Editorial Grupo Cero

Editorial Grupo Cero La Editorial Grupo Cero es fundada en Buenos Aires en 1974, por Miguel Oscar Menassa. En Madrid func

Novedad Editorial Grupo Cero 2026“A varios palmos del suelo”Lourdes Ponce
17/06/2026

Novedad Editorial Grupo Cero 2026

“A varios palmos del suelo”
Lourdes Ponce

26/05/2026

PRESENTACIÓN DE FREUD Y LACAN HABLADOS 6

Freud y Lacan hablados 6 Y 7 son una compilación de clases dictadas por el Dr. Miguel Oscar Menassa, Director y Didacta de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero. Clínica psicoanalítica y técnica psicoanalítica, ambas cuestiones teóricas, que forman parte de la formación de psicoanalistas.
Leemos en Freud y Lacan hablados 6: “Más allá de todo decir en la Institución Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero se produce enseñanza del psicoanálisis y transmisión del psicoanálisis simultáneamente porque pensamos que no se puede producir por separado”.
Se trata, por tanto de la lectura de los textos teóricos: Freud, Lacan y Menassa para adquirir las nociones básicas y todavía estamos hablando de conocimiento, será necesaria la interpretación en transferencia para construir los conceptos. Porque no se trata de conocimientos sino de saber, de jugarse en un saber que no se sabe. El psicoanálisis plantea una nueva relación con el saber, a diferencia de las lógicas anteriores que hacen coincidir conocimiento y saber, que no tienen en cuenta al sujeto de la enunciación. El saber es una estructura significante y es siempre en acto.
Se transmite un estilo, una manera de pensar la formación y una manera de acercarse a la teoría. Estilo, palabra que proviene del latín stilus, que era el punzón que utilizaban los antiguos para escribir sobre tablas de cera, como describe Freud en El blog maravilloso.
Esto es lo que se despliega en estos textos que hoy nos convocan, donde nos va mostrando que hablar de clínica y de técnica psicoanalítica es hablar de la constitución del sujeto.
Un sujeto que sólo existe después de hablar. Que se tiene que constituir en el lenguaje y acceder a la función de la palabra para poder hacerse sujeto de la castración, eso también para cada uno, algo que acontece en el encuentro con el otro, que siempre va a ser uno otro semejante y Otro, sede del lenguaje.
En el lenguaje nos vamos a constituir como sujetos psíquicos a través de distintas operaciones que van fundando lugares en el aparato psíquico y no es hasta el complejo de castración que existe el humano. Todo comienza en la castración, queda subvertido el tiempo.
Y si hablamos del sujeto que piensa el psicoanálisis tenemos que hablar también del deseo y del goce porque, como humanos, somos sujetos deseantes y sujetos pulsionales: Todo se construye con palabras, con deseo y con pulsión. Un sujeto psíquico mortal y carente, una carencia constitutiva.
El primer capítulo de Freud y Lacan hablados 6 - Clínica Psicoanalítica – Se titula Generalizaciones instrumentales, instrumentos teóricos:
Concepto de inconsciente, invariante de una compleja red de elementos teóricos. Complejo de Edipo y Complejo de castración que es la relación que tiene el hombre con la ley que lo fabrica como hombre y que divide al sujeto para siempre .
Fase del espejo, que nos ayuda a comprender el proceso de identificación y en última instancia fija el modo, la matriz en que se va a producir la identificación.
Segunda tópica donde las relaciones no son sólo intrasistémicas sino también intersistémicas.
Constitución del Superyó, importante, no tanto porque después va a producir toda la locura moral, las neurosis obsesivas y el autocastigo; sino porque teóricamente funda el mecanismo de identificación
Y por última Teoría de las identificaciones en la producción del sujeto. Todo ello para acercarnos a lo que desplegara en el resto del libro.
Un libro con múltiples posibles entradas donde se pone en juego toda la Teoría psicoanalítica como no podría ser de otra manera si se trata de Miguel Oscar Menassa, parte de la historia del Psicoanálisis.
Leemos: “La producción del concepto de inconsciente inaugura un tiempo donde el hombre ve subvertido, no tanto su sexualidad, no tanto su vida, como su tiempo”. Porque el sujeto es tiempo. Un aparato psíquico temporal que no existe hasta que hablo.
Va a trabajar a lo largo de diversos capítulos el Proceso de enfermarse: neurosis, psicosis, perversión, enfermedades psicosomáticas, marcando sus diferencias.
Nos dice: “Hablar del proceso de enfermarse en psicoanálisis es cuestionar la medicina, porque vamos cayendo en enfermedades que aparecen en la cultura médica como provocadas por deficiencias orgánicas”.
Son capítulos donde nos va a hablar de las fases libidinales y las sexualidad infantil reprimida, aquella que nada tiene que ver con los proyectos sociales, de la transferencia, (es decir, del deseo del paciente en relación al deseo del analista) como motor de todo tratamiento posible, donde la realidad material queda sustituida por la realidad psíquica, significante, y de la interpretación que transforma tanto al paciente como al psicoanalista, lo que le sirve de entrada para hablar de la formación, continuamente presente en todos los capítulos.
Trabajando el Yo y el Ello, señala que es un texto, que cambia la concepción filosófica de la enfermedad, en tanto, toda enfermedad es social porque toda enfermedad es el producto de una desavenencia del Yo frente a la realidad, en todos los casos a pedido del Superyo que le dice que la acepte o a pedido del Ello que le dice que la rechace.
Al hablarnos de las enfermedades psicosomáticas señala que son la expresión de un afecto y no de una frase. “Entonces tendríamos que pensar un error en la formación de la matriz de identificación, es decir, una incapacidad del sujeto en formular su Superyo en tanto el Superyo se generaba por un proceso de identificación”.
Que la ausencia de fantasías, la ausencia de imaginación, en estos sujetos, la necesidad de la realidad concreta, esa necesidad que tiene el psicosomático de retratar la realidad de manera fotográfica y que nos habla del no acontecimiento o del acontecimiento de una manera rara, imperfecta o ambigua del complejo de Edipo donde con la aparición del tercero existe lo imaginario porque lo imaginario adquiere materialidad.
Esa intención de lo concreto es porque no puede concretar para accionar sobre la realidad, no puede discriminar, algo dificultoso sin el principio de la realidad que si con algo tiene que ver tendrá que es con el Superyo que se instala para evitar una mutilación. Por lo tanto su débil producción o su producción defectuosa producirá una mutilación del sujeto, mutilación de cualquier órgano, el órgano más fuerte enferma, aquel órgano donde el yo del sujeto está atrincherado en lugar de estar atrincherado en una identificación. Es como si el yo abandonara su residencia en el aparato psíquico y radicará su residencia en un órgano.
De la histérica señala que le están prohibidas las relaciones heterosexuales pero no las homosexuales, Porque son las relaciones homosexuales las que le permiten llegar al hombre, por qué el hombre es buscado nada más que para que encuentre a la mujer que le corresponde, es decir, a la mujer en la cual ella se pueda mirar el hombre. Es utilizado como instrumento de la relación sexual.
Y del eyaculador precoz y del impotente señala que su aparato sexual es infantil. No buscan una mujer en la relación sexual sino que buscan ser aquella mujer, y cómo ser mujer y hombre tiene que ver con las diferencias sexuales anatómicas. Síntomas donde se cumple un deseo infantil y además el castigo por el cumplimiento.
Y ya para finalizar nos señala que para conseguir la integración de los pacientes con algún tipo de subnormalidad, o de discapacidad como se diría ahora, tendría que estar la maestra tan psicoanalizada como para que cuando le asigne una tarea al subnormal pudiera hacerlo sin tener en cuenta la supuesta minusvalía, porque cuando tiene en cuenta la supuesta minusvalía no le deja crecer y que en toda psicosis infantil la resolución está en la identidad sexual y en la psicosis de los padres.
Un libro con múltiples posibles entradas donde se pone en juego toda la Teoría psicoanalítica como no podría ser de otra manera si se trata de Miguel Oscar Menassa que forma parte de la historia del Psicoanálisis.

Pila Rojas Martínez

24/05/2026

Presentación de Freud y Lacan Hablados 6 y 7, de Miguel Oscar Menassa.
Editorial Grupo Cero

Por Virginia Valdominos, psicóloga y psicoanalista del Grupo Cero
22 de mayo de 2026

Presentar Freud y Lacan Hablados 6 y 7 es introducir dos nuevos volúmenes dentro de una serie ya consolidada y situarnos en el punto mismo donde el psicoanálisis se juega como práctica. No estamos ante libros que se limiten a comentar a Freud o a Lacan, ni ante textos que repitan un saber ya establecido. Estamos ante una producción que, en acto, continúa el movimiento inaugurado por Freud, retomado por Lacan y desplegado por Miguel Oscar Menassa en la dirección de la transmisión del psicoanálisis como ciencia, como práctica y como Escuela.
Menassa se sitúa en esta tradición que entiende que el psicoanálisis no avanza por acumulación de conocimientos, sino por ruptura. Cada concepto, cuando es verdaderamente trabajado, introduce un corte. Y ese corte no es teórico solamente: es clínico. Por eso, estos libros no son libros “sobre” psicoanálisis. Son libros que hacen psicoanálisis. Aquí no se trata de comprender mejor a Freud o a Lacan, sino de leerlos desde una práctica. Y eso cambia todo. Porque cuando la lectura es clínica, ya no buscamos confirmar lo que sabemos, sino producir lo que todavía no sabemos. La lectura deja de ser un ejercicio intelectual para convertirse en una producción.
Hay algo destacable en el hecho de que estos dos volúmenes se presenten juntos. No es una coincidencia, ni una comodidad editorial. Es, más bien, la puesta en escena de una articulación entre la clínica psicoanalítica y la técnica psicoanalítica. Dos dimensiones que, si bien pueden distinguirse conceptualmente, en la práctica no pueden separarse sin perder el rigor del campo.
Si el psicoanálisis progresa por interpretación, y si la interpretación se produce en transferencia, entonces estamos obligados a pensar en qué condiciones ese trabajo es posible. Es ahí donde estos libros encuentran su lugar. El volumen 6 nos introduce en la clínica; el volumen 7 en la técnica. Pero no como dos compartimentos estancos, sino como dos momentos de un mismo proceso, como dos resortes de una maquinaria compleja que es la práctica psicoanalítica.
En Freud y Lacan Hablados 6, Menassa nos sitúa en el campo de la clínica psicoanalítica. Pero conviene precisar de qué hablamos cuando hablamos de clínica. No se trata de una clasificación de síntomas, ni de una taxonomía de enfermedades. La clínica psicoanalítica es, ante todo, una manera de pensar. Una posición frente al discurso del paciente. Una forma de considerar que aquello que aparece como síntoma, como acto, no es un error del sistema, sino una producción con sentido.
Para que esto sea posible, es necesario un instrumento. Y ese instrumento es el concepto de inconsciente. Pero aquí se produce un giro porque el inconsciente, que en su origen es el producto de un trabajo teórico —el trabajo de Freud sobre el discurso de sus pacientes—, pasa a convertirse en un instrumento de trabajo en la práctica clínica. Es decir, deja de ser un resultado para convertirse en una herramienta.
El concepto de inconsciente, producido en La interpretación de los sueños, constituye la invariante de una compleja red de elementos teóricos. Trabajar con él como instrumento en la práctica técnica implica aceptar una serie de consecuencias: la existencia de la represión, la alteridad de lo psíquico y el descentramiento de la conciencia, que deja de ser el núcleo de la vida anímica. Supone también admitir que la condición misma de la existencia es inconsciente, que la sexualidad es fundamental para la vida psíquica y que el yo se constituye en relación con el otro.
Desde esta perspectiva, el deseo inconsciente no tiene objeto y las representaciones reprimidas no acceden nunca directamente a la conciencia, sino que lo hacen bajo la forma de energía, desplazando su carga hacia representaciones posibles. De ahí que solo podamos saber de lo reprimido a través de la interpretación.
Conviene, en este punto, no confundir el método con la técnica. La construcción de un deseo no acontece de manera espontánea en la propiedad de la asociación libre, sino en un trabajo donde una fuerza constante insiste en expresarse en la conciencia, sin moral y bajo cualquier máscara. El mundo psíquico, en este sentido, no coincide con la experiencia vivida: la realización del deseo puede consumarse en él sin que tenga correlato en la realidad objetiva.
Es precisamente esta disyunción la que hace compleja la instauración de la Ley. La energía del deseo es de tal magnitud que puede modificar la conducta del sujeto, su cuerpo e incluso su realidad circundante. Este planteamiento cuestiona toda forma de terapia, psiquiatría o psicología que piense al sujeto desde una racionalidad consciente, y nos conduce a una conclusión fundamental: la práctica clínica psicoanalítica es, en sí misma, teórica; es decir, se inscribe en lo que podemos denominar una praxis materialista.
Este desplazamiento es lo que permite que el analista pueda operar. Porque ya no se trata de explicar al paciente lo que le ocurre, ni de corregir sus síntomas, sino de trabajar sobre su discurso, permitiendo que en ese discurso aparezcan nuevas articulaciones, nuevas combinaciones, nuevos sentidos.
En este punto, Menassa incide en una máxima del psicoanálisis: aquellos mecanismos psíquicos que funcionan en el sujeto “normal” son los mismos que producen la enfermedad. No hay una diferencia cualitativa entre normalidad y patología, sino diferencias de cantidad. Y donde ciertos límites de cantidad se transforman en otra cualidad. Esto tiene consecuencias clínicas, porque rompe con la idea de una separación radical entre salud y enfermedad, y nos obliga a pensar el síntoma como una producción de la estructura misma del sujeto sobredetermianda por el deseo inconsciente.
El volumen 6 recorre, desde esta perspectiva, distintas estructuras clínicas —neurosis, psicosis, perversión, fenómenos psicosomáticos— mostrando que todas ellas responden a modos de funcionamiento del aparato psíquico, articulados en torno a la represión, la fijación, la regresión, la constitución del superyó, la sexualidad infantil reprimida. No se trata de enumerar enfermedades, sino de saber cómo se producen.
Pero este trabajo clínico no puede sostenerse sin una técnica. Y es aquí donde entra en juego Freud y Lacan Hablados 7.
El volumen 7 se centra en lo que podríamos llamar las aportaciones a la técnica psicoanalítica. Y conviene subrayar que la técnica psicoanalítica no es un conjunto de reglas prácticas que se aplican de manera mecánica. La técnica es, todavía, teoría. Es teoría en acto. Es el conjunto de condiciones que hacen posible la práctica.
El eje de esta técnica es la asociación libre en transferencia. Pero decir esto no es decir poco. Porque implica aceptar que el material con el que trabaja el psicoanálisis no es dado, no está ahí esperando ser recogido. Es producido. Y se produce en una relación particular: la transferencia. La palabra cura si se desarrolla en el campo original que produce el diálogo psicoanalítico.
La transferencia no es un obstáculo, ni un fenómeno secundario. Es la condición misma del análisis. Es lo que permite que el sujeto hable, que repita en acto, que despliegue su cadena significante. Y es en transferencia y sobre esa cadena donde el analista puede intervenir, no imponiendo un sentido, sino interpretando, es decir, introduciendo un corte, una escansión, que permita la aparición de algo nuevo, nuevas combinaciones de palabras, un nuevo discurso en el paciente.
Algunos de los textos técnicos de Freud —Los recuerdos encubridores; resistencias contra el psicoanálisis; la novela familiar del neurótico; el porvenir de la terapia psicoanalítica— son aquí retomados, releídos, articulados con las aportaciones de Lacan y con la práctica del Grupo Cero. No como un ejercicio erudito, sino como una necesidad operativa de actualizar el campo en la práctica contemporánea. Porque como dice Menassa: sin coordenadas, sin ajustes y sin actualizaciones es absolutamente imposible una inscripción social.
Y en este punto aparece una cuestión crucial: la diferencia entre técnica y práctica-técnica. No basta con conocer la técnica. No basta con saber qué es la asociación libre o la transferencia. Es necesario poder sostener una práctica, una situación “cuasi experimental” donde analista y psicoanalizando se encuentran en un dispositivo que permite que algo del orden del inconsciente se produzca.
Esto introduce otra dimensión fundamental: el deseo del analista. No hay técnica posible sin una posición ética y una formación permanente. No hay interpretación posible sin un deseo que la sostenga. El analista no es un técnico neutral que aplica procedimientos; es un sujeto que hace un trabajo sobre sí mismo y que puede, desde ahí, operar en el campo del aparato psíquico.
En este sentido, el psicoanálisis aparece como un hecho exquisitamente comunitario. No es una relación entre dos individuos aislados, sino un dispositivo sostenido por una comunidad, por una transmisión, por una formación. Lo que está en juego no es solo la cura de un paciente, sino la producción de un sujeto psíquico.
Y aquí es donde estos libros adquieren toda su importancia: no son solo textos de estudio, son actos de transmisión. Son clases habladas, es decir, saber en acto, saber que se produce en el momento mismo de su enunciación y que luego es transcrito para su circulación.
Leer estos libros no es un acto pasivo. Es entrar en transferencia. Es dejarse afectar por una cadena significante que no se limita a informar, sino que transforma. Cada lectura produce una serie, una repetición diferencial, donde algo se desplaza, algo se reordena, algo se abre, algo e articula.
Más de un siglo después de La interpretación de los sueños, estos volúmenes nos permiten constatar que el psicoanálisis no es una teoría cerrada, sino un campo en expansión. Freud produjo una ruptura. Lacan releyó esa ruptura y la llevó a un nuevo nivel de formalización. Menassa, en estos textos, actualiza ese movimiento, lo inscribe en nuestra lengua, en nuestra época, en nuestra práctica.
Y no es menor que esto ocurra en lengua castellana. La lengua que Freud estudió para leer a Cervantes. La lengua en la que hoy se produce una de las transmisiones más rigurosas del psicoanálisis. La lengua donde estos textos dejan una huella, una marca, una inscripción en la historia del campo.
Podríamos decir, para concluir, que Freud y Lacan Hablados 6 y 7 son libros fundamentales para los psicoanalistas en formación en la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero.
Fundamentales para otros profesionales que quieran entender la lectura que esta Escuela hace de Freud y de Lacan.
Y fundamentales, en general, para cualquiera que quiera acercarse al psicoanálisis como una práctica rigurosa, y en permanente construcción.
No solo enseñan psicoanálisis. Lo producen. Lo hacen existir en acto. Y nos convocan, como lectores, como analistas, como sujetos, a participar de ese movimiento.
En este sentido, Freud y Lacan Hablados 6 y 7 no solo forman, sino que sitúan al candidato dentro de una cadena de transmisión, marcando coordenadas precisas desde las cuales pensar la clínica, la técnica y la práctica psicoanalítica hoy.

23/05/2026

Presentación
FREUD Y LACAN – hablados- 6 y 7

Por Amelia Díez Cuesta

En 1981 se funda la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero, bajo el lema: Madrid debe leer a Freud. Un decir que indica que la lectura de la obra de Sigmund Freud será su fundamento, lo cual define a esta Escuela como freudiana. Lacan había pedido un retorno a la lectura de Freud y bajo esa consigna se incluyen los aportes que Lacan hace a la transmisión. Lectura como producción, una lectura que solo mediante la escritura será posible dar cuenta de ella, cuestión que diferencia la lectura ingenua o ideológica, la lectura epistemológica o modo de producción de los pensamientos, que dejará de ser evolutivo, cesará de buscar un origen donde todo comienza para considerar un punto de no retorno, un punto de ruptura epistemológica donde se produce su comienzo como ciencia, a partir del cual se puede iniciar una lectura científica que seguirá las tesis y articulará conceptos, sin que falte la lectura poética, donde la poesía pasará a ser instrumento de conocimiento, será ella misma una forma de leer.
Esta Escuela se materializa con esta lectura como producción escrita, la lectura hecha por Miguel Oscar Menassa, cuya muestra son la serie, la seriedad de estos 7 tomos, siete libros, de los cuales hoy presentamos Freud y Lacan –hablados- 6 y 7. Lectura que forma parte de la formación permanente del psicoanalista y poeta M.O. Menassa, y la formación de aquellos que participaron en esa formación y dan cuenta de ello mediante la escritura de su propia lectura, mostrando cómo conciben la transmisión. Estudiar a Menassa, estudiar cómo estudiaba Menassa fue, es y será parte de la formación de los psicoanalistas. Leer y dejarse leer, ser otro en cada lectura, ir aprendiendo que leer es un trabajo, para que cada lectura sea una nueva lectura.
La práctica teórica y la práctica clínica son elementos imprescindibles en la formación de los psicoanalistas, y esta Escuela indica que la práctica clínica sin práctica teórica es ideológica, por eso la escritura será condición de existencia, algo que se muestra en cada uno de estos libros –hablados-. Los escritos y los seminarios se diferencian, unos van de la escritura al habla y otros del habla a la escritura.
Que Menassa además sea poeta, sea un escritor, marca la diferencia, permite que la fundación de esta Escuela sea un paso en la historia del Psicoanálisis. Freud recibió el Premio Goethe, fue reconocido como escritor, la escritura es base material del Psicoanálisis, por eso Freud pertenece a la historia de las ciencias y Menassa habiendo sido dos veces candidato al Premio Nobel de Literatura, 2010 y 2023, es reconocido como escritor, pertenece a la historia del Psicoanálisis, lo cual se muestra en la materialidad de su escritura.
En todas sus producciones: poesía, novelas, ensayos, revistas, canciones, entrevistas, cine, pintura, etc… deja ver en vivo y en directo los procesos de producción y de creación, teniendo en cuenta la transmisión del psicoanálisis y el psicoanálisis de la transmisión, siempre generoso con los humanos actuales y los futuros, mostrando y demostrado sus aportes al Psicoanálisis. Situando la vanidad en el trabajo del proceso más que en los resultados.
Estos libros muestran el proceso de su formación, de cómo ha sido transmitido, cómo se ha transformado en la lectura, cómo pone en acto su máquina de leer, no sólo cuando genera seminarios, revistas de poesía y de psicoanálisis, libros, etc., sino cuando presta su escucha hablando o su habla escuchando.
Una serie de libros que abre puertas que antes no existían, para entrar a la teoría y a la práctica psicoanalítica, un instrumento de lectura para entrar a la obra de Freud y también para acercarse a la lectura de la obra de Lacan, para sostenerse en un pensamiento que se sostiene en el abismo, que nace cada vez que sea necesario, posible y contingente, en ese imposible e inaccesible sistema inconsciente que hace nacer un sujeto habitante del lenguaje, de la letra imborrable del deseo inconsciente y cuya función de la palabra articula ese imposible sin que deje de ser no articulable, sin que deje de ser un real imposible ante el que solo queda la posibilidad de construir, la posibilidad de la interpretación construcción, donde los hechos son transformados en palabras, ordenados en una relación social y son ahora herramientas para leer, para la construcción de nuevos modelos ideológicos, nuevas maneras de vivir.
Miguel Oscar Menassa trabaja su práctica teórica, su escritura como base material y su práctica clínica dentro de los límites del campo freudiano, transformando con la lectura científica y la lectura poética, todo lo que toca, como el psicoanálisis ha tocado, con una nueva manera de pensar el pensamiento, toda realidad humana, física, psíquica y social, no dejándose llevar por las denominaciones ideológicas acerca de cualquier cuestión sino transformando y transformándose en su lectura. Sabiendo que la poesía es un instrumento de conocimiento y es la lectura misma.
Era necesario un poeta para dar nombre a las palabras, para generar lo nuevo, porque la palabra no es un simple nombrar lo que nombra, sino que nombrando genera lo que nombra.
Se trata de una escritura que abre nuevas dimensiones de la obra que lleva el nombre de Freud, abriendo puertas por primera vez y para siempre, haciendo que los conceptos no queden atrapados en la inalterabilidad de las definiciones, y no solo los conceptos psicoanalíticos sino cualquier concepto científico, cualquier manera de concebir lo que siempre será inconcebible, pues sabemos desde Gödel que lo indemostrable es una condición de la cientificidad, que lo innombrable es el nombre de lo que funda lo posible de ser nombrado.
Una escritura con deseo, una escritura que hace que el psicoanálisis toque la vida cotidiana, el discurso concreto, las necesidades amorosas, las tendencias científicas, artísticas, sexuales, que hace que se transforme en su lectura la moral sexual cultural y los instrumentos de trabajo para pensar la salud y la enfermedad, etc.
Se trata de una escritura que transforma lo que lee para que lo que es sea, y no para que sea lo que la ideología dice que es.
Leer a Menassa hace que cada lector alcance su lugar como lector, no forma lectores, sino que enseña que leer es un trabajo, produciendo en cada lectura un lector diferente.
De manera sencilla presenta conceptos de alta complejidad, como “el concepto de inconsciente que nos permite observar que aquello que determina los procesos en las personas normales, son las mismas fantasías inconscientes que producen las enfermedades. El concepto inconsciente hace entrar un movimiento dialéctico tal, que ciertos límites de cantidad se transforman en otra cualidad.”
“La ideología no solo es inconsciente, sino que es casi invencible.” Nos enseña que no basta con haber tenido una buena educación, ni con vivir una sociedad moralmente permisiva, porque nuestro imaginario está formado por los modelos ideológicos.
Habitar el imaginario universal que la poesía nos propone y el imaginario restringido por los límites de cada ciencia, permite pensar que la escucha psicoanalítica sea poética, es decir desde el imaginario universal, y la interpretación sea psicoanalítica.
No estamos alienados al trabajo sino a la vida que hemos construido con el producto de nuestro trabajo, por eso cuando gozamos de vivir gozamos de trabajar, y cuando no encontramos goce en nuestro trabajo indica que no sabemos g***r de nuestra vida.
En la escritura de Menassa encontramos aportes a la teoría y a la práctica psicoanalítica, debido a esa conjunción de Poesía Y Psicoanálisis, incluyendo un nuevo concepto de alienación. Concepto que Hegel lo piensa como ponerse fuera de sí, Marx como que hay un burgués en el interior del proletario que trabaja contra sí mismo, y permite pensar la locura diferente a ponerse fuera de sí, sino que algo en su interior trabaja en contra de sí mismo.
Hegel piensa que” hay que devolverle al proletariado lo que le ha sido quitado, con lo cual lo que se le devolvería al proletariado sería la sociedad burguesa que es lo que está fuera de él.
Para Marx, la alienación es algo que no es del sujeto, que trabaja con la energía del sujeto para otros. Un concepto de alienación que ni siquiera tienen en cuenta los marxistas.
Marx fue el primero en pensar el síntoma, como algo que no anda en lo real, que no anda en la sociedad, mientras el psicoanálisis piensa el síntoma como algo singular, algo diferente para cada sujeto. “El concepto de alienación de Marx sirve para pensar que la locura sería cuando la realidad invade el mundo psíquico, y la desalienación, la curación, sería quitarle al sujeto aquello que está dentro de él, que trabaja con sus energías para otro. En el caso del proletariado, la burguesía. Y en el caso del loco, la madre fálica.”
Marx estudia un sujeto político-económico. Para que sea un sujeto social tiene que haberse constituido sujeto psíquico. Marx estudia la inscripción particular en determinada estructura económica, el capitalismo, sujeto de clase que nada tiene que ver con el sujeto social, sujeto a las relaciones de producción. Antes de poder ser parte de las relaciones de producción tiene que haber fundado su aparato psíquico, su ser social, y el ser social lo dan las relaciones intersubjetivas, la constitución del superyó.
Según cómo se piense la teoría así se piensa la práctica clínica, por eso que era necesario que un psicoanalista que incluyera el imaginario universal de la poesía y la práctica teórica en la clínica psicoanalítica que se había desviado hasta el extremo de no leer a Freud y olvidar la práctica teórica como una de las condiciones de la formación de los psicoanalistas. Lacan mismo fue expulsado de la Internacional, una expulsión semejante a una excomunión mayor, según sus propias palabras, por pedir un retorno a Freud, en definitiva, por leer a Freud.
En La Escuela de Poesía y Psicoanálisis la escritura para dar cuenta de la formación, la práctica teórica, es un requisito fundamental.
Gracias Menassa por haber hecho de un nombre propio el nombre de una obra.

29/04/2026

PRESENTACIÓN DE PÁGINAS NO ENUMERABLES

24 de Abril de 2026
por Helena Trujillo


A veces soñadores y a veces magníficos, los lectores tenemos que desposeernos de nuestras máscaras, dejar de pensar en nosotros mismos y considerar el libro que tenemos ante nosotros como una persona que nos habla. Leer es dar cuenta de la novedad que ese autor produce, y llegar ahí es parar esa voz que a muchos acompaña de continuo, para escuchar otra voz, distinta, novedosa, que nos hará ser otros tras la lectura.
Amelia Díez Cuesta, autora de este libro que presentamos hoy, Páginas no enumerables, ha ido forjando lectores, desde hace muchos años trabaja como psicoanalista y didacta, impartiendo seminarios y cursos, publicando y acompañando a candidatos a paciente o a psicoanalistas en su proceso de transformación. Hablar con ella o leerla es escuchar algo diferente, un discurso que se enmarca en pensamientos fundamentales de nuestro tiempo como el psicoanálisis y el marxismo, utilizando la poesía como instrumento de conocimiento. La lectura de grandes obras han dejado en ella su impronta: Había nacido para ser una sencilla escritora a la letra, al punto y coma, sin vértigo, palabra a palabra. La escritora supo elegir a sus maestros: Cuando a Freud le preguntaron por los grandes hombres que se habían ido de su lado dijo que no había grandes hombres que había grandes pensamientos, si estabas cerca de esos pensamientos eras grande y si te alejabas dejabas de serlo.
Formó y forma parte de aquellos que fundaron la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero allá por 1981, desde entonces ha militado y milita en el grupo, habitando una lectura productiva de la obra de Sigmund Freud, de Miguel Oscar Menassa y de Jacques Lacan, siendo una de las lectoras más especializadas de estos autores. También ha participado en distintos comités científicos en congresos de psicoanálisis, ha publicado artículos en revistas, realizado conferencias y ha publicado más de 25 libros, entre poesía y psicoanálisis.
Desde su tierna infancia ha fabricado su instrumento de lectura, que sigue en producción, así podemos encontrarla reflejada en el libro: “Entre estas dimensiones contrastadas, extranjera marginada y el poder sobre los significantes, vivía tratando de no perder ninguna oportunidad de conocer, ya fuera lo desconocido o lo ignorado, lo posible de ser visto u oído y lo posible de ser o no ser imaginado... Las frases volaban como proyectiles en busca de destino sobre mi propia piel, y yo las dejaba circular sin querer apropiarme de ellas, no quería quedarme encerrada en ninguna definición, quería seguir abierta a nuevos saberes, estaba segura de que no lo sabía todo, que el saber era más y mayor que los contornos de aquel pedazo de mundo en el que vivía.”
Este libro es novedoso y, también, la continuidad de un discurso, un diálogo que nos sitúa en un aula, en el diván, en una calle o circunstancia donde uno esté abierto a una conversación sobre temas personales, sociales o científicos. Amelia se sirve de la escritura para producir ese otro, imprescindible, en forma de lector con el que discursea, con el que recorre la historia de la humanidad y los huecos cotidianos. Así también nos propuso aquella Alicia que encontró en el Psicoanálisis un mundo nuevo que le conectaba a diversos paisajes humanos, cultura viva de la que se tiene que hacer cargo cada uno. En sus publicaciones trae personajes que parecen viajar del diván al mundo y con los que nos identificamos, de alguna forma, al deseo de ese nacimiento. No evita la mirada a los sucesos que plantea el paciente en análisis, como a aquello de lo que se hacen eco los medios de difusión o redes sociales. Se sirve de la lectura psicoanalítica para situar al sujeto como parte integrante de una estructura social, condicionado por sus propios deseos sexuales infantiles reprimidos. Sujeto que tropieza y vuelve a tropezar, pero también se levanta y se pregunta, quiere avanzar y retrocede. Nada puede detenernos porque a todos nos tocan las cuestiones que se plantean en el libro.
Las lecturas del maestro Menassa están muy presentes como ejes en el libro, la desaparición física del poeta y psicoanalista hace que su voz escrita se alce y cobre más valor como guía, si se trata de poesía y psicoanálisis, Menassa es el fundamento. Las cobardías siempre se pagan caras, extrae del libro Entrevistas 2002. Fue reconocida por el Grupo Cero con el Premio de mujer trabajadora en el año 2001, estrenando siglo, y no fue baladí el reconocimiento, 25 años después la autora sigue al frente de sus pactos sociales. También extrae de Menassa: Sostengo con mi trabajo las estructuras de poder que me sostienen... y las estructuras con las personas. Triunfar es permanecer, por eso este libro es una muestra más de su triunfo, Amelia permanece en el deseo.
Esta publicación que ha nacido para nosotros porque necesitamos esas frases, consignas de apertura a otras maneras de pensar, escapar de las comparaciones para poder desarrollar nuestro propio análisis. ¿Es un libro para pacientes de psicoanálisis? No diría eso, porque sería negar que la inteligencia es patrimonio de todos, la cultura es de todos, hay que habitarla. El saber no sólo se inventa, se produce, es una articulación de varios significantes y además el saber es inconsciente, dice, también que Quien teme al psicoanálisis se teme a sí mismo. A cada uno le lleva su propio camino encontrarse con las palabras que necesita en ese momento.
Algún suicida habrá renunciado a su propósito leyendo frases como estas: No te dejes engañar, no busques lo peor, no hay ruina estructural, lo mejor está en cada uno y cada una, somos sobrevivientes, vivos dispuestos a permanecer. Hemos aprendido a sumar, a sustituir, los que nos hemos fabricado con los textos de Amelia, de Menassa, de Freud, sabemos del valor de obras como esta que en tiempos donde muchos viven disfrazados, hay alguien que nos dice no te ocultes detrás de nadie, avanza hacia tu destino sin disfrazarte de otro. Alguien que tiene esperanza en que es posible, también, para nosotros: Lo que no toleramos es que al otro le vaya bien. Y no tanto por una simple envidia o algo de ese nivel humano, sino porque si alguien puede, si alguien deja de decir “no puedo”, los demás quedamos en deuda con nosotros mismos.
Una obra humanizadora y humanista que no clama a lo imposible, sino que ama lo humano que hay en nosotros, nuestra interdependencia, esa libertad que no es la ausencia de cadenas, sino esa libertad que no se da ni se quita, la libertad es compromiso. En estos tiempos de la inteligencia artificial o guerras que sacrifican el interés de muchos por el interés de unos pocos, encontramos un libro generoso, que reconoce la deuda simbólica ante los maestros, porque reitera y comparte pensamientos sencillos o complejos que harán diana tarde o temprano en el lector.
Gracias Amelia por hacerme partícipe de esta lectura, por tu entrega al trabajo más allá de lo necesario, donde el deseo reina y marca su compás, porque no somos sin Otro ni otros. Felicidades por la nueva publicación y por esa no enumeración que nos interroga sobre lo que no puede contarse, clasificarse ni cerrarse en una serie, lo complejo que hay en cada articulación. La renuncia a la totalidad y la renuncia, también, a la no totalidad, aunque a veces, sí que se puede rozar con las palabras.
Si le doy la vida a la palabra y al trabajo, tendré una vida.
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2004

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