Editorial Grupo Cero

Editorial Grupo Cero La Editorial Grupo Cero es fundada en Buenos Aires en 1974, por Miguel Oscar Menassa. En Madrid func

29/04/2026

PRESENTACIÓN DE PÁGINAS NO ENUMERABLES

24 de Abril de 2026
por Helena Trujillo


A veces soñadores y a veces magníficos, los lectores tenemos que desposeernos de nuestras máscaras, dejar de pensar en nosotros mismos y considerar el libro que tenemos ante nosotros como una persona que nos habla. Leer es dar cuenta de la novedad que ese autor produce, y llegar ahí es parar esa voz que a muchos acompaña de continuo, para escuchar otra voz, distinta, novedosa, que nos hará ser otros tras la lectura.
Amelia Díez Cuesta, autora de este libro que presentamos hoy, Páginas no enumerables, ha ido forjando lectores, desde hace muchos años trabaja como psicoanalista y didacta, impartiendo seminarios y cursos, publicando y acompañando a candidatos a paciente o a psicoanalistas en su proceso de transformación. Hablar con ella o leerla es escuchar algo diferente, un discurso que se enmarca en pensamientos fundamentales de nuestro tiempo como el psicoanálisis y el marxismo, utilizando la poesía como instrumento de conocimiento. La lectura de grandes obras han dejado en ella su impronta: Había nacido para ser una sencilla escritora a la letra, al punto y coma, sin vértigo, palabra a palabra. La escritora supo elegir a sus maestros: Cuando a Freud le preguntaron por los grandes hombres que se habían ido de su lado dijo que no había grandes hombres que había grandes pensamientos, si estabas cerca de esos pensamientos eras grande y si te alejabas dejabas de serlo.
Formó y forma parte de aquellos que fundaron la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero allá por 1981, desde entonces ha militado y milita en el grupo, habitando una lectura productiva de la obra de Sigmund Freud, de Miguel Oscar Menassa y de Jacques Lacan, siendo una de las lectoras más especializadas de estos autores. También ha participado en distintos comités científicos en congresos de psicoanálisis, ha publicado artículos en revistas, realizado conferencias y ha publicado más de 25 libros, entre poesía y psicoanálisis.
Desde su tierna infancia ha fabricado su instrumento de lectura, que sigue en producción, así podemos encontrarla reflejada en el libro: “Entre estas dimensiones contrastadas, extranjera marginada y el poder sobre los significantes, vivía tratando de no perder ninguna oportunidad de conocer, ya fuera lo desconocido o lo ignorado, lo posible de ser visto u oído y lo posible de ser o no ser imaginado... Las frases volaban como proyectiles en busca de destino sobre mi propia piel, y yo las dejaba circular sin querer apropiarme de ellas, no quería quedarme encerrada en ninguna definición, quería seguir abierta a nuevos saberes, estaba segura de que no lo sabía todo, que el saber era más y mayor que los contornos de aquel pedazo de mundo en el que vivía.”
Este libro es novedoso y, también, la continuidad de un discurso, un diálogo que nos sitúa en un aula, en el diván, en una calle o circunstancia donde uno esté abierto a una conversación sobre temas personales, sociales o científicos. Amelia se sirve de la escritura para producir ese otro, imprescindible, en forma de lector con el que discursea, con el que recorre la historia de la humanidad y los huecos cotidianos. Así también nos propuso aquella Alicia que encontró en el Psicoanálisis un mundo nuevo que le conectaba a diversos paisajes humanos, cultura viva de la que se tiene que hacer cargo cada uno. En sus publicaciones trae personajes que parecen viajar del diván al mundo y con los que nos identificamos, de alguna forma, al deseo de ese nacimiento. No evita la mirada a los sucesos que plantea el paciente en análisis, como a aquello de lo que se hacen eco los medios de difusión o redes sociales. Se sirve de la lectura psicoanalítica para situar al sujeto como parte integrante de una estructura social, condicionado por sus propios deseos sexuales infantiles reprimidos. Sujeto que tropieza y vuelve a tropezar, pero también se levanta y se pregunta, quiere avanzar y retrocede. Nada puede detenernos porque a todos nos tocan las cuestiones que se plantean en el libro.
Las lecturas del maestro Menassa están muy presentes como ejes en el libro, la desaparición física del poeta y psicoanalista hace que su voz escrita se alce y cobre más valor como guía, si se trata de poesía y psicoanálisis, Menassa es el fundamento. Las cobardías siempre se pagan caras, extrae del libro Entrevistas 2002. Fue reconocida por el Grupo Cero con el Premio de mujer trabajadora en el año 2001, estrenando siglo, y no fue baladí el reconocimiento, 25 años después la autora sigue al frente de sus pactos sociales. También extrae de Menassa: Sostengo con mi trabajo las estructuras de poder que me sostienen... y las estructuras con las personas. Triunfar es permanecer, por eso este libro es una muestra más de su triunfo, Amelia permanece en el deseo.
Esta publicación que ha nacido para nosotros porque necesitamos esas frases, consignas de apertura a otras maneras de pensar, escapar de las comparaciones para poder desarrollar nuestro propio análisis. ¿Es un libro para pacientes de psicoanálisis? No diría eso, porque sería negar que la inteligencia es patrimonio de todos, la cultura es de todos, hay que habitarla. El saber no sólo se inventa, se produce, es una articulación de varios significantes y además el saber es inconsciente, dice, también que Quien teme al psicoanálisis se teme a sí mismo. A cada uno le lleva su propio camino encontrarse con las palabras que necesita en ese momento.
Algún suicida habrá renunciado a su propósito leyendo frases como estas: No te dejes engañar, no busques lo peor, no hay ruina estructural, lo mejor está en cada uno y cada una, somos sobrevivientes, vivos dispuestos a permanecer. Hemos aprendido a sumar, a sustituir, los que nos hemos fabricado con los textos de Amelia, de Menassa, de Freud, sabemos del valor de obras como esta que en tiempos donde muchos viven disfrazados, hay alguien que nos dice no te ocultes detrás de nadie, avanza hacia tu destino sin disfrazarte de otro. Alguien que tiene esperanza en que es posible, también, para nosotros: Lo que no toleramos es que al otro le vaya bien. Y no tanto por una simple envidia o algo de ese nivel humano, sino porque si alguien puede, si alguien deja de decir “no puedo”, los demás quedamos en deuda con nosotros mismos.
Una obra humanizadora y humanista que no clama a lo imposible, sino que ama lo humano que hay en nosotros, nuestra interdependencia, esa libertad que no es la ausencia de cadenas, sino esa libertad que no se da ni se quita, la libertad es compromiso. En estos tiempos de la inteligencia artificial o guerras que sacrifican el interés de muchos por el interés de unos pocos, encontramos un libro generoso, que reconoce la deuda simbólica ante los maestros, porque reitera y comparte pensamientos sencillos o complejos que harán diana tarde o temprano en el lector.
Gracias Amelia por hacerme partícipe de esta lectura, por tu entrega al trabajo más allá de lo necesario, donde el deseo reina y marca su compás, porque no somos sin Otro ni otros. Felicidades por la nueva publicación y por esa no enumeración que nos interroga sobre lo que no puede contarse, clasificarse ni cerrarse en una serie, lo complejo que hay en cada articulación. La renuncia a la totalidad y la renuncia, también, a la no totalidad, aunque a veces, sí que se puede rozar con las palabras.
Si le doy la vida a la palabra y al trabajo, tendré una vida.
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28/04/2026

AMELIA DÍEZ CUESTA Y SUS PÁGINAS NO ENUMERABLES

Páginas que no se pueden enumerar, fragmentos, repeticiones, círculo, más bien espiral, estructura en espiral.

Dice la autora, Amelia Díez Cuesta, acerca de este su nuevo libro.

Lo no enumerable habla de lo finito que surge de lo infinito. Una infinitud que remite a lo terminable e interminable de los procesos que fundan al ser que habla: el ser viviente, gozante y deseante, que no puede dejar de habitar lo inevitable: amar y ser amado, mirar y ser mirado, hablar y ser hablado, escuchar y ser escuchado.

El libro, fundamentado en el fragmento, acaba, pero podría seguir, análisis terminable e interminable, sujeto evanescente, lejos de sustancias aristotélicas, de sujetos trascendentales o de síntesis hegelianas.

Somos lo que sigue a lo que somos, antes futuro que pasado melancólico, sobredeterminados, pero en transformación continua, habitantes del lenguaje, sujetos del inconsciente, deshaciéndonos y rehaciéndonos.

¿Dónde estás? Sigues en tu vida, esa que no se detiene, esa que se escapa sin patetismo, que no conoce refugio ni dolor que no cese.

Fragmentos.

Sobre el saber y el conocimiento, sobre el amor y el odio, o el deseo y el goce, o el castigo y la culpa, lo masculino y lo femenino o la vida y la muerte.

Lo humano en el centro del análisis, lo humano que se aborda desde el psicoanálisis, desde una lógica que es, al mismo tiempo, paradójica, como la existencia humana.

El hombre, más que ser, siendo, ser abierto, siendo otro de sí mismo, sin sí mismo, siempre entre otros, ser que habla.

No existe el hombre sano ni el hombre enfermo. . . porque el hombre no es un ente sino un ser que habla, un ser en constante estado de llegar a ser, solo conoce las vías al ser. . . sin llegar a ser. En libertad y nunca libre, porque su libertad depende de sus compromisos, de sus pactos.

¡¡Oh, tiempo sin memoria, piedra sin trayectoria!!

En los fragmentos también el fascismo, la inteligencia artificial, hasta el machismo de Rubiales.

La broma o el chiste y su relación con lo inconsciente, quiere decir que cuando las campeonas bromeaban con el beso comparándolo con el beso de Iker y Sara en el 2010, estaban diciendo que pensaban que Rubiales estaba enamorado de Hermoso, a lo cual él respondió que incluso quería casarse con ella, “iremos a Ibiza y nos casaremos allí”.

Tal vez no lo sepa ni él mismo, nuestro inconsciente sabe lo que nuestro consciente ni siquiera conoce.

El problema del enamoramiento ignorado y no correspondido es que se le atribuye a ella, algo propio de hombres machistas, hombres que les cuesta reconocerse “débiles”, creen que el amor es una debilidad, por eso piensan que son ellas las enamoradas y que les hacen un “favor” cuando las besan, tocan o les hacen el amor.

Y los temas circulan, aparecen y desaparecen, los fragmentos hablan de muchas cosas que se repiten sin ser exactamente las mismas, como los sueños o los síntomas, o los fallidos, que convergen en la interpretación.

En espiral.

La convergencia es el psicoanálisis que no es una máquina de elaboración de diagnósticos, sino, ante todo, una invención que cambia el mundo y nos permite acercarnos a la belleza, al poder, a la religión, a Rubiales o a Zelenski.

El soporte es el drama que continua por el hecho de que el sujeto que habla está sometido al significante, palabras de Amelia en otro de sus libros.

La psique es extensa, dice el profesor Menassa, acogiéndose a Freud, y Amelia lo recoge en su libro, ya que todo está en el lenguaje, el cuerpo habla, el cuerpo, tocado por la palabra.

Por eso, el psicoanálisis aborda todo lo que está atravesado por el lenguaje, por eso, Amelia escribe su libro sobre aquello que es tocado por la palabra, de los sentimientos al trabajo, de la belleza al pacto, de la anoréxica a la maldad, de la amistad a la ideología.

Lo humano, lo diversamente humano.

El cuerpo pulsional, entre la excitación y la calma, masticando la incertidumbre de vivir.

El mu**to está seguro, el vivo, inseguro; el mu**to está quieto, el vivo, inquieto.

¿Por qué buscas la quietud y la seguridad?

Oh, burda esperanza, insaciable y plena vanidad, recuerda el temblor de mi carne y a mi inseparable compañera: esa vida caduca e incalculable.

Páginas no enumerables.

Y las palabras de Menassa emergen otra vez: Nadie compra vida envasada.

Y otra vez, y otra, y otra.

Amelia Díez incorpora en muchos fragmentos la palabra del profesor, palabra viva y, al mismo tiempo, reflexiona sobre su profunda capacidad de creación.

Menassa es un creador de todos los días, no abandona, sino que se abandona en sus hallazgos, dejando que se produzca en él lo que el acontecimiento imponga en ese encuentro imposible.

Sobre su amplísima obra.

Todo lo que Menassa ha tocado ha sido tocado por el psicoanálisis, desde la poesía que dejará de ser una poesía de objeto para ser una poesía con metáfora del sujeto, no una poesía de adorno sino una manera fuerte de vivir la vida, pasando por la pintura que más allá que guste o no guste entrará en alguna historia de la pintura, hasta el cine, donde todos los personajes son cuidados como si fueran principales, todos tiene procesos inconscientes.

En este libro, Menassa es la presencia ausente o la ausencia presente a través de lo que escribió, de un libro a otro sus ideas acontecen y acompañan a la autora en su escritura.

Verticalidad, en la espiral del libro, la verticalidad que lo atraviesa de los aforismos de Menassa.

Destaco una idea de su legado que fluye a lo largo de los fragmentos del libro, la transformación como esencia del decir que consigue sanar al sujeto herido haciendo consciente su herida, cambiando su posición de goce.

El psicoanálisis, dice Menassa, cambia tu verdad por otra verdad y eso te cura.

Y otra aportación fundamental es la decisiva importancia de la poesía, poesía y psicoanálisis vinculados estrechamente, la escuela fundada por Menassa trabajó desde el principio sobre esta relación necesaria, haciendo psicoanálisis y escribiendo poesía.

Menassa: Solo me interesa la poesía y el psicoanálisis, porque no hay nada que la poesía no toque. . . y lo que no ha sido tocado tampoco me interesa.

Abandonarse a la poesía, también dejar que la transferencia y la asociación libre hagan su trabajo en el diván, habitantes del lenguaje, mortales.

Otra vez, Menassa:

Yo era inmortal. . . por ese camino no encontraría la poesía.

En la Divina Comedia, Dante es guiado por diferentes fuerzas encarnadas en personajes en su viaje a través del Purgatorio, del In****no y del Paraíso: la razón pagana de Virgilio, la gracia divina y el amor de Beatriz y la visión mística de Bernardo de Claraval.

La incorporación de las palabras de Menassa en Páginas no enumerables tiene otro sentido, el de la transmisión, la idea del poeta y psicoanalista Miguel Oscar Menassa, que Amelia Díez recoge en otro de sus escritos, de que no se trata de la transmisión del psicoanálisis sino del psicoanálisis de la transmisión, por eso que en una Escuela de Psicoanálisis todos y cada uno estarán en psicoanálisis, siendo una condición de existencia.

En el fragmento 206, AUTOBIOGRAFÍA DE UNA JOVEN DE 70 AÑOS, Amelia se incorpora a su escritura y nos narra cómo su deseo fue deseo de psicoanálisis, cómo su descubrimiento del psicoanálisis coincide con su proceso vital.

Apasionada y poeta.

Solo provocaban mi interés aquellos seres propiamente abismales, los que más que huir del abismo, lo habitaban. Prefiero a aquellos que se conmueven por un beso apasionado antes, que, por la lujuria del miedo, los que laten ante un poema antes, que, ante una catástrofe, verbo sin fondo y sin linaje, verso sin destino y abierto a todos los sentidos y a ninguno.

Paciente y sin temor a caerse, la caída es parte necesaria del viaje.

Sabría esperar sin apresurarme, ejercería el arte de la paciencia y del dolor, sabía que muchos habían descarrilado por no poder encontrarse con la paciencia y con el dolor, así que yo haría que tanto la una como el otro fueran algunas de mis pertenencias. Y así fue y sigue siendo, saber esperar y tolerar los márgenes que el dolor impone, sin caer sino cuando la caída sea parte de algún proceso.

Inconsciente y poesía.

Díez Cuesta, en otro de sus escritos, nos recuerda cómo Menassa relaciona ambos conceptos, el profesor Menassa añade a la fórmula lacaniana, el inconsciente está estructurado como un lenguaje, otra, el inconsciente está estructurado como escritura, para llegar a el inconsciente está estructurado como poesía.

Amelia, escritora y poeta.

En sus libros, la investigación del psiquismo y los diálogos con Menassa que articulan conceptos del psicoanálisis, de Freud a Lacan, de gran interés didáctico, pero también la poesía o los relatos.

La poesía no deja de estar en Páginas no enumerables, ensayo y poesía, la metáfora es viaje de la palabra.

Oh, luz que inventa la sombra, voz que crea el silencio, hombre o mujer, no dejes que el orden altere tu vida, sabemos que el orden de los factores altera los resultados.

Oh, vericuetos, rodeos, venid a mí, no dejéis que la línea recta, la rectitud, invada mi caminar exquisitamente humano.

Oh, habla y lee antes de escribir, deja que la palabra abra la puerta de la letra, puntúa tu prisa con un poco de espanto y la página en blanco estará dispuesta a dejarte entrar.

Psicoanálisis y poesía.

El psicoanálisis un arma contra el enemigo que habita en ti, la poesía un arma contra el enemigo que habita fuera de ti.

Por eso, en palabras de Menassa, si todo está destruido, la única posibilidad es poética.

Por eso, en palabras de Díez Cuesta, la vida es un poema que hay que seguir escribiendo.

La poesía es fundamento de todo comienzo, anterior a los dioses.

Hölderlin, el poeta del poeta, según comenta Heidegger, lo expresa en sus versos:

vuela el espíritu audaz, como águila

en la tormenta, prediciendo sus

dioses venideros.

O, en otros versos:

¡Ven, pues! para que miremos a lo Abierto,

para que busquemos algo propio, por distante que esté.

En el psicoanálisis, la poesía: la base de toda interpretación está vinculada a la función poética.

Viaje al centro de lo humano, viaje hacia la falta constituyente, la que nos convierte en deseantes, falta de algo que nunca tuvimos.

El complejo de castración nos libera.

Amar, sí, pero con deseo, desear deseos sin aprisionar al objeto que decimos amar, ser dos, mejor no empeñarnos en la complementariedad imposible, arrojar de nosotros el espejismo de la armonía, como Aristófanes se burló de los seres esféricos, de la unión de las almas gemelas.

Otro amor, dice Amelia, es el amor con libido, con pulsión, con deseo, donde una parte de nuestro narcisismo se transforma en un amor que incluye al otro como diferente, donde seguimos siendo dos, con sus propias relaciones y sus propios fantasmas, con sus propios vivos y sus mu**tos.

Recorremos los espejos de nuestra existencia siendo, ser en movimiento pulsional, transitando lugares, como los del poeta o el psicoanalista, siempre en tránsito.

Ser poeta o psicoanalista es un trabajo que se ejerce mientras escribimos, aprender a separarse del humano que somos para ser poetas o psicoanalistas y separarse del poeta y psicoanalista para que sean funciones que no pertenecen a nadie, que solo se pueden ejercer, es el aprendizaje que nos permite no apropiarnos de los lugares, tampoco de los lugares de padre, madre, hombre y mujer.

El psicoanálisis nos humaniza, nos convierte en lo que vamos siendo, deseantes y singulares.

La diferencia entre someterse al ritmo del psiquismo, donde a veces domina el Yo, otras el Superyo y otras el Ello, donde domina el goce primordial, el amor narcisista y el deseo incestuoso o someterse al psicoanálisis donde el goce y el amor es deseo de g***r y deseo de amar, la diferencia pone nombre a lo humano.

El trabajo del psicoanálisis a través del pacto entre analista y analizante.

“Un espejo invisible donde se refleja una luz inexistente”, eso es un psicoanalista y un paciente que comienza su psicoanálisis.

No rompas los espejos, porque se reproducirán tantas veces como fragmentos encuentres. No quieras ser una existencia cuando puedes ser varias.

Y ya sabemos que el objeto a, causa del deseo, ni siquiera es un objeto, y que el falo, que nos empeñamos en tener o ser, es el significante de la inexistencia.

La libertad, eso sí en pacto, tiene el coste de la mortalidad, la falta no es un hueco que se pueda rellenar.

Hominis putrefactus no te alejes de tu seguro destino. . . porque te crecerán prejuicios en tu manera de pensar y desprecios en tu modo de amar. Déjame decirte que las palabras no tienen contenido y tú tampoco. Y si no habitas alguno de los grandes pensamientos que la historia ha producido. . . querrás hablar de algo y con alguien, querrás ser y sufrirás por ello.

Soportarse en la mortalidad y en las sucesivas muertes de uno mismo para estar vivo, pulsiones de vida y de muerte, recolocar la libido, duelo, pero no melancolía.

Uno de los versos que expresan con mayor profundidad la existencia humana es el de uno de los más grandes poetas, Quevedo: soy un fue y un será y un es cansado.

El verbo se sustantiviza, soy tiempo, ser que fluye, cerca los pañales de la mortaja.

Verbalizados, o apalabrados, como dice Amelia, habitantes del lenguaje y por tanto del inconsciente, transformándonos, en la incertidumbre de vivir, de vivirnos.

Habitando el gerundio, aunque lejos de la visión barroca, del pesimismo vital de Quevedo, de la poética del desengaño, de la metafísica de la negrura.

La poesía de Quevedo expresa el horror al no-ser, él, un cristiano viejo que desprecia al pícaro vividor que quiere escalar socialmente, y lo convierte en un ser grotesco: el mundo del poeta está fijado en la sociedad estamental, en la ideología nobiliaria.

Agonizando, nos dice el psicoanálisis, vivimos, siendo gerundios, mientras duren: psicoanalizando, psicoanalizándose, amando, gozando, deseando, mirando, follando, escribiendo poesía.

Nos dice Menassa: agonizando el canto se hace más fuerte que viviendo.

Y Amelia Díez: No es la libertad sino la mortalidad la que da acceso al goce, al amor y al deseo humano.

Oh, viento que no cesa, imperativo que impera, burlador burlado, ausencia que te nombra, mueve tu mano, agita la página y lo humano surgirá.

La belleza en cuanto que perecedera, lo efímero como constituyente de cada uno de nosotros que vamos cambiando de máscaras y de metáforas y lo peligroso de quedarnos fijados en un objeto, la desilusión puede devenir en otra ilusión o conducir a la melancolía, como nos indica la autora.

Freud lo expresó magistralmente en Lo perecedero.

Los que están dispuestos a renunciar a lo apreciable, comenta, por el hecho de no ser estable, solo se encuentran agobiados por el duelo que les causó su pérdida. Sabemos que el duelo, por más doloroso que sea, se consume espontáneamente. Una vez que haya renunciado a todo lo perdido se habrá agotado por sí mismo y nuestra libido quedará nuevamente en libertad para sustituir los objetos perdidos por otros nuevos.

Amelia Díez termina el primer fragmento del libro de la siguiente manera: Hay días donde la palabra impera y lo nuevo nace como manantial que no cesa.

Su último fragmento, SER O NO SER, es breve: Existimos no como un “ser”, sino como un proceso, un devenir, una pasión.

Libro terminable e interminable, en espiral.


José Villarta

28/04/2026

PRESENTACIÓN DEL LIBRO PÁGINAS NO ENUMERABLES
de Amelia Díez Cuesta

Páginas no Enumerables no es simplemente un libro de psicoanálisis, sino una experiencia de lectura que cuestiona, entre otras cosas, las formas de producción de conocimiento. Desde su propio título introduce una ruptura: aquello que no puede enumerarse ya no pertenece al orden de lo clasificable ni de lo medible, de una manera positivista, sino a una lógica distinta, más cercana al funcionamiento del inconsciente. Si durante siglos el conocimiento aspiró a organizarse en sistemas certeros, ordenados y acumulables, este libro se sitúa en el punto donde esa tarea se revela insuficiente y a la vez, imprecisa. Y no es que lo no enumerable sea desorden, no es que no tenga ley, sino que como dice la autora, “bajo el vértigo finito y el incesante vuelo de la palabra”, ejerzamos ese trabajo donde lo terminable e interminable fundan el ser que habla cada vez.
Este libro es una apertura, se inscribe donde el pensamiento no se construye de manera lineal, sino por asociaciones, desplazamientos, condensaciones, rupturas. El libro, muestra esa temporalidad en movimiento, una secuencia no secuencia, no cronológica, sino una lógica psicoanalítica como punto de entrada a distintas dimensiones del pensamiento. Un tiempo que se produce para la apertura y para el cierre: “Existimos no como un “ser”, sino como un proceso, un devenir, una pasión”. Fragmentos, aforismos, historias, casos clínicos, interpretaciones a lo social, al poder, a la guerra, a la ideología imperante, a la prensa, abren sentidos y desplazan al lector hacia nuevas preguntas, hacia escenarios en que el goce es todo de la palabra.
La autora, psicoanalista de la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero desde su fundación, ha desarrollado una trayectoria marcada por el compromiso con el psicoanálisis y con la poesía, así como con su transmisión. Con 27 libros publicados entre psicoanálisis y poesía, 11 de los cuales junto al Director y fundador de esta Escuela, Miguel Oscar Menassa, sitúan su obra en un cruce singular entre varias dimensiones que conversan hacia una construcción que, podríamos decir, articula la posibilidad de una poética científica, hacia el psicoanálisis.
Su participación, constituyente y consistente, en espacios de lectura, actividades y seminarios de transmisión psicoanalítica dentro del Grupo Cero, su trabajo de inscripción en la realidad a través de múltiples publicaciones, escritos y libros da cuenta de una ideología, de un hacer. Un trabajo puesto en escena en el cuerpo de este libro, en que la lectura productiva y el saber inconsciente se alían en otro momento, el de la escritura. No hay soledad en sus letras, grandes autores las acompañan.
La lectura que se pone en evidencia —especialmente de Menassa durante el libro— no aparece como un antecedente pasivo, sino como condición de posibilidad de esta escritura. El texto deja ver ese proceso: frases del maestro se entrelazan con elaboraciones propias, mostrando cómo se produce ese pensamiento. De este modo, el libro no solo transmite conocimientos psicoanalíticos, sino que enseña un modo de leer los libros, un modo de leer nuestra vida, nuestras pasiones, nuestros deseos.
A lo largo de sus páginas diría que se despliega una articulación entre la práctica clínica, lo social y lo grupal, y lo poético, todo dentro del campo psicoanalítico. Historias con las que logramos identificarnos, versos que condensan teorías, interpretaciones y reflexiones acerca de fenómenos contemporáneos desde una perspectiva que “lee lo social en lo psíquico”.
Diría, que se trata, por ello, de un libro de trabajo. Recoge frases significantes, propone interpretaciones, condensa desarrollos que, de otro modo, exigirían largas elaboraciones. En cierto sentido, facilita el camino; en otro, exige. Porque cada frase funciona como una hipótesis que produce verdad, más invita a continuar. Una invitación a sumergirse, apartando esa censura consciente, y a dejarse llevar por el flujo del saber inconsciente. Porque algo insiste en sus páginas, ese “animal” que vuelve siempre por la palabra que nos humaniza.
Un territorio abierto dentro de sus límites, contornos que construyen en cada lector ese vacío, en que los fragmentos son constelaciones de palabras, universos alternativos para todos. Un libro íntimo y a la vez social, que se constituye no como cierre, sino como impulso, impulso constante a desplegar la propia palabra, a escribir, a poner en acto una propuesta posible de habitar el abismo.

Susana Lorente Gómez

04/02/2026

Presentación del libro de Miguel Oscar Menassa
Pequeña historia · La ciudad se cansa · Los otros tiempos
Editorial Grupo Cero
23 de enero de 2026

Buenas tardes.

El libro que hoy presentamos es una reedición de la Editorial Grupo Cero de tres de los primeros libros de Miguel Oscar Menassa:

Pequeña historia (1961)
La ciudad se cansa (1963)
Los otros tiempos (1970)

Tres libros que el poeta joven publicó cuando tenía 21, 23 y 30 años respectivamente.

Tres libros que hoy, leídos desde la totalidad de su obra, nos permiten asistir no sólo al nacimiento de una voz poética, sino al nacimiento de un destino.

No por casualidad estos tres libros aparecen hoy reunidos en un solo volumen.
Aquí ya está todo:

el poeta que vendrá,
la ética del deseo,
la ferocidad,
la ternura,
la apuesta por la palabra,
la fidelidad a la poesía como forma de vida.

La edición es, además, un objeto hermoso: cada libro conserva su portada original, respetando el tiempo propio de cada escritura.

En la portada general encontramos uno de los óleos de Menassa, La cueva del saber, y en la contraportada una fotografía del joven poeta nos devuelve ese rostro inicial, todavía cercano al temblor de los comienzos.

Como dijo Leopoldo de Luis:
“Hay dos clases de poetas: la del que requiebra a la poesía y la seduce con joyas verbales, y la del que se acuesta con ella; Menassa es de estos últimos”.

Menassa no le teme a nada porque la poesía lo ama.
Y él hizo un trabajo para ello.

Desde joven fue valiente en el sentido más difícil:
valiente para ser humano.
Desgarradoramente humano.
Cotidiano.
Hombre actual de su tiempo.

También dice Leopoldo de Luis:
“Oscar Menassa no es un poeta narcisista, sino un poeta prometeico.
El poeta narcisista roba el fuego para alumbrar su propio culto.
El poeta prometeico roba el fuego para alumbrar la libertad de los demás.”

Menassa no escribe para decorar el mundo:
escribe para tocarlo para otros.
Para entrar en la realidad y —sin negarla— desrealizarla con la poesía.
Para quitarle la miseria repetida, el automatismo, el miedo de vivir.

Menassa apuesta sin cálculo.
No tiene nada que perder porque ya está todo perdido y, por eso mismo, todo por hacer.

Es honesto.
Quiere contarnos de otro mundo que él mismo produce en sus versos.
Escribe para aquel que está destinado a recibirlo.

Y era joven, sí. Pero ya era maduro, convencido de ser un escritor.

Ese es el hilo que une estos tres libros.


I.
Pequeña historia
(1961)


Pequeña historia no es el libro tímido de un principiante.
Es el libro de un joven que ya está tomado por la poesía
como por algo que ya no podrá abandonar.

Muchas veces escuché decir a Menassa
que llamó a este su primer libro Pequeña historia
porque su historia era entonces una historia pequeña.
Pero aquí no hay pequeñez: hay una decisión.

La decisión de convertir una vida mínima en una vida escrita.
De transformar la vida en historia.
La biografía en destino poético.

Él mismo lo dijo:

“Yo en esa época ya tenía veinte años.
Había leído a Freud —mínimo La interpretación de los sueños,
Psicología de las masas y análisis del yo—,
había leído a Marx,
había leído cuatro o cinco obras de Faulkner;
sus paréntesis me encantaban y siempre me sugerían el inconsciente.
Leía a Sartre, me gustaba la vida que hacía.
Esas eran grandes vidas para mí, grandes historias.
Yo tenía veinte años.
Pequeña historia quiere decir que mi vida era pequeña.
Y Pequeña historia me parecía agrandar mi vida,
porque ya era una historia, no una pequeña vida:
era una pequeña historia.”

En esa pequeña historia ya estaban, sin embargo,
los grandes temas que lo acompañarían toda la vida:
el deseo,
la mujer,
la poesía.

Y estaban también las primeras figuras
que vendrían a encarnar ese movimiento del deseo.

Pequeña historia es un libro lleno de muchachas.
Muchachas despiertas.
Muchacha desconocida.
Muchacha que camina sola sobre techos y pisos mojados.
Una mujer, compañera nocturna.

Pero esas muchachas no son sólo cuerpos:
son la primera forma de la poesía.

El poeta las mira y llora.
No puede sostener la mirada
porque la belleza lo desborda.

Aquí ya está todo:
el deseo como herida luminosa,
la fragilidad sin pudor,
la apuesta por la palabra.

“Yo soy el mundo”, dice.
“Yo me renuevo.
Les dejo el corazón y luego parto.”

Pequeña historia es el primer “sí” dicho a la poesía.


II. La ciudad se cansa (1963)
Si en Pequeña historia
la escena era la muchacha,
el deseo,
la intimidad exterior de un yo naciente,
en La ciudad se cansa la poesía llega a la ciudad.
Ya no es sólo un cuerpo amado lo que ocupa la escena,
sino un espacio social, histórico, colectivo:
la ciudad como nuevo interlocutor del poeta,
como nuevo objeto de amor y de pérdida.
Dice:
“tú eras libre y pequeña en la provincia,
antes de la ciudad”.
Hay aquí una nostalgia inaugural:
la provincia como tiempo mítico de una inocencia posible,
de una ligereza que la ciudad vendrá a perder.
La ciudad no es aún sólo hostil:
es también promesa, escena del deseo, lugar donde todo puede empezar.
Y sin embargo:
“La ciudad es melancólica y familiar
Pero en el campo de mi corazón
Ríes y saltas entre los tabiques
Hasta reventar de alegría”.
La ciudad aparece ya atravesada por una contradicción fundamental:
es melancólica, pero es familiar;
es opresiva, pero es íntima;
es dura, pero todavía deja entrar el amor.
Hay un intento de hacerla habitable desde el corazón,
de abrir grietas en sus muros para que pase algo de alegría.
Lo que primero era una casa
se vuelve ciudad.
Su soledad ya no es su soledad:
es la de los hombres.
Ese pasaje es decisivo.
La soledad deja de ser un asunto privado
para convertirse en un fenómeno social.
El poeta ya no habla sólo en nombre propio:
habla desde una soledad compartida,
desde un malestar que empieza a ser histórico.
Las pensiones de la ciudad no son el río.
Aquí se marca una pérdida irreparable.
La pensión —ese lugar de tránsito, de precariedad, de anonimato—
sustituye al río, que era naturaleza, infancia, fluidez, continuidad.
La ciudad impone otra lógica del tiempo y del espacio:
fragmentada, dura, sin retorno.
Y le dice a la poesía:
“Mi amada, en esta realidad, puñados de oro
Saltan y golpean para que el río vuelva.
La soledad no vuelve o no es la misma.
El río no vuelve”.
La poesía ya no es sólo celebración:
es también queja, duelo, tentativa desesperada de restitución.
Se quiere hacer volver lo que ya no puede volver:
el río, la inocencia, la soledad pura,
una forma más habitable de estar en el mundo.
Ahora ya no es su padre el que se cansa,
es la ciudad la que se cansa.
Y ese desplazamiento es enorme.
El cansancio deja de ser una fatiga individual
para convertirse en un agotamiento estructural:
de un modo de vida,
de una época,
de una promesa histórica que empieza a fallar.
Ese cansancio no es sólo físico:
es histórico,
existencial,
simbólico.
Es Buenos Aires.
Es la soledad compartida.
Es una ciudad llena de conversaciones
amorosas y violentas.
Una mujer que también regresa
y acaba reventando a la soledad de vieja.
La ciudad se feminiza,
se vuelve cuerpo amado y cuerpo gastado,
mujer deseada y mujer herida por el tiempo.
Regresa la figura femenina,
pero ya no como muchacha inaugural:
ahora es una mujer marcada por la historia,
por la repetición,
por la imposibilidad de sostener indefinidamente la ilusión.
Este ya no es un primer libro.
Es un segundo nacimiento.
Ya no estamos ante la ingenuidad poética del comienzo,
sino ante una conciencia nueva:
la de que el deseo no basta,
la de que la ciudad no cumple lo que promete,
la de que la poesía empieza a cargar con una responsabilidad histórica.
Todos los cuentos terminan con la vida o con la muerte.
Y aquí empieza a insinuarse algo decisivo:
que la poesía ya no será sólo canto,
sino también límite, pérdida, tragedia,
y que el poeta empieza a escribir
no sólo para vivir más,
sino para no morir del todo en la ciudad.
Y en ese punto, cuando la ciudad ya se ha cansado
y el amor ya no es ingenuo,
aparece una posición ética.
Dice:
“No doy no pido ventajas
a tu corazón
desataré mis manos
te esperaré
alondra vida
alondra de verano”
Aquí el poeta formula, sin saberlo todavía,
una ética del deseo que atravesará toda su obra.
No doy, no pido ventajas:
es decir,
no negocio con el amor,
no negocio con la vida,
no negocio con el tiempo.
Desatar mis manos
es soltar el dominio,
renunciar a la captura del objeto,
dejar de querer poseer lo que se ama.
Te esperaré:
no como pasividad,
sino como fidelidad al deseo
sin garantías de resultado.
La alondra —vida alondra de verano—
nombra esa forma breve, frágil y luminosa de la alegría
que sólo existe cuando uno no pide ventajas al destino.
Y ahí, en ese gesto mínimo y radical a la vez,
el poeta deja de ser sólo un joven enamorado
y empieza a ser ya un sujeto ético de su deseo.
No es todavía Los otros tiempos.
Pero ya no es nunca más Pequeña historia.


III.
Los otros tiempos
(1970)


Y llegan los otros tiempos.

Aquí el mundo del poeta se engrandece.
Se ensancha.
Se vuelve más libre.
Se metamorfosea.

Aquí el poeta ya no sólo desea,
ya no sólo denuncia,
ya no sólo nombra:
habita el tiempo.

Aparece Olga:
sus ojos,
sus estaciones,
sus praderas.

El amor deja de ser sólo herida
y se vuelve también estructura,
sostén,
alianza con la vida.

El río no vuelve.
Pero el hombre vuelve siempre.

Aquí el viaje ya no es una fantasía:
es un destino.

Un terraplén sin medida.
Una caída hacia el cielo.
Una salida del tiempo actual
hacia otros tiempos.

Este libro anuncia ya el pasaje a Europa.
A otra lengua (aunque sea la misma).
A otra escena de la vida.

Aquí encontramos la madurez de un reino:
una vida con alambre y brújula,
una vida que avanza por los mares
en un viejo ballenero.

Donde la distancia es el mar.
Y él prefirió el mar.
Acompañado de sus grandes poetas.
Y de sus grandes amigos.

Dylan Thomas.
Perkins.
Capitán Cat.
Pirata Morgan.
La mujer del Pirata Morgan.

Y también:
Olga, Sergio, Roberto Molero,
Su hermana Norma, Teófilo Larriera,
Juan José Goldenberg, Poni Micharvegas,
Gustavo Dima, Armando Bauleo,
Su hermana Elsa, Juan Carlos de Brasi
Carlos Mario Aslan, Cesar Man, Jaime Cukier,
Juan.

Y también:
Padre y madre,
Cecilia Andrea Menassa
Antonio Nicolás Menassa
Horacio Valla y Gustavo Morales
Y muchos nombres más.

Personajes de sus amores poblados.
Constelación cartográfica de su historia.
Todo exterioridad.

Lo importante aquí es emitir aullidos
aunque nadie los escuche.
Sobre un barco pequeño y veloz.

Porque Menassa es rápido y preciso:
lanza dardos y cuchillos
al corazón de la noche.

Rápido en su crecimiento
y en su comprensión.
En su captura
y en su entrega.

Aquí el poeta no sólo ama la poesía:
la reconoce como destino.




El hilo conductor de estos tres libros


Leídos juntos, estos tres libros son un solo movimiento vital.

En Pequeña historia,
el poeta nace al deseo y a la palabra.
En La ciudad se cansa,
el poeta nace al mundo y a la historia.
En Los otros tiempos,
el poeta nace al tiempo, al amor y al viaje.

Del yo al nosotros.
De la muchacha a la ciudad.
De la casa al mundo.
Del temblor íntimo
a la conciencia histórica
y luego a la expansión del tiempo y de la vida.

Desde el comienzo, Menassa ya lo sabía:

“Yo soy el mundo.
Yo me renuevo.
Les dejo el corazón y luego parto.”

Menassa no le teme a nada porque la poesía lo ama.
Y él se deja amar por ella.

Por eso estos tres libros no son un archivo juvenil.
Son una profecía cumplida.

Aquí ya está el poeta que vendrá.
Aquí ya está su ferocidad.
Aquí ya está su ternura.
Aquí ya está su ética del deseo.
Aquí ya está su pacto con la palabra.

Y por eso, hoy, más de sesenta años después,
esta pequeña historia
sigue siendo
una historia inmensa.

Estos tres libros no vuelven hoy como reliquias.
Vuelven como presentificación viva de su ausencia.
Vuelven como una fuerza que trabaja en nosotros.

Porque Miguel Oscar Menassa no fue un poeta que pasó.
Es un poeta que sigue pasando.
Por nuestras vidas.
Por nuestra lengua.
Por nuestra formación
Por nuestra manera de amar,
de pensar,
de trabajar,
de crear.

Hoy estos libros nacen de nuevo.
No como repetición del pasado,
sino como comienzo para otros.
Para nuevos lectores.
Para nuevas vidas.
Para nuevas lecturas que todavía no existen.

Este volumen no es un objeto conmemorativo.
Es una puerta abierta.
Una invitación a entrar en una obra que transforma
la forma de sentir,
la forma de pensar,
la forma de habitar el tiempo.

El Grupo Cero es una casa de la poesía.
Y desde esta casa,
estos tres libros vuelven a decirnos lo mismo que dijeron al comienzo:

Que no hay que tener miedo.
Que hay que apostar.
Que hay que sostener el deseo.
Que hay que entrar en la realidad sin negarla
y transformarla con trabajo.

Por eso, hoy, no sólo presentamos un libro.
Presentamos un nuevo comienzo.

Ojalá que cada uno de ustedes
se lleve este libro a su casa.
Lo abra.
Lo lea.
Lo haga suyo.

Y comience su nuevo comienzo.

Muchas gracias.

Virginia Valdominos
Poeta y Psicoanalista del Grupo Cero
1

Dirección

Calle Estrella 19, 1B
Madrid
2004

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