19/05/2012
¿Y qué le explico yo a mi madre?
- LA PRIMA DE RIESGO - (Completa)
Parece que de un tiempo a esta parte todo el mundo se ha vuelto economista. Y de los buenos. No salimos todos en las tertulias -como Ramoncín y algún otro- por falta de espacio en el plató. Esto es algo muy de aquí. Quién no lleve dentro un economista y un entrenador -que lo traemos de serie al nacer- es que no es español. Y yo, que sí soy español -de España- no iba a ser menos; así que cuando mi madre me preguntó el otro día: "Hijo, ¿y a esto le quedará mucho? Estoy mas harta de oír lo de la prima de riesgo... Es que, como yo no sé qué es eso…", pues me dije: "Ahora mismo te lo explico". Y a ello vamos.
Mira, mamá, te lo voy a explicar con un ejemplo. Imagina que a todos los vecinos de la calle -como casi ha pasado realmente- nos llega un promotor y nos compra las casitas bajas a un precio de escándalo y, además, nos ofrecen irnos todos a vivir a una urbanización de "gente bien" a las afueras del pueblo, que hace poco tiempo era un erial donde los lagartos iban con cantimplora, pero que ahora tiene más agua que el Coto de Doñana a base de construir piscinas. En esa urbanización vamos a estar los vecinos de la calle y los residentes extranjeros y nacionales que ya habían comprado sus chalets antes de que nosotros llegáramos. Todos felices. Urbanización de ricos, la pasta a capazos, buenos coches, todos a montar un negocio porque van solos y dejan mucho beneficio… ¡Jauja! Aquí el que no compre dos casoplones más para invertir es que no sabe de economía. Y claro, economía nos van a enseñar a nosotros. Pues venga otro chalecito pa´que no se diga que somos menos que el vecino.
Y la cosa sigue así durante unos años. Conocemos de qué pie cojean los vecinos, ellos nos ven cojear a nosotros, y la vida sigue su curso sin mayor problema que cambiar de coche cada poco y hacer un poco de ostentación para que la juerga no decaiga. De cuando en cuando, algún vecino viene a proponer un negocio y preguntarte si quieres invertir en él, pero como tampoco estamos para rompernos el lomo ahora que somos gente acomodada, pues le damos la pasta para que nos deje en paz y no nos moleste mucho. Preguntar por la inversión tampoco lo vamos a hacer, porque puede parecer que desconfiemos o que nos preocupe el dinero, y eso ¡no, hijo no! Así que la pasta corre, se presta a fondo casi perdido, la invertimos en cosas que no entendemos, se la damos al director del banco sin firmar papeles -o él la coge sin preguntarte y sin firmar papeles- y la vida sigue su curso. Hasta que un buen día, sin entender ni cómo ni por qué, el trabajo empieza a flojear, los directores de banco a "estar ocupados" para no recibirte, la interventora a llamarte para pedir aprobación de las domiciliaciones, el cajero a mirarte de reojo cuando ingresas una remesa… y uno se pregunta: ¿Qué leches está pasando? Y se lo sigue preguntando durante mucho tiempo más porque uno ya se había acostumbrado a la vida de rico -a la de pobre cuesta más, o nunca te acostumbras- y piensa que esto es pasajero. Pero no, esto viene para quedarse. Así que la cruda realidad empieza a manifestarse de forma cruel e "imprevista". Ahora tenemos que ir al banco a pedir préstamos para cosas que antes no es que no nos quitaran el sueño, es que no nos sacaban ni de una siesta. Pero los bancos no dan créditos. Sólo faltaba eso, que un banco diera créditos. Te dan vajillas, microondas, te venden seguros, juegos de toallas, pero… ¿crédito, dinero? ¡habrase visto que osadía! Pedir dinero en un banco cuando hace falta. Entonces reconoces la genialidad de Groucho Marx cuando dijo aquello de que "un banco es una entidad que presta dinero a todo aquél que demuestra que realmente no lo necesita" o "un banco es una entidad que reparte paraguas y te los quita cuando empieza a llover" -éste sí sabía de economía.
Ahora, mamá, es cuando viene lo de la prima de riesgo. Como los bancos ya no prestan dinero, y nosotros ya nos gastamos el que teníamos, intentamos recurrir a los vecinos ricos -que ya lo eran antes, sin promotor que les comprara, porque lo eran de cuna- para ver si quieren invertir en aquel negocio que montamos y para el que ya nos dieron algunas perras anteriormente. Pero resulta que el vecino, que de tonto no tenía un pelo, se dio cuenta de que el del chalet 14, al que le había prestado dinero para comprar una máquina, la compró y trabaja mucho y bien. No lo ve hacer viajes, ni cambiar de coche si no es para hacerse con una furgoneta mayor o para contratar personal, mientras que al del chalet 25, al que también le prestó para una máquina para la empresa, lo vio irse de viaje al Caribe, cambiar el BMW por un Mercedes 500 y de la máquina de la empresa nunca más se supo. Malo, porque ahora todos vienen a pedir otra vez, y esta vez con mayor necesidad, y el vecino rico piensa: "El chaval del 14 trabaja como una fiera. A mí el banco me va a dar un 3% por un plazo fijo, así que si le presto 1.000.000 y al final de año me devuelve 1.050.000, eso es un 5% y voy a ganar más que si lo dejo en el banco. Sin embargo, si se lo presto al del chalet 25, igual se vuelve a ir al Caribe, se compra un coche mejor que el mío y yo me quedo sin el millón y con cara de tonto". Y a ése, le pone excusas para no prestarle. Pero el del 25 insiste tanto que lo pone en el compromiso, porque le recuerda que al vecino del 14 sí le prestó el dinero, y claro, el vecino rico explota porque dejarse engañar dos veces ya es vicio y le espeta: "Ya, pero ¿dónde está la maquina para la que te presté la guita?" y el del 25, como todo caradura agobiado que se precie, le respondería algo así como: "Es que hice unas inversiones y no me quedó bastante, por eso necesito el millón, para la máquina; y esta vez te vienes conmigo para que veas que no te engaño". Entonces el vecino rico suelta aquello de: "Vale, te presto el millón, pero a final de año me devuelves 1.100.000" con lo que a éste le está sacando un 10% de beneficio, por no haber cumplido antes, por caradura y porque la pasta es suya, que carajo. El del 25 tiene que tragar o perderlo todo, así que traga, ¿que va a hacer?
Pero puede darse el caso de que el del chalet 26 sea aún más jeta que el del 25 y se vuelva a pegar el viaje al Caribe, comprarse dos Mercedes y encima reírse del que le prestó dinero por segunda vez. Y no sólo eso, sino que encima no paga la comunidad, su hijo se mea en al piscina y su perro se caga en nuestro jardín. Todos conocemos gente así, verdad. ¿Y entonces que pasa? Pues que primero empiezan los comentarios por la urbanización, luego las reuniones de la comunidad, luego los avisos del presidente, después las cartas del abogado y… y el tipo no recoge los avisos porque está otra vez en el Caribe comprando una máquina. O dos. Ahora es cuando llamamos a Houston para contarles que tenemos un problema. Porque, salvo el vecino rico, todos los demás estamos asfixiados y no podemos -ni queremos- cargar con los pagos pendientes del jeta del 26. El rico dice que él no pone más pasta y nosotros no tenemos. Él insiste en que si nos esforzamos, trabajamos más horas, sacamos a los niños del colegio privado, vendemos el BMW y lo cambiamos por una C-15, igual nos llega para que no nos corten el agua de la piscina comunitaria, la luz de la urbanización o el guarda jurado que nos vigila los casoplones. Pero no, hace tiempo que perdimos el habito de trabajar, ya casi no recordamos lo que era madrugar, la asistenta borró de nuestra memoria lo que era pasar la fregona o planchar una camisa, y con la C-15 está feo ir al Barlovento, no sea que aparezca el concejal de urbanismo, nos vea de esa guisa y lo casque. De nuevo, ¡no, hijo no!
Pero el vecino rico vuelve al ataque porque él, que siempre ha sido un tipo sensato, ve que la urbanización se está yendo a tomar por s**o y el precio de sus dos casoplones se desploma, y que corre peligro no ya de no cobrarle al del 26 -que eso lo daba por perdido- sino de perder también el préstamo que le hizo al del 25 y, si me apuras, hasta el chaval trabajador del 14, y lo que antes eran sugerencias, ahora se convierten en amenazas más o menos firmes. Así que la convivencia empieza a resentirse y el rico se pregunta por qué puñetas no se compró los casoplones en la urbanización del otro lado del pueblo, que siempre fue de gente de posibles, en lugar de hacerlo en una urbanización de nuevos ricos. En qué estaría él pensando… y ¿colorín, colorado? No, que va, esto no ha hecho más que empezar y se está hinchando.
Pues mira, Mama, la urbanización de nuevos ricos es la Comunidad Económica Europea, el vecino rico es Alemania, Grecia vive en el 26, nosotros en el 25, Francia, Italia y alguno más podrían vivir perfectamente en el 14, los bancos son los bancos y sus directores se interpretan a ellos mismos en esta película de caraduras, la urbanización del otro lado de Torrevieja es Estados Unidos o China, los mercados son la avaricia vestida de prudencia -incluído en vecino rico- y la puñetera prima de riesgo es la hartura a la que este señor ha llegado por la caradura del resto de algunos vecinos.
En matemáticas, si al del 14 le prestas 1.000.000 y devuelve 1.010.000, él es la referencia, si a nosotros el mismo préstamo nos obliga a devolver 1.050.000 nosotros estaremos 4 puntos básicos por encima. Y cuanto menos se fíen de nosotros, más nos costará el dinero que nos presten.
No se, mamá, si me he explicado bien, pero más o menos la cosa va así. Por cierto, ¿qué comemos hoy?