito’, por poner, con elaboración artesanal en la calle y toda esa parafernalia de chefs que hicieran su arte, de algo que nunca lo necesitó. Habría degustación de sanguches veganos -piedad- y vegetarians -sufro- sin exclusiones; o sea, inclusivos todos los gustos y colores. Yo lanzo la idea y quien quiera que la recoja y se la zampe. No pienso cobrar derechos, más allá de dos o tres bocadillos envueltos en film transparente; fíjense lo cutre del menda lerenda.
¿Eh? ¿Cómo dice jefe? ¿Si no pienso hablar hoy de política? (me dice, mientras clava en mi pupila su pupila azul) Puff, qué quiera que les diga, si todo va a seguir igual; ya la cosa no está en nuestras manos. Y uno, el que escribe, patrón, que tiene poca confianza en los politicastros en general, no sabe si, por ejemplo, este ‘pacto’ de Partido Popular y Vox en Extremadura durará mucho o poco y si nos vendrá bien a los de aquí, como esperamos, o no. Quiero decir, no creo que los pactistas sean mucho mejores para nosotros, el populacho, que los progresistas sanchistas, pero es práctica, matemática y judicialmente imposible que sean peores que estos últimos; en mi opinión, claro. Si tuviera que poner ejemplos de gestión en cada uno de los temas que nos conciernen a los ciudadanitos, una vez más, me repetiría demasiado, tardaría un mundo y agotaría la paciencia del informado lector sin necesidad, así que déjeme en paz por hoy.
No obstante, habrá oído en estos días, como ya le anticipaba en un comentario anterior, que el líder carismático mundial que nos manda y mangonea -un prohombre defensor de la salud pública y la solidaridad viral mundial, según él mismo-, y su gobierno, habían regado de millones en publicidad institucional a la mayoría de los medios de comunicación nacionales (a unos infinitamente más que a otros, por ser muy ‘progres’ -que siguen ‘progresando’, o sea-). Así es como hemos oído repetidamente en todos los medios locuaces lo iguales que somos todos, y lo bien que está ser progresista, feminista, naturista, cambio climatista y…, que todos debemos ganar lo mismo. Cosa a la que se oponía don Benito Lopera Perrote, and my. A esto último, digo. De todo lo otro, que cada quien piense y elija. Aunque, digo yo, ¿es lícito que el gobierno pague muy caramente esos mensajes sobreentendidos, y que eso sirva para menguar críticas al gobierno de la Nación, como mayor objetivo? No, no lo es. Ni es ético ni moral ni cabal. Es jugar a ganador, sin más. Y pasar por caja, cosa que nos gusta a todos. Pero, ¿a qué precio?
Sobre el juicio por ‘las mascarillas’ a Ávalos y Koldo, qué podemos decir, marqués. Que parece, tal como promete su título, un carnaval ya sin máscaras. Aparentemente se llevaron los tíos una pasta gansa en dinero de color -negro- que iba de sede oficial en sede oficial, de mostrador autorizado a mostrador autorizado, de escritorio en regla a escritorio con muchos sellos de tó y para tó, escondido en bolsas de la basura ("la mejor manera de ocultar algo es ponerlo a la vista de todos") y vamos que la chutamos. Y luego recomendaban y colocaban a muchachas ganadoras de uno o más certámenes de belleza, con los conocimientos superiores suficientes como para ganarse la vida sin apenas esfuerzo (bueno, si todo les saliera bien, cosa que no colegimos aún), que sabían de trenes lo que está en los escritos, concretamente, porque en su horario laboral leían libros de trenes en las bibliotecas, sin dar un palo al agua ni un paseo por las vías. Y no iban porque no esperaban a nadie en el andén, como la pobre Penélope. Si es que te lo están contando y no les crees, hermano.
Mejor dejamos para otro día lo de las guerras actuales, que no tienen pinta de acabar pronto y que ya habrá tiempo para decir cuatro tonterías, como hacen tantos obtusos tertulianos indocumentados. Que el hombre seguirá siendo loco, im***il y tonto por los siglos de los siglos, quiero significar, y los de al lado sólo dirán paparuchadas. Y esa ignorancia, y esos males, del espíritu y de la cabeza, están en permanente e infinita pandemia…
Y con todo y con eso, no me s**o de la cabeza el bocadillo que me voy a hacer ahora mismo: pan de pueblo, pechuga de pollo, queso cheddar, jamón york, huevo duro, mantequilla y mayonesa… Y que me dice el tal, resumando de queso por los lados: “cómeme despacio, rey”.
Llámenme romántico, si quieren.
Buenas tardes.
Carlos Lamas.
Semanario Vegas Altas y La Serena.