20/09/2025
El hacía de observador.
Sufría pero parecía incapacitado para ponerse serio. Para defenderse. Era observador de su propia denigración.
Su victimario construyó un circo en donde él era el payaso. Pero un payaso perdedor y burlado. Creía que eso era lo que tocaba para estar en ese grupo humano de posibles amigos.
Pasó un tiempo.
Dejó de ir porque se sintió triste y avergonzado.
Tuvo un buen amigo y luego un amor. Se fortaleció...
Volvió al lugar. Se sorprendieron con su llegada. Fue solo. Le dijo a su verdugo que no vendría más. Este lo trató de convencer con elogios engañosos para que se quedara.
Lo quería de arlequín. De partener ridiculo.
Pero le dijo basta. Gritando. Ya me has cansado! Una gracia del burlón rebotó contra el vacío de los silencios densos. Intuyeron que el asunto estaba en otro nivel. Algo había cambiado en su víctima.
"Me voy porque si no tendré que cortarte un dedo". Silencio absoluto. El verdugo de meses con los ojos inmensos salió corriendo, gritando un sonido casi animal.
El cuchillo era muy grande. Lo tiró al medio de la ronda. Los demás se quedaron callados y luego estallaron en una risa grupal. Pareció que tenían algo pendiente con ese pendenciero....quizás le obedecían por miedo.
Ninguno de los dos siguieron yendo a los encuentros del grupo. Tampoco es que se sepa si aquello siguió o se disolvió.
El circo había terminado.