28/04/2026
AMELIA DÍEZ CUESTA Y SUS PÁGINAS NO ENUMERABLES
Páginas que no se pueden enumerar, fragmentos, repeticiones, círculo, más bien espiral, estructura en espiral.
Dice la autora, Amelia Díez Cuesta, acerca de este su nuevo libro.
Lo no enumerable habla de lo finito que surge de lo infinito. Una infinitud que remite a lo terminable e interminable de los procesos que fundan al ser que habla: el ser viviente, gozante y deseante, que no puede dejar de habitar lo inevitable: amar y ser amado, mirar y ser mirado, hablar y ser hablado, escuchar y ser escuchado.
El libro, fundamentado en el fragmento, acaba, pero podría seguir, análisis terminable e interminable, sujeto evanescente, lejos de sustancias aristotélicas, de sujetos trascendentales o de síntesis hegelianas.
Somos lo que sigue a lo que somos, antes futuro que pasado melancólico, sobredeterminados, pero en transformación continua, habitantes del lenguaje, sujetos del inconsciente, deshaciéndonos y rehaciéndonos.
¿Dónde estás? Sigues en tu vida, esa que no se detiene, esa que se escapa sin patetismo, que no conoce refugio ni dolor que no cese.
Fragmentos.
Sobre el saber y el conocimiento, sobre el amor y el odio, o el deseo y el goce, o el castigo y la culpa, lo masculino y lo femenino o la vida y la muerte.
Lo humano en el centro del análisis, lo humano que se aborda desde el psicoanálisis, desde una lógica que es, al mismo tiempo, paradójica, como la existencia humana.
El hombre, más que ser, siendo, ser abierto, siendo otro de sí mismo, sin sí mismo, siempre entre otros, ser que habla.
No existe el hombre sano ni el hombre enfermo. . . porque el hombre no es un ente sino un ser que habla, un ser en constante estado de llegar a ser, solo conoce las vías al ser. . . sin llegar a ser. En libertad y nunca libre, porque su libertad depende de sus compromisos, de sus pactos.
¡¡Oh, tiempo sin memoria, piedra sin trayectoria!!
En los fragmentos también el fascismo, la inteligencia artificial, hasta el machismo de Rubiales.
La broma o el chiste y su relación con lo inconsciente, quiere decir que cuando las campeonas bromeaban con el beso comparándolo con el beso de Iker y Sara en el 2010, estaban diciendo que pensaban que Rubiales estaba enamorado de Hermoso, a lo cual él respondió que incluso quería casarse con ella, “iremos a Ibiza y nos casaremos allí”.
Tal vez no lo sepa ni él mismo, nuestro inconsciente sabe lo que nuestro consciente ni siquiera conoce.
El problema del enamoramiento ignorado y no correspondido es que se le atribuye a ella, algo propio de hombres machistas, hombres que les cuesta reconocerse “débiles”, creen que el amor es una debilidad, por eso piensan que son ellas las enamoradas y que les hacen un “favor” cuando las besan, tocan o les hacen el amor.
Y los temas circulan, aparecen y desaparecen, los fragmentos hablan de muchas cosas que se repiten sin ser exactamente las mismas, como los sueños o los síntomas, o los fallidos, que convergen en la interpretación.
En espiral.
La convergencia es el psicoanálisis que no es una máquina de elaboración de diagnósticos, sino, ante todo, una invención que cambia el mundo y nos permite acercarnos a la belleza, al poder, a la religión, a Rubiales o a Zelenski.
El soporte es el drama que continua por el hecho de que el sujeto que habla está sometido al significante, palabras de Amelia en otro de sus libros.
La psique es extensa, dice el profesor Menassa, acogiéndose a Freud, y Amelia lo recoge en su libro, ya que todo está en el lenguaje, el cuerpo habla, el cuerpo, tocado por la palabra.
Por eso, el psicoanálisis aborda todo lo que está atravesado por el lenguaje, por eso, Amelia escribe su libro sobre aquello que es tocado por la palabra, de los sentimientos al trabajo, de la belleza al pacto, de la anoréxica a la maldad, de la amistad a la ideología.
Lo humano, lo diversamente humano.
El cuerpo pulsional, entre la excitación y la calma, masticando la incertidumbre de vivir.
El mu**to está seguro, el vivo, inseguro; el mu**to está quieto, el vivo, inquieto.
¿Por qué buscas la quietud y la seguridad?
Oh, burda esperanza, insaciable y plena vanidad, recuerda el temblor de mi carne y a mi inseparable compañera: esa vida caduca e incalculable.
Páginas no enumerables.
Y las palabras de Menassa emergen otra vez: Nadie compra vida envasada.
Y otra vez, y otra, y otra.
Amelia Díez incorpora en muchos fragmentos la palabra del profesor, palabra viva y, al mismo tiempo, reflexiona sobre su profunda capacidad de creación.
Menassa es un creador de todos los días, no abandona, sino que se abandona en sus hallazgos, dejando que se produzca en él lo que el acontecimiento imponga en ese encuentro imposible.
Sobre su amplísima obra.
Todo lo que Menassa ha tocado ha sido tocado por el psicoanálisis, desde la poesía que dejará de ser una poesía de objeto para ser una poesía con metáfora del sujeto, no una poesía de adorno sino una manera fuerte de vivir la vida, pasando por la pintura que más allá que guste o no guste entrará en alguna historia de la pintura, hasta el cine, donde todos los personajes son cuidados como si fueran principales, todos tiene procesos inconscientes.
En este libro, Menassa es la presencia ausente o la ausencia presente a través de lo que escribió, de un libro a otro sus ideas acontecen y acompañan a la autora en su escritura.
Verticalidad, en la espiral del libro, la verticalidad que lo atraviesa de los aforismos de Menassa.
Destaco una idea de su legado que fluye a lo largo de los fragmentos del libro, la transformación como esencia del decir que consigue sanar al sujeto herido haciendo consciente su herida, cambiando su posición de goce.
El psicoanálisis, dice Menassa, cambia tu verdad por otra verdad y eso te cura.
Y otra aportación fundamental es la decisiva importancia de la poesía, poesía y psicoanálisis vinculados estrechamente, la escuela fundada por Menassa trabajó desde el principio sobre esta relación necesaria, haciendo psicoanálisis y escribiendo poesía.
Menassa: Solo me interesa la poesía y el psicoanálisis, porque no hay nada que la poesía no toque. . . y lo que no ha sido tocado tampoco me interesa.
Abandonarse a la poesía, también dejar que la transferencia y la asociación libre hagan su trabajo en el diván, habitantes del lenguaje, mortales.
Otra vez, Menassa:
Yo era inmortal. . . por ese camino no encontraría la poesía.
En la Divina Comedia, Dante es guiado por diferentes fuerzas encarnadas en personajes en su viaje a través del Purgatorio, del In****no y del Paraíso: la razón pagana de Virgilio, la gracia divina y el amor de Beatriz y la visión mística de Bernardo de Claraval.
La incorporación de las palabras de Menassa en Páginas no enumerables tiene otro sentido, el de la transmisión, la idea del poeta y psicoanalista Miguel Oscar Menassa, que Amelia Díez recoge en otro de sus escritos, de que no se trata de la transmisión del psicoanálisis sino del psicoanálisis de la transmisión, por eso que en una Escuela de Psicoanálisis todos y cada uno estarán en psicoanálisis, siendo una condición de existencia.
En el fragmento 206, AUTOBIOGRAFÍA DE UNA JOVEN DE 70 AÑOS, Amelia se incorpora a su escritura y nos narra cómo su deseo fue deseo de psicoanálisis, cómo su descubrimiento del psicoanálisis coincide con su proceso vital.
Apasionada y poeta.
Solo provocaban mi interés aquellos seres propiamente abismales, los que más que huir del abismo, lo habitaban. Prefiero a aquellos que se conmueven por un beso apasionado antes, que, por la lujuria del miedo, los que laten ante un poema antes, que, ante una catástrofe, verbo sin fondo y sin linaje, verso sin destino y abierto a todos los sentidos y a ninguno.
Paciente y sin temor a caerse, la caída es parte necesaria del viaje.
Sabría esperar sin apresurarme, ejercería el arte de la paciencia y del dolor, sabía que muchos habían descarrilado por no poder encontrarse con la paciencia y con el dolor, así que yo haría que tanto la una como el otro fueran algunas de mis pertenencias. Y así fue y sigue siendo, saber esperar y tolerar los márgenes que el dolor impone, sin caer sino cuando la caída sea parte de algún proceso.
Inconsciente y poesía.
Díez Cuesta, en otro de sus escritos, nos recuerda cómo Menassa relaciona ambos conceptos, el profesor Menassa añade a la fórmula lacaniana, el inconsciente está estructurado como un lenguaje, otra, el inconsciente está estructurado como escritura, para llegar a el inconsciente está estructurado como poesía.
Amelia, escritora y poeta.
En sus libros, la investigación del psiquismo y los diálogos con Menassa que articulan conceptos del psicoanálisis, de Freud a Lacan, de gran interés didáctico, pero también la poesía o los relatos.
La poesía no deja de estar en Páginas no enumerables, ensayo y poesía, la metáfora es viaje de la palabra.
Oh, luz que inventa la sombra, voz que crea el silencio, hombre o mujer, no dejes que el orden altere tu vida, sabemos que el orden de los factores altera los resultados.
Oh, vericuetos, rodeos, venid a mí, no dejéis que la línea recta, la rectitud, invada mi caminar exquisitamente humano.
Oh, habla y lee antes de escribir, deja que la palabra abra la puerta de la letra, puntúa tu prisa con un poco de espanto y la página en blanco estará dispuesta a dejarte entrar.
Psicoanálisis y poesía.
El psicoanálisis un arma contra el enemigo que habita en ti, la poesía un arma contra el enemigo que habita fuera de ti.
Por eso, en palabras de Menassa, si todo está destruido, la única posibilidad es poética.
Por eso, en palabras de Díez Cuesta, la vida es un poema que hay que seguir escribiendo.
La poesía es fundamento de todo comienzo, anterior a los dioses.
Hölderlin, el poeta del poeta, según comenta Heidegger, lo expresa en sus versos:
vuela el espíritu audaz, como águila
en la tormenta, prediciendo sus
dioses venideros.
O, en otros versos:
¡Ven, pues! para que miremos a lo Abierto,
para que busquemos algo propio, por distante que esté.
En el psicoanálisis, la poesía: la base de toda interpretación está vinculada a la función poética.
Viaje al centro de lo humano, viaje hacia la falta constituyente, la que nos convierte en deseantes, falta de algo que nunca tuvimos.
El complejo de castración nos libera.
Amar, sí, pero con deseo, desear deseos sin aprisionar al objeto que decimos amar, ser dos, mejor no empeñarnos en la complementariedad imposible, arrojar de nosotros el espejismo de la armonía, como Aristófanes se burló de los seres esféricos, de la unión de las almas gemelas.
Otro amor, dice Amelia, es el amor con libido, con pulsión, con deseo, donde una parte de nuestro narcisismo se transforma en un amor que incluye al otro como diferente, donde seguimos siendo dos, con sus propias relaciones y sus propios fantasmas, con sus propios vivos y sus mu**tos.
Recorremos los espejos de nuestra existencia siendo, ser en movimiento pulsional, transitando lugares, como los del poeta o el psicoanalista, siempre en tránsito.
Ser poeta o psicoanalista es un trabajo que se ejerce mientras escribimos, aprender a separarse del humano que somos para ser poetas o psicoanalistas y separarse del poeta y psicoanalista para que sean funciones que no pertenecen a nadie, que solo se pueden ejercer, es el aprendizaje que nos permite no apropiarnos de los lugares, tampoco de los lugares de padre, madre, hombre y mujer.
El psicoanálisis nos humaniza, nos convierte en lo que vamos siendo, deseantes y singulares.
La diferencia entre someterse al ritmo del psiquismo, donde a veces domina el Yo, otras el Superyo y otras el Ello, donde domina el goce primordial, el amor narcisista y el deseo incestuoso o someterse al psicoanálisis donde el goce y el amor es deseo de g***r y deseo de amar, la diferencia pone nombre a lo humano.
El trabajo del psicoanálisis a través del pacto entre analista y analizante.
“Un espejo invisible donde se refleja una luz inexistente”, eso es un psicoanalista y un paciente que comienza su psicoanálisis.
No rompas los espejos, porque se reproducirán tantas veces como fragmentos encuentres. No quieras ser una existencia cuando puedes ser varias.
Y ya sabemos que el objeto a, causa del deseo, ni siquiera es un objeto, y que el falo, que nos empeñamos en tener o ser, es el significante de la inexistencia.
La libertad, eso sí en pacto, tiene el coste de la mortalidad, la falta no es un hueco que se pueda rellenar.
Hominis putrefactus no te alejes de tu seguro destino. . . porque te crecerán prejuicios en tu manera de pensar y desprecios en tu modo de amar. Déjame decirte que las palabras no tienen contenido y tú tampoco. Y si no habitas alguno de los grandes pensamientos que la historia ha producido. . . querrás hablar de algo y con alguien, querrás ser y sufrirás por ello.
Soportarse en la mortalidad y en las sucesivas muertes de uno mismo para estar vivo, pulsiones de vida y de muerte, recolocar la libido, duelo, pero no melancolía.
Uno de los versos que expresan con mayor profundidad la existencia humana es el de uno de los más grandes poetas, Quevedo: soy un fue y un será y un es cansado.
El verbo se sustantiviza, soy tiempo, ser que fluye, cerca los pañales de la mortaja.
Verbalizados, o apalabrados, como dice Amelia, habitantes del lenguaje y por tanto del inconsciente, transformándonos, en la incertidumbre de vivir, de vivirnos.
Habitando el gerundio, aunque lejos de la visión barroca, del pesimismo vital de Quevedo, de la poética del desengaño, de la metafísica de la negrura.
La poesía de Quevedo expresa el horror al no-ser, él, un cristiano viejo que desprecia al pícaro vividor que quiere escalar socialmente, y lo convierte en un ser grotesco: el mundo del poeta está fijado en la sociedad estamental, en la ideología nobiliaria.
Agonizando, nos dice el psicoanálisis, vivimos, siendo gerundios, mientras duren: psicoanalizando, psicoanalizándose, amando, gozando, deseando, mirando, follando, escribiendo poesía.
Nos dice Menassa: agonizando el canto se hace más fuerte que viviendo.
Y Amelia Díez: No es la libertad sino la mortalidad la que da acceso al goce, al amor y al deseo humano.
Oh, viento que no cesa, imperativo que impera, burlador burlado, ausencia que te nombra, mueve tu mano, agita la página y lo humano surgirá.
La belleza en cuanto que perecedera, lo efímero como constituyente de cada uno de nosotros que vamos cambiando de máscaras y de metáforas y lo peligroso de quedarnos fijados en un objeto, la desilusión puede devenir en otra ilusión o conducir a la melancolía, como nos indica la autora.
Freud lo expresó magistralmente en Lo perecedero.
Los que están dispuestos a renunciar a lo apreciable, comenta, por el hecho de no ser estable, solo se encuentran agobiados por el duelo que les causó su pérdida. Sabemos que el duelo, por más doloroso que sea, se consume espontáneamente. Una vez que haya renunciado a todo lo perdido se habrá agotado por sí mismo y nuestra libido quedará nuevamente en libertad para sustituir los objetos perdidos por otros nuevos.
Amelia Díez termina el primer fragmento del libro de la siguiente manera: Hay días donde la palabra impera y lo nuevo nace como manantial que no cesa.
Su último fragmento, SER O NO SER, es breve: Existimos no como un “ser”, sino como un proceso, un devenir, una pasión.
Libro terminable e interminable, en espiral.
José Villarta