12/09/2026
¿QUÉ PASARÍA SI MAÑANA DESAPARECIERA LA VIEJA GUARDIA DEL CAMINO DE SANTIAGO?
Hay una pregunta que casi nadie se atreve a hacer dentro del mundo jacobeo:
¿Qué ocurriría si mañana quienes llevan 20, 30 o incluso 40 años dirigiendo asociaciones, federaciones y estructuras relacionadas con el Camino decidieran marcharse?
¿Se hundiría el Camino de Santiago?
Probablemente no.
Quizá sucediera justamente lo contrario.
Durante décadas, una generación hizo un trabajo extraordinario. Recuperó caminos, pintó flechas, abrió albergues, defendió rutas olvidadas y consiguió que el Camino llegara hasta nuestros días.
Eso forma parte de la historia y nadie debería borrarlo.
Pero existe una diferencia enorme entre haber construido algo y pensar que debe pertenecerte para siempre.
El Camino necesita aire.
Necesita jóvenes. Necesita nuevos peregrinos. Nuevas ideas. Nuevas maneras de comunicar. Tecnología, creatividad, idiomas, proyectos internacionales y personas que entiendan cómo ha cambiado el mundo.
Y, sobre todo, necesita asociaciones donde alguien de 25, 30 o 35 años pueda entrar y sentir que algún día podrá decidir.
Porque si los jóvenes únicamente pueden colocar sillas, ayudar en actividades, llevar las redes sociales o escuchar a quienes llevan décadas tomando las decisiones, eso no es renovación generacional.
Eso es buscar ayudantes.
Y quizá ahí esté uno de los grandes problemas del movimiento asociativo jacobeo.
No sobra la gente mayor.
Sobran los cargos eternos.
El conocimiento de los veteranos es imprescindible. Su experiencia debería conservarse, escucharse y transmitirse.
Pero transmitir un legado también significa saber entregar el testigo.
Imaginen asociaciones donde los veteranos fueran maestros y consejeros mientras una nueva generación asumiera presidencias, juntas directivas, proyectos y decisiones.
Quizá aparecerían errores.
Seguro.
Pero también aparecerían ideas que hoy ni siquiera estamos imaginando.
Porque el Camino de Santiago sobrevivió durante más de mil años sin nosotros.
Y también sobrevivirá cuando nosotros ya no estemos.
Por eso la verdadera pregunta no debería ser:
«¿Quién manda ahora en el Camino?»
La pregunta debería ser:
«¿A quién estamos preparando para cuidarlo cuando nosotros nos vayamos?»
El Camino siempre ha consistido en avanzar.
Tal vez haya llegado el momento de que algunas de sus estructuras también empiecen a caminar.
RTV Camino de Santiago
24 horas caminando juntos