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Y es así....
03/06/2026

Y es así....

Hay un momento en que la mochila pesa igual…

pero tú ya no eres la misma persona que aceptó cargarla.

Hay un cansancio raro.

No el de trabajar mucho.

No el de dormir poco.

El de cargar cosas que ya ni siquiera sabes si siguen siendo tuyas.

Durante años llevé una mochila llena de responsabilidades, expectativas y compromisos que nunca me detuve a revisar.

Algunas cosas eran mías.

Otras no.

Pero como llevaban tanto tiempo sobre mis hombros, terminé creyendo que todas me pertenecían.

Y durante mucho tiempo ni siquiera lo vi.

Porque hay cargas que un día fueron amor.

O lealtad.

O necesidad.

Y eso funciona...

hasta que deja de funcionar.

Hasta que un día te preguntas lo que incomoda:

¿De verdad elegí llevar todo esto?

Y no aparece alivio.

Aparece culpa.

Porque llevas tanto tiempo sosteniéndolo que soltarlo parece una traición.

Como si estuvieras fallándole a alguien.

Aunque ya ni recuerdes cuándo hiciste esa promesa.

Pero no todo lo que pesa es tu responsabilidad.

Y no todo lo que esperan de ti tiene que seguir siendo tu carga.

A veces el primer paso no es soltar.

Es darte cuenta de que la mochila existe.

Porque cuando por fin la ves, algo cambia.

No desaparece el peso.

Pero deja de confundirse con quién eres.

¿Qué llevas tanto tiempo sosteniendo...

que ya ni recuerdas cuándo empezó a pesarte?



— Jose Luis

01/06/2026

"No hay hombre más mío que el que nació de mí."

Eso le dijo mi madre a mi padre una vez en mitad de una discusión.

Y la verdad... años después sigo pensando que tenía bastante razón. 🤣

Porque hay amores que llegan como si te hubieran entregado las llaves de una casa nueva...

y desde el primer día empiezan a mover todos los muebles. 😅

Un día despiertas y ya no recuerdas muy bien cómo era la vida antes de que alguien apareciera reclamando comida, atención, ayuda, paciencia y una cantidad absurda de energía emocional.

Y no te quejas. Bueno... no demasiado. 😁

Porque aunque ese pequeño inquilino te robe horas de sueño, tiempo libre y alguna neurona que otra, también llena habitaciones de ti que ni siquiera sabías que estaban vacías.

Aprendes que amar a un hijo no siempre es una postal bonita.

A veces es vivir con la sensación de que alguien reorganiza tu mundo cada cinco minutos.

Es recoger desastres.

Resolver misterios.

Negociar tratados de paz imposibles.

Y sobrevivir a preguntas que llegan cuando menos preparado estás. 🤣

Luego crecen.

Y poco a poco empiezan a construir su propia casa.

Y tú sonríes.

Con orgullo, claro.

Aunque una parte de ti también piense:

"Menos mal... porque ya era hora de que alguien más se hiciera responsable de su cena." 🤣🤣

Pero hay algo curioso.

Aunque se marchen, nunca terminan de irse.

Porque hay amores que no abandonan la casa.

Solo dejan de vivir en ella.

Y sí...

quieres que vuelen.

Pero cuando vuelan demasiado lejos, también miras el cielo un poco más de la cuenta.

¿Soy el único que quiere que caminen solos... y luego los echa de menos cuando lo consiguen? 😅

© Jose Luis Vaquero

01/06/2026
30/05/2026

Hay un momento en el que te das cuenta
de que no era amor lo que faltaba…

era paz.

Durante mucho tiempo estuve ahí.
Intentando entender.
Arreglar.
Sostener conversaciones
que siempre terminaban rompiéndome un poco más.

Y no era por la otra persona.

Era por mí.

Por no saber irme.
Por creer que insistir
era otra forma de querer.

Hasta que un día lo vi claro.

No todas las relaciones fracasan porque no haya amor.
Algunas fracasan
porque amar nunca fue suficiente para sostenerlas.

Y ahí empieza el desgaste.

No cuando dejan de hablarte bonito…
sino cuando empiezas a sentirte sola
incluso acompañada.

Y entonces cambia algo.

No haces ruido.
No peleas más.
Solo empiezas a elegir distinto.

Tu calma.
Tu energía.
Tu forma de querer.

Y entiendes algo que nadie te enseña a tiempo.

No se trata de aguantar más…
se trata de dejar de perderte intentando salvar algo
que ya no te estaba salvando a ti.

Era una relación
donde ya no podías seguir desapareciendo para que funcionara.

Y no.
No era falta de amor.
No te estabas quedando sin pareja…
te estabas quedando sin ti.
— Jose Luis

28/05/2026

Nadie habla mucho de lo que pasa después de emigrar.

No cuando llegas.
Después.

Cuando ya aprendiste a vivir lejos.
Cuando dejaste de mirar vuelos cada semana.
Cuando tu vida empezó a seguir aunque la otra también siguiera sin ti.

Porque hay un momento raro donde te das cuenta de algo.

Ya no cuentas cuánto tiempo llevas fuera.

Empiezas a notar más bien cuántas cosas cambiaron mientras tú no estabas. Personas. Calles. Costumbres. Incluso la forma en que te miran cuando vuelves.

Y eso te toca más de lo que pensabas.

Porque emigrar no solo te aleja de un lugar.
También te va alejando poco a poco de la versión de ti que existía allí.

Lo duro es que sobrevives.

Aprendes.
Te adaptas.
Resuelves cosas que antes te habrían destruido.
Te haces fuerte porque literalmente no te queda otra.

Pero esa fuerza tiene un precio.

Hay una clase de cansancio que aparece cuando pasas años sintiéndote demasiado extranjero para un sitio y demasiado cambiado para el otro.

Y aun así sigues.

Haces amigos.
Construyes rutinas.
Te ríes.
Trabajas.
A veces incluso eres feliz.

Pero hay días donde entiendes que una parte de ti se quedó suspendida entre dos vidas y probablemente nunca vuelva a encajar del todo en ninguna.

Y quizá emigrar también era eso.

Aprender a vivir con la sensación de haber perdido algo importante… aunque al mismo tiempo hayas encontrado partes de ti que nunca habrían existido si te hubieras quedado.

¿Tú todavía sientes que perteneces a un sitio… o ya no del todo?


— Jose Luis

27/05/2026

Lo más duro no es trabajar demasiado lejos de casa…
es darte cuenta de que nunca estabas construyendo tu propia vida.

Durante años fui una estación de servicio emocional.
Siempre abierta.

Siempre disponible.
Llenando depósitos ajenos
mientras el mío llevaba tiempo en reserva.

Aprendí a medir mi valor en horas extras.
En cansancio.

En cuánto podía aguantar sin romperme.

Confundí responsabilidad con desaparición.
Y productividad… con existir.

Y lo peor no era el agotamiento.

Lo peor era haberme acostumbrado
a vivir dejando siempre para después
todo lo que también necesitaba de mí.

Hasta que un día lo entendí.

No estaba construyendo un futuro.
Estaba hipotecando mi vida
para sostener la tranquilidad de otros.
Desde el otro lado del océano.

Y no renuncié gritando.

No hubo escenas.
Solo empecé a cerrar puertas antes de vaciarme por completo.
A dejar espacios libres.
Tiempo mío.
Silencios sin culpa.

Porque llega un momento
en el que entiendes algo que nadie enseña a tiempo.

Trabajar para sobrevivir lejos de los tuyos
no debería costarte desaparecer de tu propia vida.

Y no…
no estaba siendo fuerte.

Yo sola me las aplicaba. Yo sola me auditaba.
Yo sola decidía que todavía no era suficiente...
¿En qué momento sentiste
que llevabas años sosteniendo todo desde lejos…
menos a ti?

— Jose Luis

Durante mucho tiempo fue así
26/05/2026

Durante mucho tiempo fue así

A veces el peso no viene de lo que cargas…
viene de lo que aprendiste a no mostrar para poder seguir.

Durante mucho tiempo estuve ahí.

Contestando mensajes con "estoy bien".
Celebrando cumpleaños por videollamada.
Aprendiendo a que los abrazos también se vuelven recuerdo.

Y no era solo la distancia.

Era saber que mientras tú construías algo allá…
la vida de los tuyos seguía pasando sin ti..

Hasta que un día lo entendí.

No es que te acostumbras.
Es que aprendes a vivir con una parte de ti
siempre mirando hacia atrás.

Y ahí empieza lo que nadie ve.

No en el aeropuerto.
No el primer día.
Sino años después,
cuando te das cuenta de que ya no sabes muy bien
de dónde eres exactamente.

Y entonces cambia algo.
No lo dices en voz alta.
No quieres preocupar a nadie.

Solo sigues adelante.
Trabajando.
Mandando fotos.
Guardando para ti lo que pesa demasiado.

Porque nadie te explicó a tiempo
que emigrar no es un momento.
Es una forma de vivir para siempre
con el corazón repartido entre dos mundos.

Y no…
no era acostumbrarse.
Era aprender a querer desde lejos
sin que se note cuánto duele o cuanto se echa de menos.

¿Hay algo que dejaste atrás
que todavía no has podido dejar ir del todo?


— Jose Luis

Dirección

Getafe
28906

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