05/06/2026
La noche anterior estábamos Milo y yo jugando UNO en la sala.
Y le dije:
—El que gane la primera ronda tiene una sorpresa mañana.
Milo se emocionó y lo primero que me dijo fue:
—¿Puede ser cualquier cosa?
Le respondí:
—Sí, cualquier cosa.
Y sin dudarlo me dijo:
—Quiero a Matías.
Yo ya sabia su respuesta, además Milo viene extrañando semanas a Mati, lo único que quería era a su hermano.
A la mañana siguiente, mientras caminábamos al colegio, le dije:
—Hoy voy a ir a comprarte tu sorpresa.
Y otra vez me respondió exactamente lo mismo:
—No mamá, tráeme a Matías.
Yo sonreí y le dije:
—No pues Milo, tú sabes que eso no se puede…Mati esta en Italia estudiando y trabajando (mentirilla piadosa).
Lo que Milo no sabía era que Matías ya estaba en camino.
Y que llevaba horas esperando volver a abrazar a su hermano.
Cuando Milo salió de clases le tapé los ojos porque le dije que había puesto su sorpresa dentro de la lonchera.
Él estaba emocionado intentando adivinar qué le había comprado.
Entonces abrí la lonchera y saqué una galleta jajaja…
—Aquí está tu sorpresa —le dije.
Y mientras él miraba la galleta, confundido, sin entender mucho, no se había dado cuenta de que justo delante de él estaba sentado Mati.
Ahora a ver el video. Ya tienen el contexto.
Los regalos más importantes no vienen envueltos.
No se compran.
No tienen precio.
Porque de todas las cosas que podía pedir en el mundo, eligió a su hermano.
Y como mamá, no existe nada que me haga sentir más orgullosa que eso.
Siempre he tratado de enseñarles a Matías y a Milo que la familia no es algo que simplemente se tiene.
La familia se cultiva.
Se cuida.
Se protege.
Se construye todos los días.
Se siembra amor para cosechar amor.
Porque el día de mañana, cuando yo ya no esté, ellos seguirán teniéndose el uno al otro.
Y después de ver este momento, sé que ese amor ya echó raíces. ❤️