21/08/2026
Cumplí 39 años bajo un cielo en plena revolución y, entre eclipses, planetas alineados y estrellas fugaces, volvió una pregunta que nunca ha terminado de quedarse quieta:
¿Quiero ser madre?
He querido serlo.
También he estado segura de que no.
Este verano pasé dos semanas con el niño que más amo en el mundo. Terminé agotada, agradecí que alguien me relevara y, apenas se fue, la casa empezó a parecerme demasiado silenciosa.
Entonces entendí que amar profundamente a un niño no significa necesariamente querer tener uno. Y que no querer ser madre tampoco evita el miedo a que llegue el día en que ya no pueda serlo.
Porque una cosa es cerrar una puerta.
Otra muy distinta es escuchar cómo empieza a cerrarse sola.
El texto completo está en el enlace de la bio.