20/02/2026
Ser "autosuficiente", como declaraba Parálisis Permanente en su canción, es el objetivo contemporáneo más ansiado, a la vez que el más deshonesto. Es ridículo pensar que pudiéramos vivir sin les otres, pero el mundo tardocapitalista nos anima constantemente a que lo hagamos.
Por qué llamé a este proyecto "Autosuficiencia" se debe a que el mensaje sobre la falta de perspectiva social del individuo que arrojaba entonces aquel grupo sigue vigente. Podemos construir nuestra intimidad a nuestra medida, escribir nuestros traumas y justificar nuestra ansiedad. Podemos intentar no salir jamás de nuestra casita, recluirnos del mundo exterior, ser dioses y bastarnos a nosotres mismes, o ignorar nuestras condiciones materiales por el arte. Pero entonces rechazamos la posibilidad de tener un hogar duradero, pues nuestros cimientos serán pura ideología.
Sin embargo, quizás no siempre es momento de tener un hogar, sino que podemos pivotar entre varios. Y eso es lo que he hecho estos últimos años. Cambiar de casa, cambiar de personas, cambiar mi autopercepción, cambiar mis hábitos, reconstruir piedra a piedra mi camino. Otorgarme el derecho a fallar, a actuar mal. Ahondar en aquellas partes de mí que me asustaban, darme el espacio para crecer y verme afectada por múltiples relaciones y lugares que, en realidad, me construían a mí, y no al revés.
Viví entre la nostalgia y la extrañeza. Me sentí en un hogar de juguete, frágil, frente a una ciudad fría y vacía. El mundo se convirtió en un espacio liminal. Habité la constante contradicción entre la soledad no buscada y el in****no ajeno. Me pensé como un catalizador energético.
En ese impasse, "vi mi cuerpo en descomposición", pero me dio igual, porque el mundo se descomponía de la misma manera ante mis ojos.
Este proyecto bebe del dolor, el juego, la oscuridad, el psicoanálisis, la exploración psicotrópica, el amor y las complejas relaciones familiares. Exploradlo igual que he explorado yo cada intercambio con vosotres.
28 de febrero
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