06/02/2020
Entrar a La Luz de Candela -Cocina de temporada-, es entrar al salón de un bistró francés, con música de acordeón y olor a petunias, pero sin olvidar que estás en Calle dos aceras, junto a cofradías, y otros templos de culto profano.
Ahí, como si de un arquitecto de la cocina se tratara, con sus gafas “lecorbuserieanas”, practica Charles Dusser el noble arte de la artesanía culinaria, de eso que hoy llaman “slow food” y que no es ni más ni menos, que cuidar la materia prima y el detalle en cada elaboración que se presenta sobre la mesa.
El inicio con el detalle de la casa, de un plato de jamón ibérico de cerdo rubio de Ronda, de La Dehesa de los Monteros, acompañado del libro donde se versaba sobre el origen de este manjar, fue el mejor comienzo para una cena, donde se intercambiaron platos entre los 5 comensales que nos ubicamos en una mesa estilo provenzal en el centro de la sala.
Se degustaron las Vieiras a la plancha, bien presentadas pero donde se echó de menos que la ración fuera independiente para cada comensal, al venir acompañado de unas verduras en su jugo, deliciosas. A continuación uno de los platos más certeros, fue el chipirón con carpaccio, un auténtico mar y montaña que conseguía el efecto deseado.
También se optó por la lubina, donde destacaba la materia prima sobre el resto de elementos, pero que no sorprendió en exceso. Algo parecido ocurrió con el taco de cochinillo.
Por el contrario el secreto ibérico a baja temperatura, era una delicia en cuanto a la textura y suavidad de la carne, acompañado por un magnífico puré de patata casero.
Los postres caseros destacaban por la ligereza y exquisitez en su presentación, como se ha destacado con el resto de platos. EL bizcocho borracho estupendo, y en los lingotes de chocolate echamos de menos, un poco más de contraste en sabores y texturas.
En cuanto a la carta de vinos, nos pareció algo corta, y con precios elevados para los caldos que se ofrecían.
En general un buen lugar donde degustar buena materia prima, con presentaciones sencillas donde no se sobreexponen los alimentos, alejada de artificios y técnicas innecesarias, con la única salvedad de la escasez de la cantidad, en relación al precio, aunque concordaba con la finura y elegancia de las elaboraciones.