12/05/2026
En uno de los crímenes más horribles que sacudieron las Islas Canarias españolas durante mayo de 2026, la historia de la desaparición de la ciudadana belga Katy Oosterlinck, de 56 años, se convirtió en un impactante caso de as*****to después de que las investigaciones revelaran que su propio hijo era el responsable de acabar con su vida de una manera estremecedora. Katy vivía desde hacía años en la isla española de Fuerteventura, donde era conocida por los vecinos como una mujer tranquila y amante de la vida, antes de desaparecer repentinamente el 3 de mayo tras regresar a su casa después de reunirse con una amiga. Con el paso de los días sin rastro alguno de ella, familiares y amigos comenzaron a preocuparse, por lo que el 4 de mayo se presentó oficialmente una denuncia ante la policía, iniciándose así una amplia operación de búsqueda en la que participaron agentes de seguridad, investigadores y expertos forenses.
A medida que avanzaban las investigaciones, las sospechas comenzaron a centrarse en su hijo Aaron, de 22 años, especialmente debido a las contradicciones en sus declaraciones y a su comportamiento extraño durante los interrogatorios. Según los informes, el joven sufría problemas psicológicos y una fuerte adicción a las dr**as, algo que incrementó las sospechas de los investigadores sobre su implicación en la desaparición de su madre. Finalmente, presionado por las pruebas reunidas por la policía, el acusado terminó derrumbándose y confesó el crimen, afirmando que mató a su madre dentro de la vivienda tras una violenta discusión, antes de cometer un acto espeluznante que causó conmoción tanto en España como en Bélgica: descuartizó el cuerpo en varias partes, las introdujo en bolsas de plástico y posteriormente las arrojó a contenedores de basura cercanos a la casa.
Las investigaciones revelaron más tarde que los camiones de basura trasladaron las bolsas al vertedero de Zorita, lo que llevó a la policía a realizar una compleja operación de búsqueda dentro del vertedero en condiciones extremadamente difíciles, hasta que los equipos especializados lograron encontrar los restos del cuerpo y resolver el misterio de la desaparición que había conmocionado a la opinión pública durante varios días. Además, según medios locales, las cámaras de vigilancia mostraron al acusado comprando bolsas y herramientas poco antes de cometer el crimen, lo que reforzó aún más sus confesiones ante las autoridades.
El caso provocó una enorme conmoción tanto en la sociedad española como en la belga, especialmente por la brutalidad de los hechos y porque el autor del crimen era el propio hijo de la víctima. Hasta el momento, el acusado permanece en prisión preventiva en España, mientras las autoridades judiciales continúan las investigaciones con vistas a presentar oficialmente cargos por homicidio intencional y profanación del cadáver.